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domingo, 5 de septiembre de 2021

La Lista Roja (Equipo de Investigación)

 

En nuestra sociedad se empeñan en hacernos ver la virtud de la cantidad y la calidad, el sabor sabrosón, ese es ignorado. La foto es de un pepino procedente de agricultura orgánica (ecológico) y fue tomada con una regla de comparativa por aquello de despejar las dudas de los seguidores de la filosofía del caballo grande, ande o no ande. Tal y cómo se aprecia, se trata de un señor pepino que supera los 20 cm y además es muy jugoso.

 

Este año el programa Equipo de Investigación de La Sexta emitió un capítulo dedicado a los plaguicidas y tocó de refilón la Sensibilidad Química Múltiple (SQM). Titularon el capítulo “La Lista Roja” y está disponible dentro de la temporada 12, en la web:

 

https://www.atresplayer.com/lasexta/programas/equipo-de-investigacion/

 

El universo de los plaguicidas daría contenidos con los que llenar varías temporadas. La Lista Roja lo abordó por encima, dando una idea general, y en un afán de profundizar en la problemática focalizó la atención en un par de productos que fueron prohibidos recientemente: Clorpirifos y Clorprofam.

 

El clorpirifos

El programa entrevistó a Esther Domínguez, ingeniera agrónoma del departamento técnico de la Asociación de Plátano de Canarias (ASPROCAN). Esther explicaba que el clorpirifos lo prohibió el Ministerio porqué podía ser un peligro para los trabajadores que usaban el producto. Esto no es del todo es cierto. El clorpirifos lo prohibió la UE porqué el peligro potencial abarca a toda la población, incluidos los consumidores.

 

Entre las diferentes evidencias científicas publicadas, destaca que el clorpirifos está relacionado con efectos genotóxicos y neurológicos durante el desarrollo de los menores. Otro de los descubrimientos importantes es que Cocca et al. (2015) concluyeron (cito textualmente):

 

que podía comportarse cómo un disruptor hormonal modulando la acción de los estrógenos y alterando la estructura normal del tejido mamario” y ser un factor de riesgo para el cáncer de mama, manifestando un efecto en este sentido a dosis encontradas en el medio.

 

Es decir, era y es un peligro a dosis de esas que la evaluación toxicológica de las administraciones públicas consideró en su tiempo cómo seguras y bajas cuando legalizaron el producto.

 

En resumen, el Ministerio se vio obligado a obedecer lo que la UE había dictaminado (igual que el resto de los países miembros) en base a las evidencias científicas publicadas. Esta es la realidad precisa.

 

Continua La Lista Roja con una entrevista al gerente de ASPROCAN, Sergio Cáceres. El gerente habla de la importación de plátanos procedentes de fuera de la UE, plátanos que han sido tratados con el clorpirifos ya que la prohibición no afecta a países no pertenecientes a la UE. Es este un aspecto vital y sumamente interesante que muestra la estupidez injusta de las normativas de la Unión Europea. En la lista de prioridades de la UE la salud y el medio ambiente van por detrás del miedo a fastidiar los intereses comerciales de terceros ligados a la importación (intermediarios, etc.). Esta política es nociva en varios sentidos:

 

  • Se sigue poniendo en riesgo la salud de los ciudadanos europeos.
  • Se sigue promoviendo la contaminación del planeta con sustancias no seguras.

 

Extrapolando, sabemos que la legislación europea prohíbe el asesinato ¿Concebís que el asesinato se permita en territorio europeo a una persona procedente de un país extracomunitario?

 

Cómo el plátano de países de Sudamérica tratado con clorpirifos es bastante más barato que el de Canarias, se potencia que el ciudadano compre ese plátano y no el de aquí. El desenlace es que quién fabrica clorpirifos se vea beneficiado indirectamente. Por mí parte, voy a seguir comprando plátano de Canarias, cómo ejercicio de responsabilidad ambiental, pero los que actuemos así seremos unos pocos.

 

El Clorprofam

El clorprofam es un herbicida, usado también con el fin de evitar la germinación en la patata recolectada.

 

La Lista Roja cede buena parte del programa a considerar los agravios que la prohibición del clorprofam ocasiona a los productores de patata gallegos y el sector industrial gallego que las procesa. Los productores agroganaderos son uno de los colectivos mejor tratados desde los medios periodísticos; cuentan con una atención destacada en espacios informativos y documentales. Personalmente, encuentro pertinente escuchar y dar voz a cualquier sector molesto o perjudicado por un acto o decisión administrativa, cosa que no se practica con todos ¿Existen el resto de los autónomos y pequeñas empresas?

 

Sea cómo sea, a mí me interesa escuchar las quejas de un agricultor afectado por un cambio normativo si estas se circunscriben a su pérdida y los problemas que le va a ocasionar. Pero es estridente que a un representante de un lobby se le deje hablar sobre aspectos técnicos que no conoce en absoluto y se salga de madre comparando un plaguicida tóxico prohibido con la cafeína, o el beicon. Semejante barbaridad, señores periodistas, se puede editar y recortar.

