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viernes, 31 de diciembre de 2021

Huele que alimenta

La anterior publicación databa del 28 de diciembre, día de los Santos Inocentes. Se de buena tinta que alguna buena persona picó...no digo más.

Este post va dedicado a muchos y muchas, entre ellos mí prima y sus hijos, y a mí primo. Dicen que "Nunca es tarde para cambiar" pero es una mentira enorme. En la lotería de la salud, debemos procurar no comprar muchos números porqué las probabilidades de que nos acaben tocando premios y, de tanto en tanto, el Gordo, son muy altas hoy en día.

Bueno, a lo que voy. En fechas tan entrañables en las que la gente compra litros y litros de perfume y colonia, es apropiado hacerse la pregunta ¿Es saludable?

La especie humana empezó a utilizar fragancias de origen natural (de plantas aromáticas, por ejemplo) hace miles de años atrás, y esto se llegó a tecnificar bastante dando lugar a productos más elaborados: el perfume y la colonia. La costumbre, durante siglos y siglos fue sana y saludable puesto que se empleaban ingredientes seguros de origen natural. Lo malo fue que la tecnología de fabricación de los productos evolucionó para mal con el tiempo. Se incorporaron ingredientes de la química de síntesis en el siglo XX y, en la actualidad, la intensidad y la persistencia del olor del perfume y la colonia se basa, principalmente, en sustancias de origen artificial.

En los anuncios de la tele de estos productos vemos zagales y zagalas sanotes, radiantes de belleza y felicidad. Con este método, el cliente potencial acaba interiorizando que al comprar esos productos y utilizarlos, tal vez se le pegue algo. 

Algún lector avezado que sigue el blog desde hace años pensará que de esta temática hablé ya el 6 enero de 2020 (Que bien huelen las colonias y el perfume):

https://perroverdeweb.blogspot.com/2020/01/que-bien-huelen-las-colonias-y-el.html

Pero es que hoy os aporto información nueva. Para empezar, os quiero reseñar dos enlaces en los que se hace divulgación técnica y fácil de entender sobre los peligros ocultos tras las colonias, los perfumes y otros de los productos con olor. El primero de los enlaces (el de libres de contaminantes hormonales) además señala algunas de las marcas más famosas de colonias y el número de ingredientes nocivos (disruptores hormonales, alérgenos, tóxicos para el medio ambiente, etc.) por producto.

Análisis de ingredientes de perfumes (21-12-2021):

https://www.libresdecontaminanteshormonales.org/2021/12/21/analisis-de-ingredientes-

Perfumes

https://www.hogarsintoxicos.org/es/riesgos/perfumes

La parte más siniestra es que se nos niegue el derecho a podernos informar sobre lo que contiene lo que compramos. En efecto, al leer los ingredientes de colonias y perfumes, encontraréis uno denominado "fragancia" o "perfume". Tras estas palabras opacas se esconden ingredientes nocivos, para la salud y/o el medio ambiente, que el fabricante puede ocultar, gracias a que le ampara la ley del secreto comercial. Al resto de los mortales no nos ampara nada.

Antes de decidiros a comprar o a utilizar algún producto (sea regalo o no), os recomiendo que meditéis bien acerca de las enfermedades hormonales, el cáncer, las intolerancias, los problemas respiratorios (asma), etc, y os informéis bien. En definitiva, vuestra salud y la de los que os rodean es lo primero, y esto está íntimamente conectado a la contaminación de las aguas, la tierra y el aire. 

Cada vez hay más personas (en especial mujeres) a las que los olores fuertes y persistentes (colonias, ambientadores, suavizantes, etc.) les desencadenan síntomas cómo la migraña que son, realmente, incapacitantes; por algo será.

Alternativas

Me gusta acompañar de soluciones los problemas que señalo. En esta ocasión es complicado. Sin embargo, no es imposible. Me explico...

