Este paisaje está libre
de COVID-19 turistas de ciudad, hasta que venís. Sed conscientes de ello.
Este virus permite comprobar la calidad de la sociedad moderna a escala
mundial, su grado de miseria ética e intelectual. De fuera de nuestras
fronteras nos llegan muchos comportamientos reprobables por parte de líderes
mundiales, entre ellos despuntan los de Trump, por ser un líder de una gran
potencia occidental muy avanzada. Los comportamientos de los gobiernos de los
países en desarrollo o poco avanzados no han salido de lo habitual.
¿Importaron en algún momento
de la historia las vidas de sus ciudadanos?
Entre reinados caciquiles impuestos a dedo y repúblicas bananeras, España
(incluida Catalunya) se desmarca de Europa, dando ejemplo de que cuando se
trata de hacerlo mal, no tenemos rival. Dando ejemplo al mundo, en Madrid se
organizó una manifestación contra el uso de la mascarilla, con eslogans rollo “el virus es una farsa” y tal. Durante la
manifestación, los participantes no llevaron mascarilla, un espectáculo más
de la bochornosa actitud de las administraciones públicas que deben velar por
la seguridad de los ciudadanos, por el derecho a la salud y por el cumplimiento
de las normas.
En Bruselas se celebró otra manifestación con el mismo objetivo (también de
4 gatos) pero los participantes respetaron la norma de llevar mascarilla. Esa
es la diferencia entre países europeos donde sus ciudadanos son cívicos, uno de
los pilares de una democracia seria, y un país como el nuestro aún en plena era
postfranquista.
De todo lo que está ocurriendo a tenor de esta nueva onda de comportamiento
ciudadano y de creencias metafísicas, podemos hacer lecturas con diferentes
enfoques. Voy a ello en este contenido e intento dar una visión más amplia con
alguna reflexión genérica sobre la evolución de la actitud de políticos y
periodistas entre marzo y ahora.
El civismo
Las diferentes definiciones de Civismo hacen alusión al respeto de los
ciudadanos por las normas de convivencia pública, algo que es básico para que podamos
vivir en sociedad, compartir espacios públicos y privados.
Un individuo o un colectivo pueden estar de acuerdo o en desacuerdo con
normas y leyes pero eso no le exime de cumplirlas y acatarlas. En una
democracia es lícito luchar para cambiarlas, se tiene el derecho de hacerlo. Lo
que no se tiene es el derecho de pasárselas por alto a voluntad propia y a
cualquier precio.
¿A qué responde el
incivismo?
Básicamente a que el individuo piensa que está por encima de los demás y
además los menosprecia. El incívico se pasa el semáforo en rojo porqué piensa
que controla y tiene derecho a hacerlo. No recoge las cacas de su perro o tira
papeles en la calzada porqué para eso paga impuestos. No para en el paso de
cebra porqué él tiene más prisa y es más importante que la anciana que quiere
cruzar. No respeta los límites de velocidad porqué son para torpes con coches
cutres y les pita, los amenaza y presiona para que lo dejen adelantar aun
habiendo línea continua y una curva sin visibilidad. Y etc.
Ser incívico es una
condición que acompaña en una gran diversidad de comportamientos y actos a lo
largo de toda la vida.
Quizá responda a una falta de fuerza de voluntad pero también es un defecto
derivado de su educación cultural. Sea como fuere, hay un esquema compartido
bastante común: esos individuos tienen una habilidad extrema en la búsqueda de autoexcusas
y pretextos que justifiquen su comportamiento vergonzoso, su falta de respeto
por los demás.
La culpa nunca es de ellos,
se lían la manta a la cabeza como un niño y de esa actitud infantiloide no van a
moverse.
Con el drama que hemos vivido y vivimos, con todas las muertes y enfermos
graves con secuelas, estas actitudes me resultan absolutamente inhumanitarias.