 

Además, entiendo que cualquier representante de un lobby tendría que ser responsable con sus palabras en los medios periodísticos puesto que el ciudadano, su cliente potencial, puede cabrearse y evitar su producto en el futuro. En lo relativo a la responsabilidad, adicionalmente, poniéndome en la piel de un agricultor, yo estaría muy preocupado y enfadado por el hecho de que me hubieran vendido a lo largo de años y paños un producto gravemente perjudicial para la salud de todos (incluyendo a los de mí familia). A mí me costaría dormir sabiendo esto; sentiría rabia, impotencia y culpabilidad.

 

Por añadidura, cabe resaltar que las administraciones públicas destinan un esfuerzo importante en subvenciones al sector agrario. Se estima que la Unión Europea dedicará un 40% de su presupuesto en el período 2021-2027 al sector agrario. Y un sector subvencionado está en deuda con la sociedad. A veces me da la sensación de que nos hacen un favor produciendo alimentos y bien que los pagamos, por vía directa al comprarlos y con las subvenciones por vía indirecta.

 

El problema de base, lo que acaba esclavizando al agricultor convencional es el intermediario y los costes de producción (entre ellos los plaguicidas y fertilizantes sintéticos, etc.) ¿Quién no lo sabe a estas alturas? Parte de la solución es no depender del intermediario: vender directamente al cliente, elaborar productos procesados a partir de lo que uno produce, etc. La otra opción es evitar la dependencia radical de las corporaciones petroquímicas.

 

Los pesticidas convencionales son necesarios

Sin duda, lo que me dejó un mal sabor de boca de La Lista Roja son dos mitos que se van repitiendo a lo largo del programa en boca de diferentes personas entrevistadas:

 

  • No se puede prescindir de los pesticidas convencionales.
  • Haciendo agricultura ecológica se produce menos y no se puede alimentar a toda la población.


Debieran haber entrevistado a un productor de agricultura ecológica y entonces hubiéramos tenido una visión menos sesgada de la realidad. Este productor habría dejado bien claro que es viable alimentar a toda la población con hortalizas, verduras, frutas y cereales cultivados con las técnicas de la producción ecológica.

 

El consumo y la producción de los alimentos ecológicos está en auge y los agricultores que se dedican a él, ídem. Es más, existen agricultores que llevan años consolidados en la producción ecológica. Por algo será por lo que no han cambiado a la gestión convencional ¡Les va mejor! Vieron que no les convenía poner su negocio en manos de las agroquímicas convencionales.

 

En el papel de cliente compro patatas ecológicas a los agricultores de mí pueblo que anualmente producen toneladas, y garbanzos y manzanas…sus cultivos están lozanos y el sabor es otro mundo. Ni que decir tiene que el productor ecológico tiene que estar encima de sus cultivos día tras día, cómo se hacía antiguamente. Es un tipo de agricultura que requiere pasión y entrega.

 

Al comparar un campo de cereal convencional en Catalunya con uno de agricultura ecológica, con frecuencia el ecológico está exuberante y produce más. Esto ha sido así durante la última década porqué las variedades utilizadas en cultivo ecológico son las tradicionales de crecimiento lento, variedades adaptadas al clima seco del lugar. La variedad de crecimiento lento con poca lluvia repartida en muchos meses tiene suficiente para producir una buena cosecha. En cambio, las variedades de agricultura intensiva utilizadas convencionalmente tienen un ciclo de crecimiento muy rápido y cuando la lluvia escasea en los pocos meses esenciales de su ciclo vital, el resultado final es la ruina (tallos de un palmo, con espigas raquíticas). Esto se puede apreciar en campos cerealísticos de las planicies de Lleida o de las comarcas cercanas a Barcelona. La dinámica de sequía no va a variar demasiado, así que más vale que el agricultor vaya adaptándose a la realidad; nos conviene a todos.

 

También, un agricultor ecológico en el programa La Lista Roja habría hablado del sabor y las cualidades nutricionales de las variedades tradicionales empleadas en este tipo de gestión agraria. Desgraciadamente, La Lista Roja se limitó a entrevistar a una frutera que dio unas impresiones subjetivamente negativas de la fruta ecológica y ahí acabó todo.

 

Tal vez, la guinda definitiva sería haber listado una serie de plaguicidas comunes en la agricultura convencional y los efectos nocivos descritos en la salud humana y el medio ambiente. No hay argumento con mayor peso que ese.

