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domingo, 29 de agosto de 2021

Dark Waters (Aguas Oscuras)

 

Observamos un mirlo acuático en unas aguas transparentes, oxigenadas y sin olor extraño y lo asociamos a un rio ambientalmente saludable. No obstante, los contaminantes letales artificiales han llegado hasta los rincones más remotos y pasan desapercibidos.

 

Las pelis son un producto fácil de consumir que no requiere el esfuerzo intelectual de leer, así que son una herramienta ideal con la que lograr un cambio cultural.

 

Recientemente vi la película Dark Waters, disponible en Netflix. Lo que deben sufrir los magnates de la industria química cuando se ven incapaces de evitar que sus grandes vergüenzas se vean expuestas con esplendor en un espectáculo Hollywoodiano y que vuelen de Estados Unidos al mundo. Es la libertad de expresión, somos nosotros contra ellos.

 

Aguas Oscuras es una historia cruda que relata cómo el abogado Rob Bilott peleó contra un auténtico megamonstruo de la economía mundial, la empresa DuPont, a lo largo de dos décadas. Lo que muchos sabíamos, que las empresas químicas están por encima de la vida humana y la soberanía de los gobiernos, que hasta exhiben conductas criminales, se ve bien reflejado en Dark Waters.

 

Rob representaba directamente a unos miles de ciudadanos afectados por la contaminación deliberada de la fábrica Dupont, tanto a través de sus productos cómo de sus desechos. Sin embargo, en realidad, los afectados son casi la totalidad de los habitantes del planeta atendiendo a que sobre el 99% de nosotros llevamos los residuos de DuPont en nuestras venas. Y el resto de los seres vivos tampoco se escapan del legado de dicha empresa.

 

La lucha era contra la contaminación que DuPont perpetró con la fabricación de las sustancias perfluoroalquiladas o polifluoroalquiladas (PFAS). Es una familia de sustancias químicas artificiales, creadas por nosotros, que no se degradan. Al no degradarse, permanecen en el medio ambiente o en nuestros cuerpos, no desaparecen.

 

El ácido perfluorooctanoico (PFOA) o C-8, es uno de los PFAS más extendido por su propiedad impermeabilizante y antiadherente.  El PFOA se utiliza para producir el archiconocido teflón e infinidad de productos y artículos (productos de limpieza, pinturas, ropa, envoltorios de comida rápida, cajas de pizza, bolsas de palomitas para microondas, plásticos, espuma de extinción de incendios, etc.

 

Rob Bilott consiguió que se hiciera un potente estudio epidemiológico en el que participaron miles y miles de afectados. El estudio demostró que la exposición reiterada al C8 estaba relacionada con el cáncer de riñón, el cáncer testicular, los problemas de tiroides, preeclampsia (problemas graves en el embarazo), colesterol elevado y colitis ulcerosa. La administración pública de Estados Unidos acabó reconociendo que el PFOA tiene efectos perjudiciales en el desarrollo del feto.

 

La encrucijada de Bilott comenzó en la década de los 90s, pero aún no ha terminado…porqué sartenes, ollas, bandejas de cocina, e infinidad de productos cotidianos llevan teflón y otras sustancias malditas que se liberan y acaban en tú cuerpo. Es tal abrumante el poder de la industria que la única forma de protegerse y doblegarla es informarse y consumir inteligentemente.

 

Sustancias perfluoradas en España

La pasada década se publicó un estudio (Bartolomé et al. 2017) que trataba sobre la distribución de estas sustancias en los adultos de España a escala geográfica y sobre los determinantes de la exposición.





Este mapa proviene de Bartolomé et al. (2017) y se ve representada la exposición de las personas adultas a las sustancias perfluoradas por tonalidades de grises (a más oscuro mayor incidencia). La autonomía con más exposición fue Catalunya, seguida de Galicia y el País Vasco.

 

La exposición a estas sustancias tan peligrosas y persistentes se debe a la industria. Así pues, a muchos ciudadanos, sobre todo los de las autonomías con más exposición, nos gustaría conocer cuales son las empresas que están poniendo en riesgo nuestra salud y vida cerca de casa ¿Alguien está haciendo algo?