Una falta de respeto abyecta a personas que son colectivo de riesgo, personas
vulnerables (enfermos de pulmón, ancianos, bebés, etc.) y a los sanitarios que
han lidiado y lidian con el dramón.
Algunos ya pensamos que quizá devolverles la moneda a los incívicos sería un
trato equilibrado y justo. Si niegan la existencia del COVID-19 y el peligro
que conlleva y se niegan a llevar mascarilla…
¿Por qué no firman una
declaración voluntaria conforme se niegan a recibir tratamiento en caso de
contagio?
Se les registra en una base
de datos sanitaria y listos.
La ciencia
y la involución
La ciencia moderna en cuanto a la verdad tiene dos tendencias:
- La ciencia que sirve como vehículo de
descubrimiento de la realidad, la verdad. Nos sirve como método de sustentación del
bienestar social y hasta de ayudar a mantener el nivel democrático de una
sociedad. Es la ciencia la que en infinidad de ocasiones posibilita
desenmascarar al culpable, al poderoso. Se utiliza en peritajes, en denuncias
contra productos contaminantes que dañan al medio ambiente y nuestra salud, e
infinidad de actos cotidianos.
- La ciencia utilizada como instrumento de
defensa del poder en mayúsculas. Los científicos que defienden directa o indirectamente los productos que
nos dañan cada día, los que defienden los intereses de las grandes
corporaciones en detrimento de los de la mayoría de la población. Esta ciencia no
busca la verdad, sino crear dudas acerca sobre ella, y es esa confusión la que
beneficia al poderoso.
De científicos que luchan por la verdad, entregados que hacen activismo con
las herramientas científicas y se enfrentan a poderes enormes, que viven por y
para ello, hubo y hay muchos. Su sacrificio es férreo y desconocido por la
sociedad.
Tenemos casos muy sonados de personas con talento y valor que hicieron
grandes descubrimientos y tuvieron que enfrentarse marginados y solos a los
círculos de prestigio formados por otros científicos que defendían justo lo
contrario, lo que al poder le interesaba.
Uno de los ejemplos históricos más célebres fue Charles Darwin, quién
propuso la teoría de la evolución biológica por selección natural, chocando ni
más ni menos que con la Iglesia del siglo XIX. Aquello de decir que la especie
humana provenía de la evolución del mono (una especie inferior, según la
Iglesia) contradecía todos los cánones del conocimiento científico y a la
Biblia en sí misma. Como ha ocurrido tantas y tantas veces en la ciencia,
finalmente la verdad triunfó por perseverancia, porqué a partir de todas las
evidencias científicas publicadas y defendidas por medios científicos (no en
panfletos ni periódicos) se acabó demostrando que Darwin tenía razón. Sus
teorías y descubrimientos fueron validados universalmente por la ciencia…la
evolución y selección natural de las especies son reales.
Aun así, en pleno siglo XX, cuando la teoría de la evolución y la selección
natural estaban aceptadas por la ciencia en todo el mundo, todavía en los
Estados Unidos de América, superpotencia a nivel científico, hubo un altercado
mediático, social y político potente. En
1925 se juzgó a John Thomas Scopes en Tenessee (un estado no caracterizado por
el nivel de ilustración, libertad y progresismo) por enseñar la teoría de la
evolución en la escuela. En aquel entonces existía la Ley Butler que
prohibía enseñar contenidos que contradijeran la Divina Creación de la Biblia y
que dieran crédito a que la especie humana descendía de animales inferiores.
Así funciona el fanatismo,
el por qué si o el por qué no, sin argumentos técnicos ¡Por cojones! En España
ganamos olimpiadas de esto.
Esta historia de cuestionar, desprestigiar a la ciencia y negarla nunca ha
acabado, el gran poder siempre lo ha hecho servir cuando le ha interesado. Pero
hoy en día la religión no es lo suficientemente influyente en la sociedad y se
ponen en marcha otros mecanismos, otras estrategias, otro discurso.