 

La gestión agraria ecológica

Abunda el desconocimiento en cuanto a lo que conlleva la agricultura ecológica. Para empezar, cabe resaltar que un agricultor convencional que decida pasarse a producción ecológica estará sometido a un período de seis años de reconversión, durante los cuales no podrá utilizar productos convencionales (fertilizantes o plaguicidas artificiales drásticos) en sus tierras. Tampoco podrá vender durante esos seis años sus productos con el sello de producción ecológica y, por lo tanto, con un precio más alto.

 

No obstante, la administración pública permite utilizar una lista de fertilizantes y plaguicidas orgánicos. La lucha contra las plagas en un campo de producción ecológica se libra con plaguicidas orgánicos basados en microbios, bacterias, hongos, con invertebrados que atacan a la plaga e incluye fungicidas suaves cómo el sulfato de cobre. Las técnicas sostenibles de la agricultura ecológica en el control de plagas también abarcan los métodos mecánicos y otros de gestión del terreno (creación de márgenes florales, asociación y rotación de cultivos, no masificar un mismo cultivo, etc.). Por encima de todo, se requiere un alto grado de conocimiento del cultivo, la climatología, el terreno, etc. Pero no se permiten sustancias químicas artificiales con un potencial tóxico elevado y una acción poco selectiva sobre el medio (derivados del petróleo, productos basados en el cloro, etc.).  

 

Un agricultor convencional que pretenda cambiar a ecológico se verá sometido a controles de sus tierras, análisis, que practicará la administración pública a lo largo de seis años y que él deberá sufragar económicamente. Es toda una inversión no exenta de riesgo. La administración pública verifica así que el agricultor no emplee productos prohibidos en la agricultura ecológica. Al cabo de seis años, si todo está correcto, la administración pública certificará que los productos son ecológicos y el agricultor los podrá vender con el sello de agricultura ecológica.

 

¿Y qué pasa después? Pues que la administración pública seguirá presentándose a lo largo de los años con el objeto de realizar los análisis de verificación. En el momento en que la administración pública encuentre alguna irregularidad, retirará la certificación de producto ecológico.

 

Estos detalles fundamentalmente esenciales sobre la agricultura ecológica son prácticamente inéditos en televisión, con lo que una fracción importantísima de los consumidores no va a apostar por un producto ecológico del cual no sabe nada más que su precio es más alto. Semanas atrás incidía en la importancia del consumidor en cuanto a promover cambios saludables en la fabricación de productos de higiene, cosmética y limpieza del hogar. En lo referente a la comida es lo mismo.

 

La mayoría de la población, por limitaciones culturales, entre otros motivos, no dispone de la información deseable con la que elegir libremente y de forma bien documentada en cuanto a cualquier producto. Si bien, en lo relativo a la comida, una minoría de personas intuye o sabe que elegir un producto ecológico será seguro para nuestra salud y el medio ambiente que uno convencional. No obstante, sin la masa no es posible el cambio y la seducción requiere de un mínimo de información.

 

Por otro lado, a cuanto mayor consumo exista, más barato se va a volver el producto ecológico. Parte de la culpa del agravio comparativo entre el precio de un producto de agricultura intensiva y uno de agricultura ecológica es el político que decide destinar un pastizal enormemente mayor a ayudar a la agricultura más nociva con nuestra salud y la del planeta. O ¿No es cierto que la mayoría de las subvenciones agrarias se destinan al sector de la agricultura convencional?

 

¿Y quién es el destinatario final de ese pastizal? El que produce los plaguicidas y fertilizantes químicos de la agricultura convencional, las semillas que soportan esos productos, etc.: La industria petroquímica.

 

La Asociación Empresarial para la Protección de las Plantas

La Lista Roja aborda el lobby de la industria química, sin timidez. Es el lobby con mayor peso en el parlamento europeo. Mueve decenas de millones de euros al año con el objeto de promocionar e imponer sus productos, de todas las formas posibles. Entre otras tácticas, se influye en la decisión del político, hablando muy diplomáticamente ¿A que me entendéis?

 

El programa entrevista a Carlos Palomar, el director general de la Asociación Empresarial para la Protección de las Plantas (AEPLA). El nombre de la entidad evoca un idealismo altruista y me despistó un segundo. En cambio, el fin verdadero de la entidad es representar los intereses del lobby de los plaguicidas de la agricultura convencional. Carlos Palomar dice, sin rubor, en lo referente a los plaguicidas y AEPLA:

 

“Se pagan estudios para tratar de demostrar la seguridad”

 

Es la síntesis de lo que nunca debe ser el espíritu científico. La ciencia busca conocer la realidad de forma imparcial. Cuando una fuente de financiación de la investigación apuesta de forma sesgada en un sentido ya estamos errando, y existiendo una intencionalidad picaresca detrás, prostituimos la ciencia.

 

En cuanto a la salud humana, lo correcto sería financiar estudios que planteen la siguiente pregunta:

 

¿Este producto químico es, o no, nocivo?


La pregunta desembocaría en muchas otras ¿Es o no disruptor hormonal? ¿Es o no carcinógeno? Etc.