 

Por cierto ¿Existe algún precedente de demanda colectiva lejanamente parecido al de Bilott contra DuPont en España? España es una democracia de las buenas, buenas, la mejor.

 

En caso de que hubiera algún abogado con ganas de involucrarse en España (JAJAJA), aquí tiene más información legal al respecto, sobre lo que son capaces de lograr sus colegas norteamericanos:

https://es.levinlaw.com/dupont-c8-litigation

También, quién quiera, puede pedir más información o buscarla (JAJAJA), dirigiéndose a las ubicaciones de DuPont en España, donde hasta tiene parte de su producción:

 

La web:

https://www.dupont.es/

 

Direcciones y teléfonos:

  • Asturias, DuPont Asturias S.L. Valle de Tamón-Nubledo, 33469 Carreño, Tel: +34 985 12 4000
  • Barcelona (La ciudad condal). DuPont Ibérica S.L. Barcelona, Avda Diagonal 571, Edificio L'illa Diagonal, 8029, Tel: +93 227 6000
  • Madrid. DuPont Ibérica, S.L. C/Ribera de Loira, 46 – Edificio 2, Campo de las Naciones 28042 – Madrid
  • Valencia. DuPont Nutrition and Biosciences Ibérica S.L. Avenida de Espioca 22, E-46460 Valencia. Tel: +34 96 121 21 11

 

Bibliografía


Bartolomé, M., Gallego-Picó, A., Cutanda, F., Huetos, O., Esteban, M., Pérez-Gómez, B., Bioambient.es & Castaño, A. 2017. Perfluorinated alkyl substances in Spanish adults: Geographical distribution and determinants of exposure. Sci. Total Environ.


sábado, 25 de abril de 2020

Los disruptores hormonales (V)