El origen
de la demagogia
En cuanto al COVID-19 todos tenemos claro que económicamente ha sido la
ruina y muchas grandes fortunas lo han notado y lo notan. Paralelamente, es una
realidad incontestable que donde más muertos y enfermos graves ha habido es
entre los pobres.
¿Habéis visto algún político
importante ingresado en la UCI o muerto?
Evidentemente que no, ellos
tienen las mejores medidas sanitarias desde el principio.
Lo que no interesa de ninguna manera a las empresas del IBEX ni a ninguna
otra importante (no hablo de autónomos ni pequeñas empresas) es que vuelva a
existir un confinamiento total, un estado de alarma. No van a permitir que los
curritos vuelvan a quedarse en casa a salvo, ellos son y serán siempre carne de
cañón. De ninguna manera consentirán que exista cualquier impedimento que
obstaculice seguir sacando pasta.
¿Que ha hecho Trump en USA a
lo largo de meses de muertos y enfermos? Adoptar el discurso del negacionismo y soltar
burradas de demente. Y hablamos del campeón del supercapitalismo salvaje, del
que mira por el dólar (el suyo y de sus colegas) con un discurso demagógico y
populista en su máximo esplendor. En España, vemos personajes escorados en el
negacionismo del COVID-19, dándole auge, divulgándolo, que están asociados a la
derecha.
¿Cómo la gente de clases
sociales pobres o medias no se da cuenta del juego?
No me extraña que los periodistas estén prestando atención a la
manifestación marginal de Madrid y a los demagogos sin base científica alguna
y, en cambio, con otras manifestaciones más importantes y que atacan al poder
establecido de verdad, no hayan tenido apenas o ninguna deferencia.
Realmente, todo este movimiento de Médicos por la Verdad y etc. a quién puede
beneficiar es al rico, al que necesita que sus esclavos vayan a currar y pongan
su vida en riesgo. Él rico va a estar seguro siempre, no necesita exponerse
cuando quiere sacar pasta y si se expone va a ser tratado con los mejores
medios sanitarios.
Hoy en día, el poder cuestiona la ciencia que no le interesa elaborando un
discurso cínico, apoyándose en la corriente de que el COVID-19 es una farsa
inventada por los grandes ricos, creando dudas sobre TODA LA COMUNIDAD CIENTÍFICA A ESCALA UNIVERSAL. Con tintes
anti-sistema bien cocinados, con el uso de la tecnología de las redes sociales,
lo hacen una y otra vez, difunden la mentira y la población cae y vuelve a
caer, se lo traga enterito.
Su éxito es bien normal. A un ciudadano medio el sistema de educación
público no le dotó de un nivel aceptable de cultura que le posibilitara saber
buscar información técnica fiable sobre ciencia, y tampoco tiene la paciencia o
la concentración suficiente como para buscarla, leerla y entenderla.
Nos han acostumbrado a digerir información basura en redes sociales, en
medios periodísticos, rumorología sin fuentes fiables, sin base. Somos fieles a
la inmediatez sin fundamento y nos la cuelan siempre que quieren. Todo lo que
sea pensar, razonar con calma y base, no nos interesa. Nos interesan las
hamburguesas de información hechas con restos de comida y otros materiales
insanos.
Ahora es el círculo de la ciencia al completo el culpable de todo de nuevo,
lástima de materia gris. Paradójicamente, mientras algunos piensan así, siguen
utilizando masivamente las aplicaciones tecnológicas del móvil que hacen
posible que nuestra subyugación crezca y crezca…
¿La tecnología no es
ciencia?
La anterior guerra fría entre potencias, la que lideraron a lo largo de
décadas USA y la URSS, tuvo la carrera armamentística nuclear como actor
fundamental. Era un terror a algo visible, palpable y de lo que la sociedad
mundial tenía pruebas de todo tipo por las bombas de Hiroshima y Nagasaki. En
el transcurso de esa guerra fría, los ciudadanos, la sociedad a escala mundial
participó oponiéndose a ese enorme peligro para la vida humana. Hubo
movimientos a favor del desarme nuclear, por la paz (manifestaciones,
conciertos, etc.) en todo el mundo, fue masivo.