 

A partir de la pregunta se plantea el método del estudio, se obtienen la muestra y los resultados, se analizan y eso nos acercará a la respuesta final: es o no nocivo. Cuando la finalidad científica es la intención de demostrar un resultado concreto, se comete uno de los más nefastos errores y, por extensión, se crea un ambiente social (del gremio científico y de la población) de poca credibilidad, fiabilidad y confianza entorno a los resultados y conclusiones. Se acaba dañando la imagen misma de la ciencia.

 

Cuando le preguntan a Carlos Palomar sobre si en caso de sospecha de que un producto sea cancerígeno se debería sacar al mercado, su respuesta es “La sospecha nunca nos debe gobernar”.

 

Respecto a esa respuesta, diría: me extraña que siendo tú araña te caigas de la pared. Él bien debe conocer que el Principio de Precaución está incorporado a la normativa europea.

 

Tal molesto principio jurídico permite reaccionar rápidamente ante un posible peligro para la salud humana, animal o vegetal, o para el medio ambiente, aun no habiendo suficientes datos científicos que permitan una determinación completa del riesgo.

 

En definitiva, la sospecha es aceptada en términos jurídicos con objeto de legislar, gobernar, etc., en materia de medio ambiente y salud.…malo es que cueste aplicarlo a las arañas.

 

Juana Muñoz, enferma de SQM por un antigerminante de unas patatas

No sería justo por mí parte olvidarme de felicitar a La Lista Roja por el trato periodístico de la SQM y fue un acierto osado que quedara relacionada con los plaguicidas. Aplaudo que el programa se atreviera a tocar tantos aspectos peliagudos y, en global, fueron valientes; me gustó.

 

La Lista Roja entrevistó a una enferma de SQM, Juana Muñoz, auténtica veterana de esta patología. La entrevista la podéis ver íntegra mediante el siguiente enlace:

 

https://www.lasexta.com/programas/equipo-investigacion/noticias/duro-testimonio-mujer-que-lleva-30-anos-encerrada-reaccion-pesticida-puedo-levantarme-cama-dolor_20210430608c7cf0a58b3f0001d132e3.html

 

A Juana tardaron 19 años en diagnosticarla. La incapacidad y negligencia premeditadas en el retraso o negación del diagnóstico de la SQM es un tópico común todavía en nuestros días en España (Catalunya también).

 

El origen de la SQM de Juana fue una reacción anafiláctica en toda regla, justo después de la exposición a un antigerminante de las patatas (cómo el clorprofarm). Recordad que la similitud entre los síntomas de una anafilaxia/reacción anafilactoide y los de una SQM fue abordada en los posts de abril-mayo de 2021:

 

La SQM en TV3

https://perroverdeweb.blogspot.com/2021/04/la-sqm-en-tv3.html

 

La SQM en TV3 (II)

https://perroverdeweb.blogspot.com/2021/05/la-sqm-en-tv3-ii.html

 

La SQM en TV3 (III)

https://perroverdeweb.blogspot.com/2021/05/la-sqm-en-tv3-iii.html

 

La SQM en TV3 (IV)

https://perroverdeweb.blogspot.com/2021/05/la-sqm-en-tv3-iv.html

 

Volviendo a La Lista Roja, por fin, en un programa ofrecen una cifra de prevalencia más acorde con la realidad: un 4% de la población. Según la cifra, en España hablamos entonces de 1.895.769 millones de enfermos de SQM. Es momento de señalar que existen 4 grados de gravedad de la SQM. Los enfermos de grados 1 y 2 no suelen ser diagnosticados, pasan desapercibidos a ojos de la medicina. A sus picores de piel insufribles e inexplicables después de la ducha, la piscina o la playa, o en momentos álgidos de contaminación, o con determinados tejidos o productos, les ponen la etiqueta de piel atópica. Sufren durante años este y otros síntomas hasta que llegan a un estado de gravedad que les impide realizar casi cualquier actividad normal.

 

Ahora, creo obligatorio entrar en la comparación entre la prevalencia ofrecida por La Lista Roja de La Sexta (una cadena privada) y la ridículamente baja aparecida en TV3 (0,02%-0,04%), una cadena pública:

 

La SQM en TV3

https://perroverdeweb.blogspot.com/2021/04/la-sqm-en-tv3.html

 

Esta semana, solamente hablando con unas pocas personas no relacionadas con la medicina, me he enterado de tres casos más diagnosticados de SQM en Catalunya, una de ellas otra enfermera más, y todos de gravedad. Entonces, te planteas ¿De verdad nos tenemos que creer que la cifra de prevalencia utilizada desde la administración pública catalana se basa realmente en los casos diagnosticados oficialmente?