Exposición a los disruptores hormonales en fetos y niños

Una de las características de las sustancias químicas que actúan como disruptores hormonales es que la exposición a ellas durante los períodos críticos y sensibles del desarrollo (feto, infancia, pubertad, menopausia) puede afectar a los individuos haciéndolos más propensos a padecer un extenso abanico de enfermedades (Schug et al. 2011; Tabb & Blumberg 2006). En efecto, los disruptores hormonales pueden provocar cambios sutiles en la expresión de los genes y los procesos moleculares biológicos, acabar alterando así el desarrollo y llegar a producir una disfunción de larga duración (Papalou et al. 2019).
¿Cómo lo logran?
El epigenoma son todas aquellas sustancias químicas que le dicen a los genes, actores básicos intervinientes en mil procesos que se dan en nuestro cuerpo, que deben hacer, donde y como. En principio, estas sustancias químicas, eran de origen natural. Pero desde la entrada en acción de los disruptores hormonales químicos de origen artificial (las sustancias creadas por la especie humana), ellos también pueden jugar el partido como titulares. Al hacerlo contribuyen negativamente, alterando el epigenoma en las células sexuales (células germinales) que son las encargadas de transmitir los genes a la siguiente generación, y por tanto los cambios llegan hasta la siguiente generación (Crews & McLachlan 2006).
El problema de los disruptores hormonales es tan siniestro que una de las exposiciones más importantes para los niños a estos contaminantes es precisamente a través de la madre, ya que las sustancias químicas persistentes acumuladas en la grasa de esta, pasan al niño durante el embarazo y también mediante la leche materna (pág. 302 en Olea 2019).
Durante el primer embarazo las mujeres transfieren al feto más del 50% de los contaminantes acumulados en su cuerpo (pág. 114 en Olea 2019). Olea (2019) nos explica en las páginas 117 y 118 que la exposición de la madre a los disruptores hormonales incide en el feto (el hijo/la hija), y aún peor, en la descendencia del feto (es decir, el nieto o nieta), ya que las células germinales de este también quedarán expuestas. Las células germinales son aquellas que incluyen el material genético que heredará la próxima generación (el nieto o nieta).
Recuerda a la peli Regreso al Futuro pero sin final feliz.
En esta línea, uno de los casos más sonados y bien documentado que se hizo bien popular fue el del DES (Diethylstilbestrol) que se prescribió a multitud de mujeres embarazadas para prevenir abortos (y por otros “supuestos” fines) y causó tantos problemas de salud…entre ellos el cáncer de mama en las hijas (Newbold 2004). El DES fue objeto de diversos estudios, en humanos y animales, y también se describió que predisponía a la obesidad a la descendencia una vez se encontraban en la edad adulta (Hatch et al. 2015; Newbold et al. 2009) ¿No es una maravilla? Es algo genial porqué décadas después vete a buscar culpables e indemnizaciones…han prescrito o han muerto, o a los encargados de ajustar las cuentas no les da la gana de complicarse la vida.
Obviando toda esta mochila que ya de entrada le damos al retoño antes de salir al mundo, una vez que salga del vientre materno, en caso de necesitar ayuda de cuidados intensivos…le espera otra dosis de exposición en un centro de salud. Un estudio detectó que el Bisfenol A estuvo presente en el 65% de los artículos de las unidades de cuidados intensivos pediátricos de los recién nacidos (pág. 209-2010 en Olea 2019), incluidos los chupetes. Después el recién llegado al mundo continuará a lo largo de toda su vida sumando y sumando exposiciones a BPA y a otros disruptores. Y es que los niños españoles y los europeos mean, por ejemplo, BPA cada día (pág. 239 en Olea 2019), otro logro del progreso.
Claro que esto
¿En qué se puede traducir?