Aquella guerra fría acabó
como tal, ganó la razón durante un tiempo.
El llamado bloque del Este
hizo aguas y eso relajó las cosas en el mundo.
Nuestra modernidad nos ha traído otra guerra fría, fundamentada en el poder
de las llamadas Tecnologías de la
Información y la Comunicación (las TICs). Ya sabéis, el internet, el 5G,
etc. Tenemos la lucha por el poder de este control escenificado en las
tensiones entre USA, Europa y China. Quién domina la información y la
tecnología, domina el mundo, la historia de la humanidad. Y, en la actualidad,
el poder de almacenar información precisa mediante internet y la telefonía móvil
es desorbitado, los llamados Big Data.
¿Qué podemos sacar de
reflexión si comparamos esta guerra fría con la anterior?
¿Somos peores individuos
ahora?
¿Somos más irreflexivos,
menos conscientes?
No luchamos ni nos oponemos a aquello que atenta contra nuestra salud o
contra nuestro modo de vida, nuestro bienestar social o nuestra salud, sino que
colaboramos para que sea aún peor, para que crezca exponencialmente.
El móvil es la nueva
iglesia, ahí confesamos y por él lo damos todo, hasta la salud de nuestros
niños. Amén.
El
maloliente mundo de la política
Digo yo que una de las cosas más chocantes es que la manifestación
anti-mascarillas y anti-ciencia de Madrid no cumpliera con las medidas y
normas, y que las administraciones no pusieran en marcha ningún mecanismo para
evitarlo.
¿No era previsible?
Por comentarios en las redes
sociales y la propia idiosincrasia del país, se veía venir.
No era difícil de controlar puesto que se trataba de menos de 5000
manifestantes. Aún me llama más la atención otra cosa ¿Nadie va a pringar por ello?
Se ha puesto en riesgo la salud de muchos (incluso la vida), se han pasado
la ley por el arco de triunfo, y la persona que pidió la autorización ¿No tiene
ninguna responsabilidad? ¿Quién fue?
Habitualmente, la carga de sanción (no pequeña) si se producen hechos
ilegales cae sobre el que pide la autorización de la manifestación. La
excepción es que esa persona no tenga responsabilidad alguna.
¿Los políticos y la
administración protegen al organizador?
Ya veremos.
Gracias a la connivencia con la ilegalidad, esta se normaliza, se populariza
y abunda. Los ciudadanos incívicos se sienten legitimados, protegidos y actúan
en consecuencia, negándose a poner la mascarilla en espacios públicos y
privados. Es por eso que ahora mismo cada vez es más común, aunque lo nieguen
los tertulianos y periodistas mentirosos, ver a gente sin mascarilla a todas
horas y hasta masivamente. Es lo más normal, vayas donde vayas.
Evolución política
en la gestión del COVID-19
Haré un repaso de estos últimos meses, desde marzo hasta ahora. Los políticos
nos mantuvieron en régimen dictatorial, sin respirar, sin ninguna distinción
hacía enfermos que necesitaban imperativamente salir cada día de casa por su
salud, durante meses.
Perdieron el sentido de la
medida y lo llamaron estado de alarma.
Los gobernantes, los de las comunidades autónomas y los del gobierno
central, quizá hicieran números, estimaran lo que deberían invertir en medios
sanitarios y los pusieran en un lado de la balanza, y al otro lado pusieran las
muertes y personas con secuelas graves que se podrían ahorrar.
Eligieron no invertir
suficiente en medios sanitarios (pruebas, personal, material) ni en medidas
preventivas (de control REAL del incivismo, pedagogía, etc.).
Continuaron con el espectáculo de desprestigio de la administración pública
apedreándose entre ellos, con su trayectoria descendiente como colectivo,
regodeándose en la pocilga tal cual cochinos (disculpas a los animalicos).
