Arrozales del
Delta del Ebro en primavera, mayo de 2005.
El último día
del 2025 se lo dediqué a Aiguamolls de l’Empordà. Al final de la jornada coincidí con un referente
de la ornitología de este espacio natural que criticaba abiertamente la actual
falta de ética de aficionados a las aves silvestres y su fotografía.
Décadas atrás
eran bien pocas las personas que observaban aves y/o las fotografiaban. Las
que lo hacían, normalmente, sentían un tremendo respeto por la naturaleza y tenían
un componente muy sentido de conservacionismo, eran críticos y hasta bastante implicados
en la lucha por la conservación de la biodiversidad. Eso provocaba que una
proporción elevada fuesen activistas y en mayor o menor medida, directa o
indirectamente, se dedicaran a fomentar la observación y la fotografía de aves
puesto que se pensaba que cuantos más fueran, más se podría conservar. La inspiración
eran países como Gran Bretaña en los que los aficionados constituían un lobby
de millones de personas que movían millones de euros en entidades
ambientalistas que lograban cambiar políticas del gobierno y derrotar a los
intereses macroeconómicos.
En Catalunya, estas
aficiones han crecido exponencialmente, pero, paradójicamente, eso no es a la
práctica algo beneficioso para las aves. Que uno sea aficionado o fotógrafo a las aves silvestres
aquí no indica necesariamente sensibilidad ambiental ni tampoco conocimientos o
ganas de adquirirlos. Hoy en día, en Catalunya, lo que abunda es figurar,
aparecer en redes sociales y plataformas webs. Y, para eso, ya no es requisito
saber. Los aficionados se agrupan en redes sociales y muchos de ellos cuando se
publicita un ave que consideran un objetivo válido (tal vez cómo trampolín para
su ego) se lanzan a por ella para tirar la foto, con el propósito de subirla a
una plataforma y a las redes sociales cómo autor.
Con frecuencia,
ese autor, guiado por la angustia existencial de lograr unas fotos de lujo se
acercará demasiado al ave, penetrando en los límites vitales que el pájaro entiende
cómo seguros. En consecuencia, la hará volar una y otra vez,
hasta que obtenga las fotografías que él desee en vuelo y posada, lo cual
dependiendo de su narcisismo podrá durar unos minutos o hasta horas repartidas
en varias visitas a lo largo de diversos días. Alcanzando el número de personas de este tipo la
cifra de centenares en Catalunya, podemos imaginar el grave impacto de tales comportamientos
en las aves silvestres.
La actitud,
además, es sumamente naif porqué el que acude hoy en día con prismáticos y
telescopio que fácilmente llegan a costar 5000 euros, con frecuencia, no se
para a observar las características del ave a una distancia prudencial sin
molestar, con el objeto de aprender sobre muda o sobre la identificación de la
especie (reclamos, detalles de plumaje, estructura, etc.) o sobre su comportamiento
y el uso del hábitat para su conservación o, simplemente, a contemplar con calma
su belleza. Simplemente, el objetivo es colocar la cruz en su lista de especies
fotografiadas o vistas, y figurar. Para mí este tipo de aficionados no
llegan a ser observadores de aves, sino que, a lo sumo, son lo que llamo “miradores”
de aves porqué no
es lo mismo mirar que observar. Lo segundo es una actividad
intelectual que requiere un componente de atención, concentración y respecto
por las aves.
¿QUÉ PROMOCIONAN LOS GURÚS?
Semanas atrás,
hablando con un veterano amigo ornitólogo sobre esta desviación de la afición
por las aves silvestres, me manifestaba sus opiniones. Él, bien crítico con
este comportamiento, creía que se debía al cambio de la sociedad y yo le daba
la razón en parte, pero intentaba hacerle ver que la sociedad no cambia por
si sola, sino que se debe a un esfuerzo de adoctrinamiento y este puede
ejercerse de diferentes formas.
¿Cómo se cambia
a la sociedad? Pues es lo mismo que pasa con cualquier otra actividad humana. Lo
que vienen promocionando los influencers de gran impacto desde hace décadas es
todo aquello que no signifique una amenaza para los macrointereses económicos.