En el mismo libro, Nicolás Olea menciona la asociación que habían descubierto en Barcelona unos investigadores entre la presencia de BPA en la orina de las mujeres embarazadas y el riesgo de la descendencia a sufrir asma e infecciones respiratorias (pág. 240 en Olea 2019). No penséis los de otras regiones que estáis a salvo, la globalización hace común lo malo así que aproximadamente el 93% de los norteamericanos tienen niveles de BPA en la orina (Papalou et al. 2019).
Otras evidencias científicas del efecto transgeneracional del BPA incluyen, además de los estudios en personas, los de exposición de animales en laboratorio. Por ejemplo, se ha estudiado la exposición transgeneracional del BPA induciéndola en ratones y la exposición en las madres se asoció con la disfunción mitocondrial y los niveles de citoquinas proinflamatorias en el páncreas de los machos descendientes a lo largo de dos generaciones (Bansal et al. 2017).
Otros estudios con ratones, sobre exposición de los fetos a BPA, dieron lugar a alteraciones en genes que tienen que ver con el cáncer de próstata (Ho et al. 2006; Tang et al. 2012). También con ciertos plaguicidas se han realizado experimentos en ratones, dando lugar a evidencias científicas de alteración en las siguientes generaciones. Son ejemplos del riesgo para las próximas generaciones de ciertos disruptores hormonales…
y los seres humanos tenemos una capacidad superior de almacenaje de contaminantes, ya que vivimos muchos más años que los roedores.
La relación de los plaguicidas y otras fuentes de disruptores hormonales con la orquidopexia (que uno o dos testículos se queden suspendidos, fuera del saco escrotal), con la pérdida de calidad seminal y con la alteración de los niveles de testosterona ha sido motivo de investigación de diversos científicos en latitudes europeas muy alejadas entre sí, con resultados que apuntan en una misma dirección (pág. 175-186 en Olea 2019). El problema no es si el niño es más o menos varonil, es que la alteración de los niveles de las hormonas acaba teniendo unas repercusiones en cascada en el organismo que seguro que no son gratuitas y acabaran incidiendo en la salud de ese ser humano.
Olea (2019) nos cuenta que la OMS clasifica los PFAS/PFOA bajo sospecha de ser cancerígenos, tóxicos para la reproducción y nocivos para población vulnerable (niños, etc.). Uno de los artículos cotidianos con los que se contribuye a la absorción de estos contaminantes por parte del organismo son las sartenes, recubiertas por estas sustancias para evitar la adherencia de la comida. Que sepáis que hay alternativas, ollas y sartenes sin sustancias con conocida capacidad nociva para la salud, por ejemplo de cristal, pirex, hierro colado (sin esmaltes nocivos), etc.
Olea (2019) remarca en las páginas 350-351 la importancia de los primeros 1000 días, desde el inicio del desarrollo de la nueva vida hasta el segundo año de edad. Una etapa, nos cuenta, en la que el cerebro es capaz de activar y desactivar mil conexiones neuronales por segundo…¡¡a los 3 años el cerebro es el doble de activo que el de un adulto!!
Un infante es asombroso
¡Cuesta hasta de imaginar tal capacidad!
Después de todo lo que si sabemos
¿Vamos a dudar de lo que puedan representar para su futuro los impactos que le estamos preparándoles en herencia?
Ante la cada vez más insignificante duda sobre la inocuidad de determinadas sustancias
¿Vamos a continuar mirando hacía otro lado?
El cáncer y los disruptores hormonales
Los cánceres relacionados con las hormonas son otro de los grandes problemas de salud modernos que se asocian a los disruptores hormonales. No me voy a extender con ello todo y que esta temática ha generado multitud de trabajos científicos que apuntan nuevamente a la disrupción hormonal de sustancias químicas artificiales.