Para cualquier necesidad cosmética, de higiene corporal o del hogar, u otros, existe una amplia gama de opciones seguras, una diversidad de marcas que están utilizando ingredientes de origen natural al 100% y elaboran diferentes productos con una gradación de calidad y precios. Desgraciadamente, en cuanto a perfumes, colonias y aguas de rosas, encontrar un producto comercial 100% seguro es una asignatura pendiente. Yo, al menos, no he conseguido encontrar ninguno. 

En efecto, al hacer una búsqueda en Google, encontraréis colonias, perfumes y aguas de rosas que se anuncian cómo veganos, ecológicos, sostenibles y etc. No obstante, una vez que os pongáis a hacer la lectura de los ingredientes veréis la palabra "fragancia" o "perfume" y el fabricante no aclara si los ingredientes que la componen son de origen natural, ni tampoco, claro está, os enumera los ingredientes escondidos tras esos eufemismos legales.

Eso si, existen algunas marcas que se han ido poniendo las pilas y han creado algunos productos que son menos peligrosos. Es el caso de Sephora, por ejemplo. Esta marca tiene el Fleur de Cerisier que puntua 18,2 de 20 puntos en cuanto a seguridad en la web INCIBEAUTY, lo cual sería equivalente a sacar un 9 en un examen en el que el 10 es el sobresaliente. Os dejo el enlace:

https://incibeauty.com/es/produit/3378872158875

INCIBEAUTY es un buscador con el que podéis verificar la seguridad de los productos cosméticos antes de comprarlos y, además, también os permite buscar información sobre algún ingrediente en particular. Esto es tan fácil cómo introducir en la pestaña de búsqueda del siguiente enlace el texto y darle a buscar:

https://incibeauty.com/es/search/k/SEPHORA%20PARFUM

De todas formas, aclaro que los que tengáis Sensibilidad Química Múltiple (SQM) no deberíais utilizar ni exponeros a una colonia o perfume, ni ningún otro producto de cosmética, limpieza del hogar o higiene personal que no sea completamente de origen natural, requisito que la colonia de Sephora, por el momento, no cumple al 100%.

Otra opción es acudir a los aceites esenciales. De aceites esenciales los hay seguros, basados al 100% en la planta, arbusto o árbol, sin ningún aditivo más. Cuando los busquéis en Google, aseguraros antes de leer con detenimiento los ingredientes y ante la duda, consultar en INCIBEAUTY, o bien seguid buscando. Una de las marcas que ofrece una buena gama de aceites esenciales seguros es Santos Oleos; os pego el enlace:

https://santosoleos.com/categoria-producto/bienestar/?gclid=EAIaIQobChMIqpb92K6T9QIV1hoGAB2uWQiMEAAYASAAEgLDBfD_BwE

Por cierto, aviso: Los aceites esenciales no os los tiréis encima de la piel...por supuesto, tampoco hagáis eso con las colonias, perfumes o agua de rosas.  Si lo que queréis es oler bien, será cuestión de rociar unas gotitas del aceite esencial en la ropa (unas gotitas). Otra alternativa es añadir en la lavadora las gotitas pero con mesura; pensad que son aceites esenciales.

La última opción que os aporto es la de fabricar vosotros mismos el perfume o la colonia. En internet existe una buena oferta de recetas y también hay libros centrados en el tema. Tomad antes la precaución de cercioraros de que los ingredientes de la receta son seguros y manos a la obra.

El 6 de enero comienza la pesadilla

Finalmente, deciros que el día 6 de enero y los que le siguen son de los peores del año para una enferma de Sensibilidad Química Múltiple (SQM). No hay un lugar seguro para ellas; cualquier rincón de la ciudad o del campo huele a enfermedad. 