 

Respecto la enfermera. Evidentemente, las enfermeras trabajan constantemente en contacto con productos tóxicos con los que esterilizan y limpian utensilios y lugares. Su exposición laboral es conocida, y son uno de los colectivos en los que la SQM golpea, hecho consabido. Sin embargo, los doctores y los médicos, puesto que no sufren esa exposición continua, es más raro que desarrollen la enfermedad. En tamaña tesitura, aquella frase histórica de “Ahí me las den todas” cobra viveza y realidad cuando lo común son las actitudes de pésimo y negligente desarrollo de la medicina, vastos campos abonados por el abandono y el desprecio hacía el enfermo.

 

Responsabilidad penal

Nos iría fenomenal con una responsabilidad corporativa obligatoria para las empresas químicas y una repercusión penal (los responsables al trullo). No me viene a la cabeza ninguna demanda colectiva en España que haya puesto contra las cuerdas a las industrias petroquímicas y menos aún que alguna fuera derrotada en los tribunales.

 

Desgraciadamente, por nuestras latitudes tampoco hay cultura de demandas colectivas. Sobre cómo se comportan los tribunales cuando un ciudadano ambientalmente perjudicado demanda a una empresa, un día u otro, hablaremos…mala política que el pez chico se crezca.

 

Puestos a soñar, un ejercicio fantástico es imaginar el enorme horizonte que se abriría en el caso de que la Organización Mundial de la Salud y la comunidad científica internacional aceptara oficialmente de una vez que la SQM es una enfermedad de origen físico, causada por los productos químicos artificiales y cuya sintomatología es agravada por ellos.

 

Entonces en el sueño surgiría un horizonte legal que cobijaría al enfermo de SQM y le daría amparo para demandar a una administración pública cómo la sanidad pública por discriminación (incluyendo a sus doctores), por no adaptar a sus profesionales y sus dependencias para su atención sanitaria, y por ocasionarles un daño en su salud.

 

Esto mismo sería aplicable a cualquier administración pública. Hasta se podrían demandar a las empresas que imponen sus fragancias en los espacios públicos al vender sus productos tóxicos de forma generalizada e impedir a los enfermos de SQM la libertad de movimientos y otros derechos esenciales. También la caja de Pandora quedaría abierta en lo relativo a denunciar a las empresas por contaminar la atmósfera, y ahí cabrían las automovilísticas y cualquier otra.

 

Se escapa a mí comprensión el por qué el miedo de los poderosos logra que la administración pública desprecie, maltrate y torture a las enfermas de SQM. Al fin y al cabo, todos sabemos que aquí siempre ganan los malos. Más nos vale procurar no abandonarnos a los sueños y tener los pies bien afianzados en el suelo. Aquí no existen ni los abogados que tengan narices de plantar una demanda colectiva respecto al maltrato sistemático a las enfermas de SQM por parte de la administración pública. No llegamos ni a un intento de esto que es tan obvio y necesario.

 

El lema de Carlos Palomar La sospecha nunca nos debe gobernar, solemne. Lástima que chirríe en unos países gobernados por ¡¡CULPABLES!!

 

Pero adonde iremos a parar con tanto sospechar…con lo fácil que es dejarlo todo en sus manos.

 

Bibliografía

Cocca, Claudia & Ventura, Clara & Núñez, Mariel & Randi, Andrea & Venturino, Andrés. (2015). El organofosforado clorpirifos como disruptor estrogénico y factor de riesgo para el cáncer de mama. Acta toxicol. Argent., 23 (3).


sábado, 9 de enero de 2021

Hospital Clínic (la lista del Doctor X (IV))

 

Hoy he recibido una noticia gélida. Los malos han conseguido que una de las personas fundamentales en la lucha por la visibilidad de los SSC deje el puesto que ocupaba en un colectivo. Son poquísimos los que hacen denuncia social con una argumentación bien construida, desde el rigor científico y guiados por el afán de conseguir una mejora de las condiciones de salud y sociales de los enfermos de fibromialgia, síndrome de fatiga crónica/encefalomielitis miálgica, sensibilidad química múltiple y electrohipersensibilidad. 
Estas escasas personas, al parecer de los malos, deben desaparecer del escenario público. En nuestra llamada democracia moderna sus discursos quedaran restringidos al canal de la marginación, sin oportunidades de alcanzar más que a cuatro gatos.

Hoy toca acabar con la serie La Lista del Doctor X, una especie de precuela del culebrón Hospital Clínic. Pero os adelanto que con el objeto de calentar el páramo gélido que unos pocos pretenden imponer, el próximo post profundizará en la oscuridad de unos seres que quieren hacer visible la negritud de sus neuronas y entrañas, mediante la imposición intelectual a base de acoso en las redes sociales.

Donde las dan, las toman.

La prevalencia

En este apartado no se cita ninguna referencia de la lista del Doctor X.