Aquellos cuyo mensaje entra en conflicto con los macrointereses económicos se
les borra y el poder tiene muchas formas de hacerlo, aunque muevan millones de
seguidores.
En el pasado, en
aquel momento en el que la pasión por la naturaleza pasó a ser peligrosa puesto
que el colectivo creció hasta convertirse en un grupúsculo preocupante que paraba
o amenazaba los planes depredadores de espacios naturales y de la biodiversidad
en general, entonces los cuatro que gobiernan Catalunya (inversores, etc.) tomaron
cartas en el asunto. Para
cambiar un grupo social hay que dominar el mensaje, con lo que es necesario
identificar quiénes son los que lo emiten y desde que plataformas.
Eso comprende las asociaciones en las que los integrantes de las juntas con el
tiempo han acabado siendo hasta cargos políticos y simpatizantes de partidos
políticos con protagonismo principal en el sector. Evidentemente, se trataba de
poner en práctica el viejo truco del palo y la zanahoria (hay quién lo llama SEDUCCIÓN), lo que me hace
revivir mentalmente la evolución del personaje principal de la Naranja Mecánica
y las últimas imágenes de la película en las que el político de turno le da de
comer con la cuchara ofreciéndole las llaves del reino a cambio de que no
sacuda la alfombra.
De esta guisa,
se logra tener personas afines en las diferentes posiciones de poder
(lógicamente, también en las administraciones públicas) que emiten el mensaje
adecuado y se cierra o abre el grifo y el micrófono al profesional que
interesa. La sociedad se
cambia a través de la televisión, la radio, los periódicos, las redes sociales,
los centros de educación y la formación pública y privada, los órganos de
gestión pública, etc. Luego
existe una herramienta que son los cursos de iniciación y formación de nuevos
aficionados. Es una herramienta estratégica puesto que al árbol
conviene guiarlo desde pequeño, desde joven, para que crezca cómo a uno le convenga.
Se capta y se guía.
Se evitan los
contenidos conflictivos y se elige y promociona aquel contenido que centre la
atención sobre el componente individualista y narcisista inflamado de los ciudadanos
contemporáneos. Con el tiempo, se logra que apenas nadie piense en la
conservación de la naturaleza, en la ética y en la crítica sobre la gran
depredación de los intereses macroeconómicos. Y en esto está todo el mundo,
sea una industria petroquímica, un aeropuerto que quiere crecer a costa de una
zona húmeda de relevancia internacional, o hasta las marcas de prismáticos y
telescopios que promocionan que la gente compita por ver quién observa más aves
a lo largo del año o quién introduce más citas en la plataforma de una
asociación ornitológica que se pone de espaldas al activismo ambiental
combativo y no crea ningún premio para iniciativas de lucha ambiental. Se deben
dirigir las energías de los autómatas hacia actividades no preocupantes.
La opresión y la
represión no tienen por qué ser las de la imagen clásica de una dictadura de
las de antes. El ostracismo y el aislamiento social son medios tremendamente
efectivos. Por el contrario, elevar a una persona mediocre con el mensaje
correcto al pódium, al protagonismo con un letrero de neón y ampliar su cuenta
corriente, es la otra cara de la estrategia. Puede que alguno lo entienda cómo
una forma refinada de seducción.
Los focos alumbran
la anécdota, la búsqueda de aves que provienen de Siberia o Norteamérica y se
premia a los que las encuentran, discriminando y eclipsando cualquier actividad
de defensa activa de la naturaleza. El resultado es que tenemos una legión de personas
que buscan y persiguen aves raras mientras las poblaciones de aves comunes se
desploman cómo nunca sin que casi nadie luche de forma combativa por conservarlas.
Ya incluso el que dice ser conservacionista dedica casi la totalidad de su
tiempo a buscar aves raras y apenas nada a fines conservacionistas. Las grandes
entidades que dicen ser ecologistas ya no publicitan o dan a conocer la labor
de quién ha parado una corta de árboles para salvar la nidificación de una
especie en peligro de extinción, u otras gestas comprometidas con la
conservación de la naturaleza, pese a que ese nivel de compromiso significa
unas represalias duras y duraderas del sistema sobre el activista. Se premia
en especial lo naif, el ver o encontrar aves que accidentalmente han llegado a
nuestras latitudes de forma individual y eso es la noticia. Hemos llegado a ese
nivel de estupidez a través del adoctrinamiento de la sociedad.