Por añadidura, es clásico que personas no diagnosticadas de SQM aunque si de problemas respiratorios (alergias, asma, etc.) sufran un empeoramiento ante la exposición a un perfume u otros productos con capacidad de ser irritantes (ok ¿primos?). No lo digo yo, lo dicen páginas especializadas en medicina; consultad por ejemplo:

https://www.msdmanuals.com/es-es/hogar/trastornos-del-pulm%C3%B3n-y-las-v%C3%ADas-respiratorias/asma/asma

Dicho esto, no entiendo por qué narices los profesionales de la medicina llevan colonias y demás en hospitales y otros centros asistenciales (ambulatorios, etc.) ¿No lo aprenden en las facultades o es que les da igual la salud de las personas? ¿Por qué lo permiten los políticos? ¿No se puede fumar pero si embadurnarse de sustancias irritantes?

El 6 de enero regala felicidad, no enfermedad ni contaminación.

domingo, 16 de mayo de 2021

La SQM en TV3 (III)

 

Cuando comes también ingieres restos de plaguicidas derivados del petróleo.

El artista invitado: el sistema inmunitario

En nuestra era moderna gozamos de una variante de las ciencias de la salud cercana a la metafísica. Tal variante la integran ciertos psicólogos, psiquiatras y profesionales de corto recorrido que pretenden explicar nuestros problemas de salud orgánicos a través de las emociones; y además se lo toman en serio.

 

En las ciencias de la salud observo que cuando no se conoce con exactitud la patogenia de un problema de salud, con frecuencia se le adhiere la etiqueta de trastorno somatomorfo, psicogénico y etc. Es en esas lagunas de la especulación donde mejor proliferan las habilidades cercanas al ilusionismo y la prestidigitación, y son todo un mercado floreciente de elucubraciones. Allá ellos y los ingenuos que se los crean. Corramos un estúpido velo y sigamos a lo nuestro.

 

Desde que me puse a leer literatura científica sobre la SQM hace ya cosa de un año y medio, me sentí sobrecogido por las incongruencias, las lagunas, las opiniones y conclusiones rotundas emitidas sin rigor científico, y las grandes chapuzas publicadas. A medida que pasa el tiempo, he ido barriendo a los diferentes supuestos expertos patrios de mí estantería a fuerza de verlos entrar en contradicciones en hechos y publicaciones, guiados aparentemente por la arbitrariedad más que por cambios en los avances en el conocimiento de la enfermedad.

 

Las alergias afectan básicamente a las vías respiratorias y a la piel que son las partes más expuestas a los agentes externos…el sistema límbico no es un actor principal en estas lides.

 

Ciertamente, no entiendo la manía de negar con absolutismo cualquier relación del sistema inmunitario con la SQM. No se conocen más que una ínfima parte de los mecanismos de nuestro sistema de defensa; EXISTEN MUCHAS MÁS PREGUNTAS SIN QUE CON RESPUESTAS.

 

Ni tan siquiera las pruebas más comunes y utilizadas en el diagnóstico de alergia son infalibles ¿Cómo pueden atreverse a negar categóricamente algo bastante plausible cuando la SQM se caracteriza por el altísimo grado de desconocimiento existente? En ciencia actuar así significa exponerse a caer al vacío y entrar en el olimpo del descrédito porqué tarde o temprano sabemos que los investigadores honestos, honrados, valientes y con talento, por mucho que los corruptos quieran evitarlo, describirán la verdad.

 

Ahora es cuando recupero la anafilaxia, la reacción anafilactoide y entro a describir por encima la similitud entre sus síntomas y los de una SQM. Paso a enumerar los síntomas que comparten:

      Bronquios: tos, sibilancias, dificultad respiratoria, opresión

      Laringe: disfonía, problemas para tragar

      Nariz: congestión, segregación, picor

   Ojos: picor, escozor, problemas diversos relacionados con las glándulas de meibomio (p. ej. blefaritis, meibomitis), enrojecimiento de los ojos (derrame ocular, etc.)

      Piel: rojez de piel (eritrodermia) y picores en todo el cuerpo

      Sistema digestivo: inflamación del intestino, dolor, diarrea, vómitos.

     Aparato circulatorio: convulsiones, bajada de la tensión arterial, taquicardia, y todos los síntomas asociados (encontrarse fatal y mareada).