Diversas encuestas llevadas a cabo en Estados Unidos describieron una prevalencia similar a partir de la población que informó ser diagnosticada de SQM (3,1-6,3%, en Kutsogiannis & Davidoff 2001; 3,1% en Caress & Steinemann 2004). En Canadá, las encuestas dieron una proporción del 2-3% (Park & Nudson 2007).

Estas cifras cobran mayor significancia al hacer la comparación con otros graves problemas de salud con gran incidencia. Por ejemplo, en Canadá Marshall et al. (2011) a partir de los datos oficiales ofrecían la siguiente comparativa: en el cáncer (considerando todos los tipos) la prevalencia alcanza el 2,6% (bastante por debajo de la de SQM); en la diabetes tipo 2: 3-4%; enfermedades del corazón: 4,6-5,4%; artritis/reumatoides: 16%. Podréis haceros una idea más completa del impacto social de la SQM consultando la siguiente tabla.

 

Tabla 1. Prevalencia de SQM en Canadá por edad y género (Marshall et al. 2011). La primera columna indica la prevalencia en % de la SQM considerando toda la población, la segunda la prevalencia dentro del género masculino y la tercera dentro del género femenino.

En Australia, una encuesta a 1098 personas entre 18 y 65 años reveló un 6,5% de participantes diagnosticados de SQM, un 18,9% que informaron de sensibilidad química (inusualmente sensibles a los químicos cotidianos) y un 19,9% en cualquiera de las dos opciones o las dos (Steinemann 2018). En este trabajo la estima de afectados en Australia era de ¡¡1 millón por SQM y otros 2 millones con sensibilidad a los químicos!!

Steinemann (2018) también describió que el 74,6% de los diagnosticados de SQM también lo habían sido de asma o una condición similar, y el 91,5% tenían sensibilidad a las fragancias, informando que les desencadenaban síntomas cómo las migrañas. De las fragancias os hablé en el post del 6 de enero de 2020 (Que bien huelen las colonias y el perfume). Al mirar los ingredientes de suavizantes, desodorantes, geles de baño, colonias, etc. veréis que figura la palabra “fragancia”. Las administraciones públicas permiten que tras esa palabra se escondan infinidad de ingredientes que el consumidor no puede conocer con la excusa del secreto comercial. Entre los ingredientes, podemos hallar comúnmente derivados del petróleo, sustancias con una capacidad de ser nocivas para la salud. Queda entonces el derecho del consumidor a informarse sobre sustancias que pueden afectar a su salud y elegir libremente, lesionado y vulnerado.

Añadamos la ofensiva machacona de anuncios de estos productos con que se nos impregna e imponen culturalmente.

Democracia y estado de derecho le llaman.

Steinemann (2018) añade que el 77,5% de los encuestados con un diagnóstico de SQM fueron prevenidos de acceder a lugares con productos con fragancias…el lector atento e inteligente sabrá ver la diferencia abismal entre lo que le aconsejan a un enfermo de SQM en Catalunya (Hospital Clínic) y lo que hacen en Australia, un país con cocodrilos en el mar y canguros por doquier, pero más occidental  y avanzado.

Diferentes investigadores hicieron encuestas a personas elegidas al azar en unos cuantos estados de Estados Unidos. Les preguntaron si eran extraordinaria o especialmente sensibles a los productos químicos cotidianos (de limpieza, higiene corporal, etc.) y se sentían enfermos con la exposición a bajo nivel. En California y Nuevo México, el 16% respondió que sí (Kreutzer et al. 1999); en Carolina del Norte, el 33% de la población, y en Arizona el 33% de los estudiantes (Meggs et al. 1996). Caress & Steinemann (2004) en Atlanta encontraron que el 12,6% de los encuestados eran inusualmente sensibles a los productos químicos.

Os propongo un ejercicio, haceros estas preguntas:

¿Os molesta el olor a laca para el cabello? ¿A colonia, ambientadores, suavizantes o detergentes de la ropa? ¿Incienso? ¿Gasolina/gasoil? ¿Geles de baño? ¿Desodorantes?

Durante y después de la exposición a estos productos ¿Os mareáis? ¿Tenéis dolor de cabeza? ¿Os pican o escuecen los ojos? ¿Estornudáis repetidamente? ¿Os pica todo el cuerpo después de ducharos? ¿Vías respiratorias resecas y con sibilancias? ¿Os encontráis más lentos mentalmente y cansados? ¿Aturdidos y con problemas de concentración y memoria? Etc., etc.

La Encuesta Nacional del Trabajo y la Salud de las Enfermeras en Canadá encontró que el 3,6% de 18.676 enfermeras, mayormente mujeres, experimentaban sensibilidades a los químicos (Marshall et al. 2011). La proporción variaba según la clase de dada, incrementándose a mayor edad. La gente no se imagina que grado de exposición a productos químicos tienen las enfermeras. Hay multitud de sustancias de esterilización en su día a día, en función del puesto de trabajo.