A medida que nos acercábamos a junio, en la tele y otros medios de
adoctrinamiento fueron vendiendo la idea al unísono de que con el Sol, el
COVID-19 iría a menos…sin que les importase la coherencia cuando en los mismos
espacios informativos reflejaban los muertos y el avance de la epidemia en
países de la América tropical, a temperaturas altas.
Milagrosamente, justo en el momento en que llegó el inicio de la temporada
alta del turismo, nuestros políticos abrieron el cofre. Desconfinaron, dejaron
que la gente se moviera por toda la geografía, de núcleos metropolitanos como
Barcelona incluso hasta lugares recónditos del Prepirineo y Pirineo catalán
donde no se había registrado ni siquiera un caso de COVID-19. Este ejemplo es
extrapolable al resto de España, a la serranía de Madrid y un sinfín de lugares
repartidos por este triste y decrépito país. Al mismo tiempo, los agentes de la
autoridad desaparecieron durante meses de la calle, ese dominio exclusivo de
libre circulación que tomaron prestado en la época del estado de alarma.
¿Están confinados?
Todos sabíamos que pasaría, una gran proporción de ciudadanos no tiene
respeto por nada ni nadie, se saltarían cualquier norma respecto el COVID-19.
Pero en temporada alta de turismo convenía no molestar a los consumidores, que
gastaran, y mayormente, dar esa imagen de NUEVA NORMALIDAD (o SUB-NORMALIDAD)
en el exterior, a los países avanzados y así ganar en reservas hoteleras por
guiris y etc.
Estábamos de nuevo en la España de las competencias autonómicas, en ese
momento el mando quedaba redistribuido otra vez entre infinidad de políticos de
diferentes marcas manejando sus cotarros autonómicos, sus reinos de Taifas, en
una loca carrera hacía el despropósito. En biología es lo que se llama
evolución convergente, organismos diferentes procedentes de diferentes ramas de
la evolución acaban desarrollando respuestas similares para un problema
parecido o idéntico.
Los osos hormigueros y el
cerdo hormiguero, unos en América y otro en África…son equivalentes en su medio
natural, desarrollaron habilidades y partes de su cuerpo especializadas para
alimentarse de hormigas y termitas.
A los políticos les pasó
igual en España, evolucionaron para mentir y trincar.
Este verano, los políticos autonómicos se defendían diciendo que no se
podían imponer sanciones a los incívicos que ponían en riesgo la vida de los
demás por qué no estaba legislado. Y dejaron pasar el tiempo, ellos lo saben
hacer muy bien. Hacía el final de la temporada alta de turismo previeron en la
normativa una sanción imponible, una sanción que da risa (100 euros) en
comparación con los multones del estado de alarma.
¡Bravo!
Y ahora que lo tienen todo orquestado…el
número de sanciones impuestas es un insulto a la inteligencia.
Nos muestran imágenes de las grandes medidas que han tomado en Barcelona (agentes
cívicos para disolver botellones y demás) en La Sexta y otras televisiones, los
tertulianos quitan hierro a las actitudes de jóvenes y no tan jóvenes, falta
sensibilización, divulgación y cosas por el estilo, nos cuentan. De multas los
tertulianos no dicen nada o casi nada ¿a qué no? Por esa misma regla de tres,
podríamos ir a robar bancos y que el poli no nos detenga, sino que venga un
agente cívico a decirnos que eso no está permitido por ley y nos deje ir sin
ninguna consecuencia administrativa o jurídica.
¿No es lo mismo?
Claro que no ¡Es peor poner
en riesgo la vida de muchos ciudadanos!
Se trataba de relajar el ambiente, de hablar mal del ciudadano que increpa
a los demás para que se comporten de forma cívica…ese que ahora algún
tertuliano de La Sexta llama “poli de balcón”. Así cuajó el clima idóneo de
recibida del turista. Hemos captado que el turismo a cualquier precio es más
importante que la vida ¡El turista del
país o de fuera puede hacer lo que le salga de las narices!