     Cerebro: Depende del tipo de la gravedad y el tiempo que dura, puede causar daños irreparables en el cerebro.

      Otros: calor, mucha sed, dolor de cabeza (MIGRAÑA), etc.

Por supuesto, la muerte es una de las consecuencias derivadas de la anafilaxia. El tema no va de broma. Cualquier enferma de SQM se habrá visto representada por esta enumeración de problemas ya que los sufre a partir de la exposición a las sustancias que le sientan fatal.

Por cierto ¿Sabéis cómo se trata una anafilaxia? Aparte de la adrenalina, se administran corticoides y antihistamínicos ¿Sabéis que se le aplica a una enferma de SQM ingresada en un hospital en plena crisis? Corticoides y antihistamínicos ¡¡Y funcionan!! Se consigue estabilizar a una enferma de SQM con estos remedios, siempre que se evite exponerlas de nuevo a aquello que le hace empeorar.

 

Paradójicamente, al leer las recomendaciones que el doctor ocupado de la unidad especializada en SQM del Hospital Clínic elaboró y firmó en mayo del 2020 se desprende que siguen exponiendo a las enfermas a productos no tolerados. Las recomendaciones fueron publicadas íntegramente y comentadas el 31 de octubre de 2020 en Perro Verde (Hospital Clínic (V):

 

https://perroverdeweb.blogspot.com/2020/10/

 

Tened cuidado no os explote la cabeza al leerlas. La Generalitat de Catalunya las conoce y las aprueba. Un país normal, dicen…jajajajaja.

 

Una vez entrados en materia, me apetece hablar de la navaja de Ockham. La navaja de Ockham es un principio aplicadísimo en ciencia que permite guiar la investigación y la formulación de teorías con las que se pretenden explicar fenómenos determinados ¿Qué dice este principio? Es sentido común en esencia pura y dice que “En igualdad de condiciones, la explicación más sencilla suele ser la más probable”. Esto no siempre es así, pero, generalmente, suele ser cierto.

 

En lo referente a la patogenia (causa y desarrollo de la enfermedad) de la SQM, la ciencia ha propuesto diferentes hipótesis, aunque ninguna de ellas reúne un conjunto robusto de evidencias científicas que la sustenten de forma suficientemente convincente. Sin embargo, es sorprendente que la investigación centrada en profundizar acerca de la intervención y la mediación del sistema inmune en la SQM haya sido ínfima y no exista una hipótesis que apueste fuertemente por esta posibilidad más que plausible. En resumen, misteriosamente, casi la globalidad de la comunidad científica le ha dado totalmente la espalda al principio de la navaja de Ockham y lo han enterrado bajo una gruesa capa de hormigón armado.

 

Es de sentido común ¿Por qué complicarse la vida investigando la causa más retorcida? ¿Por qué perder el tiempo y el dinero intentando demostrar las hipótesis más extrañas e insólitas? ¿No sería más productivo dedicar todos los esfuerzos científicos en profundizar, en estudiar y tratar a las pacientes desde un punto de vista de una posible anafilaxia? ¿Por qué no esforzarse en esclarecer más sobre la relación de los mecanismos del sistema inmune con la SQM? En circunstancias similares, la ciencia no actúa así nunca…el por qué se volvió estúpida de narices (nunca mejor dicho) con la SQM se lo debemos a los intereses macroeconómicos de una minoría.

 

Tras décadas después de haberse descrito la SQM por la ciencia, sigue siendo una patología infraestudiada, pobrísima en número de publicaciones, y en su calidad ya ni digamos ¿Acaso la industria al completo va a permitir descubrimientos que socaven sus cimientos?

 

Las pruebas de alergia

¡¡Sorpresa!! ¡¡Las pruebas de alergia proporcionan falsos negativos!!