El efecto de los pesticidas y otros químicos hace ya tieeeempo que está descrito en la bibliografía científica. Olea (2019) menciona por ejemplo un trabajo (López-Abente 1990) en el que se índica una probabilidad mayor de los agricultores españoles a padecer una muerte debida a unos determinados tipos de cáncer (estómago, leucemia, linfoma no Hodgkin y tumores cerebrales).
Y bueno, a estas alturas de la película hace falta casi ser memo para creerse que la culpa de todo es del código genético cuando tantos estudios e investigadores han revelado al mundo que es el código postal (las exposiciones a tóxicos del lugar donde vives) y también tú ocupación laboral quiénes mejor explican el cáncer que sufrirás.
Quién desee aumentar su nivel de conocimiento respecto la asociación entre el código postal y la incidencia de cada tipo de cáncer en España, puede consultar López-Abente et al. (2014).
Entonces
¿Por qué se empeñan en insistir en el código genético como clave para la lucha contra el cáncer?
Toda esta historia de achacar todos los males modernos en aumento al código genético tiene un punto muy en línea con el DETERMINISMO de la religión monoteísta. Porqué si todo está escrito en los genes (la enfermedad que vamos a sufrir, etc.).
¿Para que ponerse a cambiar hábitos de producción de las industrias y otras fuentes de exposición a agentes tóxicos? 
Alea jacta est, nuestro destino está escrito, no nos metamos en líos, no nos hagamos daño entrando en conflicto con los grandes intereses de las industrias. Por supuesto, mirar cuales son los contaminantes que alteran la expresión genética, eso siempre va a ser un camino lleno de minas, abrupto y sin facilidades.
Por el contrario, zambullirse en el determinismo genético, ahí si que hay pasta para investigar y una autopista sin límites de velocidad.
Bisfenol A (BPA)
Como estrella invitada dedico un apartado a esta maravilla del ingenio humano. El Bisfenol A es reconocido como estrógeno sintético desde 1936 (pag. 234 en Olea 2019). Se viene conociendo su capacidad de alterar el equilibrio hormonal en el individuo expuesto y su descendencia desde hace muuuucho.
  • La EPA (Agencia Americana del Medio Ambiente) clasifica los efectos de las emisiones procedentes de la fabricación de BPA como materiales peligrosos que pueden afectar al sistema nervioso y los órganos causando cáncer, además de desórdenes reproductivos y defectos de nacimiento (pág. 237 en Olea 2019).
  • La Agencia Europea de Sustancias y Mezclas Químicas lo considera “Tóxico para la reproducción” (pág. 242 en Olea 2019).
  • El año 2017 el BPA se incluye en la Lista Europea de sustancias de muy alta preocupación porqué también se considera oficialmente un disruptor endocrino (pág. 242 en Olea 2019).
Por cierto, la quema de plásticos puede generar BPA a la atmósfera (incineradoras, plantas que consiguen energía con la combustión de residuos, y quemas de particulares en huertos y demás). Pensad que el BPA se encuentra en muebles e infinidad de artículos…lo digo por la manía de quemar cualquier tipo de madera en los huertos.
Reitero, no es el único químico artificial que anda relacionado con muchas de las patologías emergentes…pero está en todos lados y hay una gran colección de evidencias científicas que lo señalan como culpable.
En la próxima entrega tocaré el tema de la evaluación toxicológica de las sustancias, ese paso previo para poder utilizar un químico de forma legal en la fabricación y comercialización de productos. Veréis como nos podemos sentir tranquilos…
Bibliografía
Bansal A, Rashid, C., Xin, F., Li, C., Polyak, E., Duemler, A., van der Meer, T., Stefaniak, M., Wajid, S., Doliba, N., Bartolomei, M. S. & Simmons, R. A. 2017. Sex-and dose-specific effects of maternal bisphenol A exposure on pancreatic islets of first and second generation adult mice offspring. Environ. Health Perspect., 125 (9).