Hemos observado como los brotes (no los verdes) han ido creciendo,
esparciéndose por toda la geografía, alcanzando ciudades y lugares recónditos
ya desde pocos días después del fin del estado de alarma. Ese ha sido el gran
logro de los ciudadanos incívicos, de los políticos de todos los colores, de los
periodistas y tertulianos, todos juntos, todos a una, lo habéis conseguido.
¡Gracias por remar juntos
hacía la catarata!
¡Sois unos patriotas!
No quiero olvidarme del gobierno central, ellos ni siquiera parecen saber
poner orden en cuanto a los datos epidemiológicos. No impusieron PCRs
obligatorios en los turistas extranjeros en los países de origen y tantas otras
cosas más que no hicieron o hicieron mal...y el desastre sigue.
La causa del
absurdo
En junio, los que somos desconfiados, gracias a este país que nos enseñó a
serlo hace décadas, intuimos que el fin del estado de alarma se debía a las
presiones económicas de los que mandan, los grandes ricos. Sabíamos que el
desastre llegaría en breve.
El sector del turismo tiene un poderío económico enorme debido al Sol, la
paella, la sangría, la relajación en el cumplimiento de normativas de las autoridades,
etc. El “todo vale” se lo debemos al franquismo y al continuismo del régimen en
plan descafeinado que llega hasta nuestros días…en eso, los catalanes
compartimos identidad con el resto de España.
A pesar del creciente número de casos de COVID-19 en Catalunya, este verano
no hemos visto aparecer por la TV3 al Conseller Miquel Buch con semblante
amenazante y solemne lanzando aquellos sermones de regañina que soltaba casi
diariamente en el período del confinamiento.
¿Dónde olvidó aquel discurso
sobre los ciudadanos irresponsables e incívicos, de las actuaciones implacables
que realizarían contra ellos los Mossos d’Esquadra sino respetaban las normas
del estado de alarma?
¿Dónde estaba Miquel Buch
este verano?
¿De vacaciones?
Sí que son largas.
Tampoco somos tan diferentes en Catalunya del resto de España, aquí la
cagamos en grande igual. Como prueba de ello, muchos Mossos d’Esquadra están de
vacaciones ahora, cuando más personal descontrolado hay. Efectivamente, ellos
tienen derecho a vacaciones, como todos, pero en agosto, en comarcas como el
Berguedà, los Mossos no pueden con la situación, no tienen medios humanos
suficientes que puedan abarcar la masiva afluencia de turistas metropolitanos
que no hacen caso de ninguna norma.
¿No previó Miquel Buch este
escenario?
A lo largo del confinamiento tuvimos patrullas de Guardia Civil, Agentes Rurales
y Mossos d’Esquadra cada semana persiguiendo absurdidades en pueblos de un
centenar de habitantes del Prepirineo catalán, imponiendo sanciones
desorbitadas. Pueblos donde no entraba ni salía nadie…los que tenían más
probabilidades de ser el vector de transmisión entonces, precisamente, eran los
agentes de la autoridad que venían de ciudades alejadas de esos pueblos, otra
paradoja más. Además salían de su coche y hasta paseaban por callejuelas
desiertas, ellos podían.
Y nada, este veranito hemos tenido pueblecitos que han multiplicado probablemente
por 10 su población en el Prepirineo y Pirineo catalán. A los turistas
ocasionales y a los de segunda residencia los vemos haciendo deporte o
caminando por callejones estrechos sin mascarilla, en grupo, y eso que tienen
decenas de kilómetros cuadrados fuera del núcleo urbano en los que no pondrán
en riesgo a nadie. Vemos que el mercado ambulante en plena plaza del pueblo, donde
está el ayuntamiento, se llena de vendedores sin mascarilla, hablando con
vecinos mayores que sí que la llevan a un metro de distancia a lo sumo. Las
terrazas de bares petadas y sin medidas…y no pasa nada.