 

Os pondré un ejemplo cercano. A un familiar lo sometieron a una batería de la GEIDAC (Grupo Español de Investigación de Dermatitis de Contacto y Alergia Cutánea). Es una prueba en la que te llenan toda la espalda de unos minúsculos parches con sustancias (derivados del petróleo, etc.) que se usan en apósitos y multitud de artículos (de cosmética, etc.). Mí familiar no tuvo ninguna reacción externa visible. Cómo le estaban sometiendo a un estudio minucioso de alergias, entre otros, por sus problemas de salud, en el mismo hospital la misma semana le hicieron una extracción de sangre. Le colocaron una tirita, normal. Justo después tenía visita con el doctor de medicina interna que guiaba todas las indagaciones. El doctor pudo apreciar la reacción cutánea mayúscula y la catalogó como tal, sin mostrar ninguna sorpresa ante el falso negativo puesto que la fiabilidad de las pruebas de alergia es la que es.


La reacción de mí familiar a la tirita minutos después de llevarla.


La reacción a la tirita es algo que mí familiar sabía de antemano que pasaría; le ocurre siempre con los esparadrapos, las tiritas, etc. La batería de la GEIDAC incluía la sustancia de adhesión de la tirita, aunque en tan poca concentración y cantidad que no llegó a desencadenar ninguna reacción. Un fiasco, vaya.

 

No pasa nada por ser humildes, honestos y honrados y reconocer que la ciencia tiene sus limitaciones, máxime cuando han sido descritas en artículos científicos. Lo actitud contraria va más con la religión. En cualquier caso, si algunos sentís interés por buscar información acerca de los falsos negativos en pruebas de dermatitis de contacto, encontraréis que, por ejemplo, con el formaldehido hay trabajos que ilustran tal hecho incluso en personas con una alta sensibilidad demostrada a la sustancia.

 

Quién reacciona a las pruebas de provocación con síntomas visibles es porqué, generalmente, tiene un grado altísimo de rechazo a


la sustancia y un nivel de tolerancia bajísimo. Una persona puede no desencadenar una reacción física obvia en un corto período de tiempo a una minúscula exposición, lo cual no es sinónimo de que el sistema inmunitario no reaccione o no esté sensibilizado respecto a la exposición al producto en si.

 

En lo relativo a las pruebas a alérgenos de origen natural, se asume que, por ejemplo, una persona que desarrolla los síntomas clásicos de una alergia al polen de una especie vegetal cuando lo respira, experimentará una reacción cutánea durante la exposición a un pequeñísimo parche cutáneo aplicado durante unos pocos minutos. Sin embargo, es conocido que personas que desarrollan el compendio de síntomas clásicos de reacción al estar en ambientes con una especie vegetal concreta en su pico de floración, no dan positivo con las pruebas cutáneas.

 

Y aún nos quedarían por nombrar las grandes lagunas en cuanto a reacciones del sistema inmunitario a alimentos, para lo cual existen pocas pruebas que estén aceptadas por la comunidad científica sin fisuras.

 

Adicionalmente, cabe comentar que no se mide la reacción, el efecto combinado de varias sustancias en personas con sospecha de alergia y demás.

 

En definitiva, después de sopesar tantos elementos críticos, me parece una concepción burda, errónea y simplista, nada ajustada al conocimiento científico existente, que se niegue con fervor de creyente que la SQM no pueda guardar relación con nuestro sistema de defensas ¿Por qué no se afronta de una vez que existen compuestos orgánicos volátiles con capacidad de sobras de crear un daño físico en las afectadas de SQM por su estructura molecular?

 

Hasta el momento no hay ninguna hipótesis comprobada sobre el mecanismo desencadenante y los mediadores de la SQM; no existe certeza científica PORQUÉ NO EXISTE INVESTIGACIÓN DE CALIDAD. Tan solo hay hipótesis sin comprobar de forma sólida Y MUCHA OBSTINACIÓN Y TOZUDEZ EN IMPONER MEDIÁTICA Y CIENTÍFICAMENTE LA HIPÓTESIS PSICOGÉNICA Y ESTIGMATIZAR A LAS PACIENTES AL SEÑALAR SU PARTE SENSITIVA CÓMO RAÍZ DEL PROBLEMA.