Crews D, McLachlan JA. 2006. Epigenetics, evolution, endocrine disruption, health, and disease. Endocrinology, 147.
Hatch EE, Troisi R, Palmer JR, Wise LA, Titus L, Strohsnitter WC, et al. 2015. Prenatal diethylstilbestrol exposure and risk of obesity in adult women. J Devel Orig Health Dis., 6.

López-Abente, G. 1990. Cáncer en agricultores: mortalidad proporcional y estudios caso-control con certificados de defunción. Tesis doctoral. Universidad Autónoma de Madrid. Facultad de Medicina; Universidad Autónoma de Madrid. Departamento de Medicina Preventiva y Salud Pública.
López-Abente, G., Aragonés, N., Pérez-Gómez, B., Pollán, M., García-Pérez, J., Ramis, R. & Fernández-Navarro, P. 2014. Time trends in municipal distribution patterns of cancer mortality in Spain. BMC Cancer, 14.
Newbold RR. 2004. Lessons learned from perinatal exposure to diethylstilbestrol. Toxicol. Appl. Pharmacol., 199.
Olea, N. 2019. Libérate de tóxicos. RBA Libros, S. A. Barcelona.
Papalou O, Kandaraki EA, Papadakis G & Diamanti-Kandarakis E. 2019. Endocrine Disrupting Chemicals: An Occult Mediator of Metabolic Disease. Frontiers in Endocrinology, 10.
Schug TT, Janesick A, Blumberg B, Heindel JJ. 2011. Endocrine disrupting chemicals and disease susceptibility. J. Steroid Biochem. Mol. Biol., 127.
Tabb MM, Blumberg B. 2006. New modes of action for endocrine-disrupting chemicals. Mol. Endocrinol., 20.

domingo, 12 de abril de 2020

Los disruptores hormonales (III)


La diabetes, la resistencia a la insulina y la obesidad

La diabetes (tipo 1 y 2) y la obesidad serán la mayor causa de muerte en el año 2030 (Mathers & Loncar 2006).
Es innegable la tendencia de los individuos en el mundo occidental a pesar más que hace dos o tres décadas atrás, aunque la actividad física y la ingesta calórica sean iguales (Brown et al. 2016). Efectivamente, el auge moderno de la obesidad no es explicable solamente teniendo en cuenta la ingesta de calorías (la dieta) y el sedentarismo (la falta de actividad física), y es bien conocida su relación con una serie de sustancias químicas que pueden provocarlo (Papalou et al. 2019).
No quisiera que sirviera de excusa para inflarnos de churros, bollería industrial, carnes y grasas, servir de estructura para que las arañas tejan sus telas en el sofá…y después echarle toda la culpa de las lorzas, el colesterol y el azúcar a las sustancias químicas.
¿Ok?
Hay que comer equilibrado y sano, pero eso también incluye minimizar la presencia de los disruptores en la comida y la bebida.
El incremento de la obesidad y la enfermedad metabólica está correlacionada y se solapa con la generación de disruptores hormonales y la extensión de su uso (Baillie-Hamilton 2002; Neel & Sargis 2011). Los disruptores hormonales se asocian con el aumento del riesgo de padecer diabetes y obesidad y aquí os pongo dos de los culpables para los que se han publicado más evidencias científicas en este sentido.
  •      Bisfenol A (Aeplakorn et al. 2015; Ahmadkhaniha et al. 2014; Alonso-Magdalena et al.      2006; Batista et al. 2012; Sabanyagam et al. 2013; Shankar & Teppala 2011; Stahlhut et al. 2009; Sun et al. 2014).
  •     Ftalatos (James-Todd et al. 2012 y 2016; Lind et al. 2012; Kim et al. 2013; Smerieri et al. 2015; Sun et al. 2014; Stahlhut et al. 2007).