Todo ello en un pueblo donde
veranea usted, señor Torra.
¿Es eso patriotismo?
Con solamente echar un ojo al mapa de riesgo de rebrotes que nos ofrece Nació Digital tendremos una idea de
cómo está afectando la desgestión a que el COVID gane terreno en comarcas
invadidas por el turismo, como lo son las del Prepirineo y Pirineo. Claro que es necesario el turismo ¡Para
todos! ¡PERO NO ASÍ!
Como resultado, la mayor parte de Catalunya se encuentra en situación de
riesgo alto, incluidas las comarcas de Alt Urgell, Garrotxa, Osona, Pallars
Jussà…y otras que, por el momento, se encuentran en riesgo moderado-alto, como
el Alt Empordà o el Berguedà.
Mapa publicado en NacióBerguedà. Roger Tugas Vilardell.
18 agosto de 2020. El risc de rebrot
al Berguedà segueix
moderat-alt. Consultable en:
https://www.naciodigital.cat/bergueda/noticia/21282/mapes/risc/rebrot/al/bergueda/segueix/moderat-alt
Tenemos que soportar que jueguen con nuestra vida y las de nuestros seres
queridos, aunque sean colectivo de riesgo, con muchas posibilidades de entrar
en UCI si pillan el COVID, y de salir en caja de madera.
¿Cuándo saldrán en tromba la
Guardia Urbana, la Guardia Civil, los Agentes Rurales, los Mossos d’Esquadra, la
Policía Nacional a sancionar a los incívicos en todos los pueblos y ciudades?
Cuándo acabe la temporada
alta de turismo
¿A que sí?
Descubrimos que el ocio nocturno es una necesidad de interés general, más
importante que el derecho a la salud, que la vida misma. Se puede interpretar
esta máxima a través de algún pronunciamiento jurídico y la actuación de la
tele pública o privada que cede buenos momentos a los representantes del lobby.
Efectivamente, ahora resulta que son los empresarios del ocio nocturno los
salvadores; gracias a ellos no hay botellones, ellos mantienen el orden ¿No
eran los agentes de la autoridad los encargados? Por supuesto, no hay nadie que
salga a replicar sus palabras en esos espacios informativos de la televisión.
El principio de precaución a
la basura, otra vez, y el de la coherencia.
La pasta tiene la razón y el
micro.
Juegan con nuestra inteligencia. La diversión no es una necesidad
importante ahora mismo y la sociedad no tiene por qué correr ningún riesgo de
salud para garantizar esta actividad económica ahora. Hablar de prestaciones
sociales, de compensaciones y etc., ese es otro tema, eso requiere soluciones…pero lo primero ahora es LA SALUD.
El o los comités de expertos ¿Democracia o Dictadura?
O mejor aún, tendríamos que hablar quizás en plural, de comités de expertos
¿No existen? Los políticos tuvieron asesores científicos a nivel estatal y
autonómico. Otra cosa es que les hicieran caso.
O ¿No los asesoró nadie? ¿Se
sacaron todo de la chistera?
Pensemos en una situación hipotética. Somos políticos y necesitamos
justificar que la gestión del COVID-19 es correcta de cara al público.
Necesitamos unos asesores y estos nos dictan unas recomendaciones técnicas que
en buena parte no queremos cumplir por qué:
- No
estamos dispuestos a gastarnos esa pasta en la gente.
- Los lobbies económicos nos presionan.
Eso es un problema de verdad ¿Qué podemos hacer? Es sencillo, que el
público no sepa quiénes son los asesores y además ponemos unas cláusulas de
confidencialidad por en medio, con el objeto de que el asesor no pueda revelar
cuales son las recomendaciones dictadas por él. De esta manera saldremos en la
tele a decir que estamos asesorados por expertos, legitimando nuestra gestión
por terceros, y haciendo caso omiso de los consejos técnicos que no nos interesan
personalmente.