 

La doctora Carme Valls-Llobet sabe de primera mano que el sistema sanitario público catalán no lleva a cabo de forma sistemática un estudio profundo de alergia y reacciones diversas a las enfermas de SQM que incluya la inhalación de cloro o metacolina, por ejemplo, o las pruebas de alergia más convencionales, cómo las cutáneas. Lo cierto es que las enfermas debieran ser exploradas y bien estudiadas en cuanto marcadores y pruebas justamente cuando tienen una crisis (¡¡¡al momento!!!), y no meses después. Este esquema es el que se aplica a personas sospechosas de padecer enfermedades autoinmunes por su clínica pero que han reflejados previos negativos en los marcadores de las pruebas diagnósticas hechas a tal efecto.

 

Pero ¿Hay algo que se haga bien con las enfermas de SQM?

 

La exposición laboral, el sistema endocrino y la SQM

Hay un momento clave en la entrevista a la Doctora y se produce cuando el periodista, acertadamente, pregunta el por qué unas personas desarrollan la SQM y otras no. Os menciono dos certezas descritas por la ciencia que son bastante reveladoras:

  •      Las personas afectadas suelen haber sufrido niveles de exposición (laboral, mayormente) a productos químicos (especialmente derivados del petróleo y productos de limpieza, etc.) por encima de la mayoría del resto de ciudadanos.

En efecto, el grado y el tiempo de exposición explica bastante el hecho de que unas personas enfermen de SQM y otras no, ya que es un patrón que se repite diferencialmente en las pacientes con respecto el resto de la población.

También se sabe que no todos reaccionamos igual a los contaminantes ¿No? Unos quizá desarrollen una enfermedad autoinmune, otros un cáncer agresivo, etc.

  •      Otro factor conocido es el sexo. Las mujeres son las más afectadas, igual que ocurre con las enfermedades autoinmunes, y es que las mujeres tienen un sistema endocrino muy diferente al del hombre.

Tales hechos clave en la comprensión de la SQM son los que cualquier entendido respondería a la pregunta que le hace el entrevistador a la doctora ¿Por qué no habló de ello?

Tocando el sistema endocrino, las enfermas de SQM padecen síntomas que le muestran cómo sospechoso. Tienen serios y claros problemas de homeostasis en múltiples direcciones:

  • Termoregulación
  • Procesos inflamatorios sin causas aparentes: en piel, en ojos, en articulaciones, en musculatura, en órganos, etc.
  • El insomnio y el malestar se agrava cuando hay cambios de clima, o con las fases lunares, o con tormentas eléctricas, etc.
  • Y la evidencia más clara es que respecto a enfermedades endocrinas, las enfermas de SQM tienen una alta incidencia. Por ejemplo, en Canadá el 13,8% de los diagnosticados de SQM también lo estaban de problemas de tiroides mientras que en la población sin SQM la prevalencia era de un 5,6%, menos de la mitad (ver Marshall et al. 2011).

¿Por qué no mencionó el sistema endocrino? ¿No es archiconocida la asociación bestial de los disruptores hormonales que derivan del petróleo con muchas de las enfermedades emergentes durante las últimas décadas? El año pasado dediqué varios posts centrados en esta temática, reunidos bajo el título Los Disruptores hormonales…por si queréis dar un vistazo.

 

Bibliografía

A scientific review of multiple chemical sensitivity: identifying key research needs (2008) Working Draft Report prepared by the National Industrial Chemicals Notification and Assessment Scheme (NICNAS) and the Office of Chemical Safety and Environmental Health (OCS)

Badry, A.; Krone, O.; Jaspers, V. L. B.; Mateo, R.; García-Fernández, A.; Leivits, M. & Shore, R. F. (2020) Towards harmonisation of chemical monitoring using avian apex predators: Identification of key species for pan-European biomonitoring. Science of Total Environment, 731.