Aparte del bisfenol A y los ftalatos, hay otros disruptores hormonales capaces de hacernos engordar mediante su efecto en el organismo. A todas estas sustancias químicas se les llama obesógenos; por poneros otros ejemplos: DDT, PFAS/PFOA (perfluoralquilos; sartenes), TBT (tributilo de estaño; se utiliza en barcos y barquitos), etc.
En total, se conocen unos 20 químicos ambientales capaces de actuar como obesógenos (Papalou et al. 2019). Pensad en las combinaciones, la amplia utilización (estamos rodeados) y en que la lista sigue creciendo…el progreso nunca para.
Los mecanismos, el como pueden lograr provocarnos problemas de salud, es motivo de profundo y complejo estudio. La bioquímica no es para nada fácil y menos cuando no se puede experimentar, lógicamente, de forma "oficial" y "alegremente" en humanos. 
Ahora es cuando toca hablar de la homeostasis energética. La homeostasis energética es un mecanismo de nuestro cuerpo que mantiene un equilibrio entre la ingesta de alimentos (materia prima para fabricar la energía) y el gasto de energía…durante las Navidades este equilibrio no funciona nada bien, sin que haya relación demostrada con los disruptores.
Para que funcione bien la homeostasis energética diferentes jugadores deben actuar coordinadamente: el hígado, el páncreas, el tejido adiposo, el cerebro, el intestino y la glándula tiroidea.
Si el defensa le pasa la pelota al portero mientras este bosteza, quizá le marque un gol en propia puerta.
Los deportes de equipo requieren una sintonía, una coordinación.
De forma que tenemos varios jugadores donde los disruptores podrían actuar y provocar una enfermedad metabólica relacionada con la homeostasis energética. Papalou et al. (2019) llevaron a cabo un trabajo de revisión y síntesis de los mecanismos a través de los que esto sería factible teniendo en cuenta los diferentes “jugadores”, y para quien quiera saber más, es de descarga gratuita. Descrito por la ciencia, está.
La exposición a ciertos obesógenos durante las fases sensibles del desarrollo (p. ej. del embrión) podría dar lugar a la obesidad en niños y adolescentes (pág. 306-307 en Olea 2019). No es que esos químicos alteren la estructura del ADN y produzcan una mutación que de lugar a una obesidad en el futuro, sino que pueden variar la expresión del ADN en cuanto al desarrollo de las células grasas en las siguientes generaciones.
Son lo que se denominan cambios epigenéticos, cambios en la expresión de los genes.
¿Cuántas veces oímos hablar de que si la abuela, el padre, el tio tuvieron el mismo problema de salud?
Algunas veces la culpa de una patología podría atribuirse a los genes pero otras puede que el mismo disruptor que actúo sobre la abuela haya pasado de su generación a las dos siguientes (hijo/a y nieta/o), altere la expresión de los genes y cause el problema de salud (epigenética).
La epigenética saldrá de lleno en próximos capítulos y entenderéis mejor todo este meollo.
Los mecanismos bioquímicos mediante los que los disruptores ejercen un efecto negativo sobre el sistema inmunitario y a su vez este provoca un problema metabólico, se han ilustrado en muchos trabajos. Para tener una idea global de ello, existe un trabajo de revisión extenso y recomendable, si tenéis paciencia y tiempo disponible que destinar a su lectura (Bansal et al. 2018, tenéis la referencia completa en el apartado de Bibliografía).
Y…¿Qué tiene que ver todo esto con la diabetes, la resistencia a la insulina o la obesidad?
La exposición a los disruptores y su relación con el estrés oxidativo y la inflamación son otro de los aspectos señalados por los investigadores. No son pocos los estudios que ponen de relieve que la exposición a los disruptores dañan la función mitocondrial en los tejidos metabólicos, como el hígado (Khan et al. 2016) y el páncreas (Jiang et al. 2014), hecho que se asocia con un incremento del estrés oxidativo (Cao & Kaufman 2014). A su vez, el estrés oxidativo puede degenerar en problemas metabólicos como la resistencia a la insulina, la diabetes y la obesidad debido a la activación de vías inflamatorias (Bansal et al. 2018).
El balance entre la anti-inflamación y la pro-inflamación es un proceso de nuestro cuerpo en el que intervienen las citoquinas (unas proteínas), y está relacionado todo ello con la homeostasis y el sistema inmunológico. Si este balance no funciona correctamente puede inducir un problema en nuestro metabolismo. La pro-inflamación es conocida que desencadena resistencia a la insulina e intolerancia a la glucosa (Bansal et al. 2018).
Existe una relación supercompleja a nivel bioquímico y celular continuamente en nuestro interior para que absolutamente todo funcione bien, y fruto de esto cualquier pequeño fallo crónico en el funcionamiento del sistema inmune, por ejemplo, comporta unas graves consecuencias. En la diabetes del tipo 1 las células T (del sistema inmunitario) protagonizan un ataque sobre las células β, las células de nuestro páncreas encargadas de segregar la insulina.
¿Recordáis aquello del juego en equipo?
En su importante publicación de revisión y síntesis, Bansal et al. (2018) remarcan que los experimentos en animales señalan que la exposición a disruptores hormonales, a lo largo de etapas cruciales del desarrollo del embarazo y la lactancia, podría repercutir negativamente en el desarrollo del sistema inmune de las crías y acabar desembocando en efectos sobre la salud a largo plazo. Adicionalmente, parte importante de los artículos que reseñan Bansal et al. (2018) en esta línea describen un desequilibrio entre las respuestas inmunes proinflamatorias y anti-inflamatorias, derivando en efectos negativos varios.