UNOS EJEMPLOS
A través de un
amigo me he enterado de una historia que se repite a lo largo de los últimos
días. Me explicaba la peregrinación de personajes en un dormidero de búho chico
y búho campestre que se forma en el Delta del Ebro. El dormidero en cuestión lo
conozco desde hace años y se localiza en una de las pocas formaciones arbóreas
costeras. Las dos especies atraen la atención de aficionados a las aves y su fotografía
ya que para encontrarlas y verlas se requiere un buen nivel, experiencia y
horas de dedicación. Pero, claro, si alguien comunica la ubicación concreta de
un dormidero en el que las aves nocturnas están quietecitas durante el día,
entonces todo es fácil. Lo que está aconteciendo era esperable. Hordas de
fotógrafos y miradores de aves y también observadores, han acudido y acuden a
molestar a las rapaces nocturnas que tienen bien pocos lugares adecuados arbolados
en el Delta del Ebro para poder refugiarse durante el día, lo cual pone en
peligro su vida, haciéndolas
más que vulnerables a los ataques de gaviotas patiamarillas o incluso alguna
que otra escopeta.
El tema no es
nuevo. A
lo largo de este siglo, los aficionados de este linaje ético han acabado con varios
dormideros de búho chico en Catalunya. Dos
de ellos en la Plana de Lleida. En uno de ellos, ubicado en los alrededores del
Estany d’Ivars, se produjo tal nivel de acoso que el dormidero desapareció.
Otro se situaba en un árbol dentro de un jardín privado. El propietario, harto
de ver el séquito de personas que apuntaban con telescopios, prismáticos y
cámaras al interior de su jardín, cortó el árbol.
Tales hechos se
producen cuando un personaje cuelga una fotografía o una cita en un portal web
y/o una red social de aficionados y da la ubicación. Casi al momento se inicia
el ataque que aumenta exponencialmente al colgar los que acuden a perseguir al
ave sus citas y fotografías y producir más efecto llamada.
Y, la ley ¿Qué
dice? Es una pregunta necesaria. En Catalunya tenemos leyes proteccionistas de
la naturaleza. Sin embargo, todos sabemos que se hicieron para quedar bien o a
veces uno sospecha que hasta para utilizarlas incluso como instrumento de represión
contra un personaje determinado o un grupo en especial. No obstante, vamos a
ver, el DECRET 148/1992, de 9 de
juny, pel qual es regulen les activitats fotogràfiques, científiques i esportives que
poden afectar les espècies de la fauna salvatge considera
al búho chico Especie sensible y establece unas sanciones para aquel que ejerza
actividades con la especie sin permiso de la Generalitat. El DECRET 172/2022, de 20 de
setembre, del Catàleg de fauna salvatge autòctona amenaçada i de mesures de
protecció i de conservació de la fauna salvatge autòctona protegida considera a las dos especies de búho protegidas bajo la categoría
C.
Para avistar o fotografiar
estas aves durmiendo en un árbol, hay que acercarse a distancias muy cortas
porqué se esconden en la espesura del ramaje. Es decir, llevar a cabo esa
actividad a corta distancia conlleva una molestia sobre una especie protegida
en un lugar de descanso e invernada, otro hecho penado por la legislación
catalana, estatal y europea. Al llevarse a cabo esta “ilegalidad” dentro de un
espacio natural protegido a escala internacional, la infracción es aún más
grave. En materia de fotografía, lo que el Decreto 148/1992 nos viene a
decir es que, para tomar
fotografías de ciertas especies, entre ellas el búho chico, se tiene que
solicitar un permiso a la Generalitat de Catalunya en el que tendrás que
exponer donde, como y cuando quieres obtener esas imágenes. La
Generalitat de Catalunya evaluará si proporciona ese permiso y de qué forma,
donde y cuando, evidentemente, teniendo en cuenta la conservación de la especie
y que no se produzcan un efecto contraproducente en ese sentido.