El alcance de todo no lo
podremos conocer jamás, aunque si algunas piezas con las que montar el puzzle.
Recuerdo un programa de TV3, FAQS Preguntes freqüents, en pleno
confinamiento. Entrevistaban a Antoni Trilla, epidemiólogo del Hospital Clínic,
y ante unas preguntas determinadas de la presentadora, acabó rebelando que
existían unas cláusulas de confidencialidad, por las cuales no podía
proporcionar según qué tipo de información a la luz pública.
¿Es esta información algo
confidencial por motivos de la seguridad del Estado?
No, es información referente a la salud y de interés de primer orden en
momentos de pánico. Los ciudadanos tenemos todo el derecho a conocer los
nombres de los asesores, el contenido de las reuniones, las recomendaciones y
quiénes las dieron. Pero no lo vamos a conseguir saber y no pasa nada, los
periodistas ni hablan de ello, ni los políticos (se protegen mutuamente) y no
importa a nadie.
Dice la “Carta de Santo Domingo por el Libre Acceso a la Información
Pública” del año 2002 (Unesco):
“el libre acceso de las personas
a las fuentes de información pública es un derecho humano universal y un
principio democrático inherente al derecho a la información, a la libertad de
expresión y de prensa”.
Las verdaderas democracias se caracterizan por un profundo respeto hacía el
acceso a la información pública por parte de sus ciudadanos, facilitan este
derecho, no ponen trabas, publican la información íntegramente por medios
telemáticos, son transparentes. Al mismo tiempo, un régimen democrático vela
exquisitamente por la privacidad del ciudadano.
Por el contrario, una dictadura se define por la falta de información
ofrecida a los ciudadanos, se les niega. Una dictadura es opaca por naturaleza
en aras del interés de unos pocos privilegiados. Otro rasgo es que el estado
desprecia sistemáticamente el derecho a la privacidad del ciudadano, se
inmiscuye como, cuando y donde quiere en su vida íntima.
Al retrato que podemos dibujar sobre la acción de gobierno de las
diferentes administraciones públicas españolas, cabe añadir el bombo de los
medios periodísticos sobre la puesta en marcha de las aplicaciones de móvil
para el seguimiento de los ciudadanos con motivo del COVID-19.
Quizá les vaya bien a algunos que el COVID-19 siga incrementándose, porqué
se van a ver legitimados para tomar las decisiones que quieran y esto
beneficiará a unos cuantos, al grupito habitual. Tanto da si guardan, o no,
algún tipo de coherencia con su gestión de junio, julio y agosto.
Durante más de una década el argumento de la crisis económica ha sido
universal en todo tipo de recortes, atropellos e inhumanidades. Todos los
colores políticos en España han mojado pan en ese plato y no ha importado que
la gente se enterara que la crisis era un fraude perpetrado por las élites
financieras…élites financieras de las cuales provenían muchos de nuestros
principales dirigentes políticos. Fueron los salvadores de la patria quiénes
recortaron la sanidad, la educación, el medio ambiente, fuera desde el Estado o
desde las comunidades autónomas.
Hoy tienen algo más real, un virus, con el que excusar sus políticas de
maltrato asistencial sanitario y el continuismo del resto de las políticas
oligarcas en comunidades autonómicas como Catalunya y en global, toda España.
Por aquello de la mala
memoria, toca recordar que quién gestiona desde hace años la sanidad pública en
Catalunya es ERC, de izquierdas y patriotas…aplicando el continuismo a las
políticas ultraliberales de sus socios de gobierno en Catalunya.
También en esto observo similitudes con los patriotas del bando opuesto que
han gobernado en la Comunidad de Madrid y aplicado el mismo esquema: privatización
de la sanidad pública y recorte en la asistencia sanitaria.
¿Forma parte este
comportamiento del rasgo diferencial catalán que nos diferencia culturalmente
de España?
Los verdaderos patriotas, los que lo sienten y sustentan el país, son los ciudadanos de a pie y no los cuenta-cuentos profesionales.