Y si esto ocurre en estudios con roedores
¿A los humanos no nos pasa nada?
Para los escépticos, cabe señalar que en estudios realizados en laboratorio en los que se exponían células humanas a Bifenilos policlorados (PCBs) y a Bisfenol A (BPA) también quedaba clara una repercusión en cuanto a la proinflamación y una relación sobre la sensibilidad a la insulina (Ariemma et al. 2016; Kadowaki et al. 2006; Valentino et al. 2013; Wang et al. 2010). Bansal et al. (2018) acaban concluyendo que la suma de evidencias científicas de estudios con células humanas in vitro indica que la exposición a disruptores se asocia al deterioro del metabolismo, la sensibilidad a la insulina y la secreción de insulina….habiendo una potencial relación con el balance de las citoquinas anti y proinflamatorias.
Yo, como gorrión común macho ¿Soy inmune a los PCBs y todas esas sustancias que lleváis utilizando durante décadas?
Pues parece que los machos de gorrión sufren una alteración a nivel estético...uno de los efectos relacionado con el sistema hormonal. A las hembras les puede afectar la homeostasis relacionada con las hormonas esteroideas (Nosse et al. 2016).
Aunque si queréis profundizar sobre efectos en aves y vertebrados en general, esta vez de los plaguicidas pertenecientes al selecto grupo de los neonicotinoides, conocidos por sus virtudes de disrupción hormonal en la fauna (abejas, entre otros)...es interesante echar un ojo a un muy potente trabajo (Gibbons et al. 2015). 
Luego escuchas en medios de información por parte de ciertas asociaciones y científicos que no se conocen las causas concretas de la desaparición de los gorriones y otras aves asociadas a ambientes agroganaderos...que hay que investigar más (insert coin) y blablabla.
Después de esta breve desconexión, sigo con el tema principal. En ratones se han llevado bastantes estudios en cuanto a las repercusiones del BPA focalizando la atención en efectos relacionados con la insulina, la glucosa, etc. Para los abogados del diablo que salgan con aquello de “pero son ratones, en humanos quizá no sea así”…en americanos adultos se encontró correlación entre la cantidad de BPA en orina y el exceso de glucosa en sangre (hiperinsulinemia) y la resistencia a la insulina, especialmente en hombres (Beydoun et al. 2014).
El arsénico, contaminante típico del agua de boca “en nuestros tiempos”, puede deteriorar la secreción de insulina (Papalou et al. 2019) y estudios epidemiológicos, que son los que buscan factores asociados a los problemas de salud (lo prioritario, que no se hace cuanto se debe), encontraron un vínculo entre el arsénico y la diabetes, pero subrayando la secreción de la insulina como el problema de trasfondo más que la resistencia a la insulina (Rhee et al. 2013).
Una vez una nutricionista me dijo que el arsénico era un contaminante que se encontraba en la tierra y los alimentos de forma natural, que era mejor lavar bien los alimentos, y muy particularmente el arroz una vez cocido. Su consejo me gustó, lo que me fastidió es que no aceptara mi réplica fundamentada en relación a que los niveles altos de contaminación por arsénico no son naturales por norma general, sino propiciados por la especie humana.
¿Os suenan los plaguicidas arsenicales por ejemplo?
El uranio lo podemos encontrar de forma natural en la Tierra y eso no quiere decir que el accidente nuclear de Chernóbil fuese natural.
Ateroesclerosis cardiovascular
La ateroesclerosis cardiovascular y los problemas derivados (de corazón, trombos, enfermedad renal, ictus, etc.) son hoy en día la principal causa de mortalidad y enfermedad en el mundo entero (Roth et al. 2015).
Respecto la intervención de los disruptores hormonales en estos problemas de salud, la ciencia ha descrito que los niveles de PCBs (Policlorobifenilos) están asociados con las placas ateroescleróticas en la vejez (Lind et al. 2012).
También el Bisfenol A (BPA) se ha demostrado que está asociado a la aterosclerosis (Lind & Lind 2011; Melzer et al. 2012; Shankar et al. 2012) al igual que los ftalatos. Estas asociaciones son independientes de los factores de riesgo que sí que nos mencionan la tele y los médicos (el peso, la presión sanguínea, la actividad física, etc.)…claro, son los factores “amables” que los poderosos si aceptan que se divulguen porqué, al fin y al cabo…
la culpa de todo ¿Quién la tiene?
El ciudadano (comemos mucho, no hacemos ejercicio, fumamos, bebemos, no dormimos suficiente, etc.)
El resto, toda la mierda que permiten que se cuele en nuestro organismo, no importa.
No os perdáis la próxima entrada, dedicada a los disruptores hormonales y las enfermedades inflamatorias del intestino.
Bibliografía
Aekplakorn, W., Chailurkit, L. O. & Ongphiphadhanakul, B. 2015. Relationship of serum bisphenol A with diabetes in the Thai population, National Health Examination Survey IV, 2009J. Diabetes, 7(2).
Ahmadkhaniha, R., Mansouri, M., Yunesian, M., Omidfar, K., Jeddi, M. Z., Larijani, B., Mesdaghinia, A. & Rastkari, N. 2014. Association of urinary bisphenol a concentration with type-2 diabetes mellitusJ. Environ. Health Sci. Eng., 12(1).
Alonso-Magdalena, P., Morimoto, S., Ripoll, C., Fuentes, E. & Nadal, A. 2006. The estrogenic effect of bisphenol A disrupts pancreatic beta-cell function in vivo and induces insulin resistanceEnviron. Health Perspect., 114(1).
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