Se cuelgan en internet
fotografías de estas especies estos días (aplaudidas por hasta centenares
de personajes) tomadas en Catalunya en el Delta del Ebro y muchos nos
preguntamos si los autores tienen permiso explícito para ello. Cómo ejemplo os
pego este enlace de Birding Catalunya, cuyo influencer es uno de los relevantes a
escala catalana:
https://x.com/birdcatalunya/status/2000470560115962045
¿Todos los que acuden a
fotografiar y observar el dormidero tienen permiso? ¿La Generalitat de
Catalunya ha dado permiso a decenas de personas para acudir en masa y de forma
claramente perturbadora al dormidero? NO Y DUDO QUE LA GENERALITAT HAYA DADO
ALGÚN PERMISO PARA FOTOGRAFIAR UN DORMIDERO DE BÚHO CHICO ALGUNA VEZ. Sin embargo,
ciertos personajes que trabajan para la Generalitat de Catalunya en puestos que
tienen que ver directamente con la gestión y conservación de especies
protegidas y sus hábitats, saben lo que acontece puesto que están en las redes
sociales u otras personas se lo comunican. Por lo tanto, cabría esperar una
acción por parte de los agentes rurales.
Es más, también el Servicio de Protección de la Naturaleza (SEPRONA) de la
Guardia Civil campa por el Delta del Ebro, un cuerpo que igualmente tiene
potestad para intervenir y sancionar.
Cómo decía antes, controlar
el mensaje es fundamental cuando se trata de cambiar a la sociedad. En el Delta
del Ebro se celebra anualmente el principal acontecimiento sobre ornitología en
Catalunya y es uno de los más importantes a escala estatal. Es el DELTA
BIRDING FESTIVAL (DBO), un evento ornitológico organizado con colaboración
público-privada por parte de, entre otros, SEO/BirdLife, el Institut Català d’Ornitologia
y las marcas de óptica: Swarovski, Zeiss, Leica, Sigma, Sony, Nikon y Optichron,
etc. La noticia que apareció este año en El País sobre el DBO daba
protagonismo a la intervención del Secretario de Transición Ecológica de la
Generalitat de Catalunya, Jordi Sargatal, ornitólogo veterano y cargo político
a su vez que apoya la ampliación del aeropuerto del Prat del Llobregat,
proyecto que choca de frente con el movimiento de defensa del Delta del Llobregat.
La casualidad quiso que esta vez en el encabezamiento de la noticia se
mencionara al búho chico en primer lugar. Al leer el texto, resulta que el
periodista se hizo eco de la búsqueda de 4 jóvenes aficionados del búho chico
con linternas, situando geográficamente la ubicación en la que estos días se
están produciendo las molestias al dormidero. Es decir, el periódico acaba
promocionando una actividad que entra en conflicto con la conservación del búho
chico en el Delta Ebro en el marco de una noticia que pretende promocionar un
evento ornitológico. Por si queréis leer la noticia íntegra, os dejo con el
enlace:
Jacinto Antón. 21/09/25. El
búho chico, la melena de Sargatal y el trino de la cantante pajarera de
Tennessee. El País.
Lo que antes suscitaba
escándalo y crítica entre los naturalistas y ornitólogos, hoy en día es
aplaudido. Otros naturalistas, cuando hemos intervenido en una noticia de este
tipo hemos corregido el texto de los periodistas porqué por desconocimiento acaban
habiendo errores o contenidos que éticamente no deben salir por no causar un
mal a las aves, o intentando colar alguna parte de ética respecto a cómo se
debe comportar la gente en espacios naturales. La falta de responsabilidad por
parte de los pesos importantes del mundillo naturalista es un problema.
Evidentemente, todos podemos tener un descuido, pero es que hay demasiados para
pensar bien.
Desgraciadamente para las
aves y, por suerte, para estas corrientes ideológicas emergentes que nacieron en
los 90s al amparo de las entidades ambientalistas y que alcanzaron su esplendor
a lo largo del siglo XXI, nadie se va a rasgar las vestiduras, no habrá
reacción y el problema irá a más ¿Qué futuro les aguarda a las aves si aquellos que
debieran defenderlas se dedican a acosarlas?