Todos estos datos, no obstante, no son representativos de la realidad, son el pico del iceberg. Los diagnosticados de SQM son personas que han llegado a un nivel grave de la enfermedad, y esto provocó su peregrinaje por los servicios sanitarios hasta que fueron atendidos correctamente por alguien que supo y quiso darles un diagnóstico correcto. Adicionalmente, cabe considerar que existirá una buena fracción de la población con un grado suave de SQM que no habrá acudido a la sanidad, o que debido a su cuadro menos notorio no habrá sido diagnosticada, o ni siquiera ellos habrán sabido relacionar sus síntomas y problemas de salud con la exposición a las sustancias químicas artificiales. Por otro lado, en Canadá y otros países más avanzados que el nuestro, los profesionales también están mal formados en cuanto al diagnóstico de la SQM.

Estamos, pues, ante un problema grave con un impacto en la salud global de grandes dimensiones que se entierra siempre ante la opinión pública y se menoscaba en el mundo científico. De todos modos, es singular comparar las cifras que os he dado con las diminutas que dan algunos autores para la SQM en España: 0,02%-0,04% (Nogué et al. 2011) Y ¿Por qué tendría que creer a los autores españoles si los estadounidenses, canadienses y australianos obtienen resultados parecidos entre sí y tan estratosféricamente alejados de los de aquí? Pues eso, que extrapolando las cifras del estudio australiano (Steinemann 2018), teniendo en cuenta que allá son casi 25 millones de personas y aquí casi 47, en España tendríamos unos ¡¡1,9 millones de personas con SQM y unos 3,7 millones más con sensibilidad a los químicos!!

Aunque eso no puede ser porqué en España todo está siempre mejor, siempre estamos mejor, de lo bueno, bueno, lo mejor, y cuanto peor…¡¡MEJOR!! 

Hasta los 80s estuvo el dictador Hoxha contándoles a los albaneses en todos los medios periodísticos y divulgativos que Albania era el país donde mejor se vivía del mundo y que todos le tenían envidia…por eso comprar una bici normalita allí era un lujo. 

Hoy en día no hace falta tener una dictadura al uso. Con una democracia bien orquestada se consiguen resultados parecidos ¿Será eso de la inmunidad de rebaño del COVID que hablan ahora los periodistas y cargos políticos (además de médicos) por la tele? 

Cambiaron lo de la inmunidad de grupo por la de rebaño (Beeee…beeee).

Ya no se cortan en nada. Si, total, nos lo zampamos todo sin rechistar.

En cuanto a los impactos en la vida laboral de la SQM, diferentes trabajos describen un fuerte efecto. Steinemann (2018) lo sitúa en un 52,1% de días de trabajo perdidos o directamente la pérdida del trabajo en el último año por culpa de la exposición a las fragancias en el puesto de trabajo; el 55,4% describieron un efecto incapacitante de su enfermedad.

El efecto sobre la vida social es igualmente devastador puesto que nuestra mal llamada civilización se caracteriza por llenar cualquier lugar cerrado o abierto, sea público o privado, o cualquier producto de consumo, de tóxicos derivados del petróleo. Gracias a ello, un enfermo de grado severo está condenado a la marginación y el aislamiento social hasta el fin de sus días. A modo de ejemplo, por citar alguno de los trabajos que recogen evidencias de la grave limitación que sufren las personas hipersensibles a los productos químicos, Caress & Steinemann (2004) encontraron que el 61,7% las personas afectadas tuvieron que tomar precauciones en casa, el 29,9% tenía dificultades para ir de compras, y el 13,5% habían perdido empleos por ello.

La suma de indicios sirve, pese a que haya quién no lo quiera ver así. En la tabla 2 se aprecia un conjunto de datos abrumador de la frecuencia de aparición de enfermedades físicas en enfermos de SQM. Sin duda, habrá colaboracionistas de la industria que se aventuren a argumentar una explicación psicológica.

 

TABLA 2. Frecuencia de la comorbilidad en SQM en comparación con la prevalencia de cada patología en la población total de Canadá (Marshall et al. 2011). La primera columna indica la prevalencia de cada patología en % entre los enfermos de SQM y la segunda considerando toda la población.

En Atlanta (Estados Unidos) Caress & Steinemann (2004) describieron que el 30,2% de los encuestados que describían hipersensibilidad a los productos químicos también sufrían asma.

Voy a parar aquí porqué de lo contrario me alargaré demasiado. Sin embargo, en la bibliografía técnica están disponibles otros trabajos que, en conjunto, sustentan la hipótesis del origen orgánico. Un escéptico, interesado o no, tendría que sentir vergüenza antes de soltar sandeces sobre la SQM.

El conocimiento empírico y la terapia cognitivo-conductual

La hipótesis de que la terapia cognitivo-conductual es válida en SQM se fundamenta en unos poquísimos estudios publicados en revistas científicas. Esos estudios se basan en una muestra irrisoria (8-10 pacientes por ejemplo), sin pruebas objetivas que midan el cambio en parámetros físico-químicos para demostrar si la terapia fue efectiva. La valoración de esos estudios se hace mediante métodos subjetivos y no se erradican los problemas del paciente en ningún caso. Si fuera cierto que el problema es de percepción del paciente y la terapia funciona, el problema con el contacto con químicos debiera solucionarse casi al completo y, sin embargo, persiste y el enfermo empeora. Además, sobre estos trabajos más que criticables, cabe añadir que:

  • No se hace un seguimiento a larga distancia ni se aplican los métodos en esta escala...
  • No existe ningún estudio que demuestre de forma concluyente que es válida esta terapia y menos la de exposición.

En ciencia, y en la vida misma, el pragmatismo es básico. Cuando la ciencia no ha llegado a explicar con certeza un fenómeno, su causa, hay lagunas y no se posee una certeza, lo normal es que se aplique la cautela y el conocimiento empírico.

El conocimiento empírico es la experiencia que adquirimos sobre una materia. El más experto en SQM hoy por hoy es el enfermo, el que más conoce acerca de sus síntomas, de su evolución. Gibson et al. (2003) registraron que los enfermos de SQM calificaban con puntuaciones bajas los medicamentos recetados y otras intervenciones de mayor riesgo y, por el contrario, evaluaban como efectivo crear un ambiente saludable en casa, libre de tóxicos. Lo malo es que eso costaba un pastizal…y a las instituciones públicas no sienten inclinación por pagar lo saludable.

La experiencia mayoritaria de los enfermos de SQM en cualquier país es la misma: mejoran evitando los tóxicos y empeoran exponiéndose. 

UN VERDADERO PELIGRO PARA LA INDUSTRIA.

Así que tenemos una legión de personajes que, basándose en la paja, se dedican a recomendar la terapia cognitivo-conductual y a negar el origen físico, el daño producido por estos productos a los enfermos de SQM. Todo ello sin conocer a ciencia cierta el mecanismo que origina la enfermedad, a ciegas.

Cuando no se sabe: PRIMUM NON PROCERE

Y si no se puede curar, al menos hay que esmerarse en cuidar. 

Las personas no son cosas que una vez no funcionan se lanzan a la basura con cualquier excusa.

 

La terapia del duelo por la pérdida

Dice la teoría de la psiquiatra Kübler-Ross que cualquier pérdida pasa por 5 fases:

  • Negación
  • Ira
  • Negociación
  • Depresión
  • Aceptación

Los enfermos de SQM y/o cualquier otro de los Síndromes  de la Sensibilización Central (SSC) tuvieron que recorrerlas, aceptar sus graves problemas de salud y limitaciones. No es un camino de rosas, cuesta algunos años aceptar todo lo que significa sufrir SSC y no es posible superar algo así que está presente cada día de tú vida de una forma tan impredecible, visceral y dispar. Es durísimo. En función de la fortaleza emocional, el apoyo y la ayuda del entorno, y la severidad de la enfermedad, esas personas tal vez pasaron de la negociación a la aceptación, evitando la depresión. No se puede esperar absolutamente nada de un sistema sanitario público y una seguridad social que se dedican a ausentarse o a actuar cómo verdugos con los enfermos de SSC.

Lo peor es que esas etapas no acaban ahí, sino que se van sucediendo en la vida del enfermo porqué su estado degenera y surgen nuevos problemas físicos a los que se deben adaptar, TODO SIN AYUDA PÚBLICA.

Los negacionistas, sin embargo, después de décadas, siguen anclados divagando entre la primera y la segunda fase cómo el desdichado pez de la pecera que choca una y otra vez con el cristal haciendo burbujas con la boca. Tal vez, habrá quién lo quiera ver como síntoma de progreso, inteligencia y sabiduría. Quizá si nuestros antepasados en la filogenia se hubieran quedado comiendo bananas en las alturas, habrían estado menos expuestos a riesgos.

Tengo claro quién cotiza más en calidad humana.

¿Cuántos años tendrán que trascurrir hasta que en el Hospital Clínic y todos los demás centros sanitarios públicos traten y cuiden a los enfermos de SQM con dignidad y criterio científico?

 

Bibliografía

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Gibson PR, Elms AN, Ruding LA. 2003. Perceived treatment efficacy for conventional and alternative therapies reported by persons with multiple chemical sensitivity. Environ Health Perspect, 111.

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Kutsogiannis DJ, Davidoff AL. 2001. A multiple center study of multiple chemical sensitivity syndrome, Arch Environ Health, 56(3).

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Meggs WJ, Dunn KA, Bloch Rm, et al. 1996. Prevalence and nature of allergy and chemical sensitivity in a general population. Arch Environ Health, 51.

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