Belpomme, D., Campagnac, C. & Irigaray, P. (2015) Reliable disease biomarkers characterizing and identifying electrohipersensitivity and multiple chemical sensitivity as two etiopathogenic aspects of a unique pathological disorder. Rev. Environ. Health, 30 (4).

Documento de consenso. Sensibilidad Química Múltiple (2011) Ministerio de Sanidad, Política social e Igualdad.

Fernández-Solà, J. & Nogué, S. (2013) Sensibilidad Química y Ambiental Múltiple. Sobrevivir en un Entorno Tóxico.

Levallois P. (2002) Hypersensitivity of human subjects to environmental electric and magnetic field exposure: a review of the literature. Environ Health Perspect, 110(Suppl 4).

Marshall L, Bested A, Molot J, Kerr K, Bray RI (2011) Environmental Sensitivities-Multiple Chemical Sensitivities Status Report (Advances in Knowledge, and Current Services Gaps). Environmental Healp Clinics; Women’s College Hospital, Toronto.

 

Nogué Xarau, S; Dueñas Laita, A; Ferrer Dufol, A; Fernández Solà, J (2011) Sensibilidad Química Múltiple. Med Clin (Barc), 136 (15).

 

Yunus MB. 2007. Fybromyalgia and Overlapping Disorders: The Unifying Concept of Central Sensitivity Syndromes. Semin Arthritis Rheum, 36.


viernes, 1 de enero de 2021

Hospital Clínic (la lista del Doctor X (III))

 

La SQM no es solo cuestión de narices.


Pesticidas, contaminantes atmosféricos, perfumes, plásticos, etc

Bell (1992) hace otras apreciaciones interesantes respecto a los problemas psicológicos y mentales, y su relación con los productos químicos artificiales:

Los investigadores psiquiátricos ya habían planteado la posibilidad de que la presencia de depresión mayor en ciertos pacientes indique una vulnerabilidad neuroquímica incrustada a ciertos químicos ambientales como los pesticidas organofosforados (Rosenthal & Cameron, 1991). Estos últimos agentes elevan los niveles de acetilcolina en el cerebro, un efecto que puede inducir depresión en personas susceptibles (Dilsaver, 1986).

Las personas propensas a la ansiedad también pueden tener defectos neuroquímicos inherentes que las hacen particularmente susceptibles a ciertas sustancias químicas ambientales. Por ejemplo, los medicamentos y ciertos pesticidas como el lindano que pueden antagonizar los receptores del neurotransmisor inhibidor ácido gamma-aminobutírico (GABA) tienen propiedades ansiogénicas aparentes en animales y humanos (Llorens et al., 1990), opuestas a las de los medicamentos contra la ansiedad como las benzodiazepinas. Dager et al. (1987) han planteado la hipótesis de que la exposición ocupacional a solventes podría inducir un trastorno de pánico, posiblemente activando un proceso de encendido en el sistema límbico.

Bell (1992) refiere un trabajo de los 70s que vincula alteraciones del comportamiento a contaminantes. Bokina et al. (1976) informaron de un modelo de conejo de intolerancia a contaminantes ambientales a dosis bajas y que bajas concentraciones de contaminantes combinadas con una carga funcional (luz intermitente rítmica) desencadenaban una actividad paroxística anormal en el bulbo olfatorio y la amígdala corticomedical después de una exposición inicial a altas concentraciones de los mismos contaminantes. Además, Bokina et al. (1976) hallaron alteraciones en los potenciales evocados visuales durante la exposición crónica a bajas concentraciones de formaldehído y ozono. Los potenciales evocados son pruebas en las que se somete a pacientes, y también a animales de laboratorio, a una serie de estímulos y se registra la respuesta cerebral desencadenada.

Fijémonos, pues, que la acción de los contaminantes atmosféricos en la conducta ya se investigaba en los años 70s con datos preocupantes sobre sus efectos y los plausibles mecanismos de acción, lo que llevó en parte a postular las hipótesis que relacionaban esta huella planetaria de los humanos con la SQM. Las investigaciones continuaron durante los 80s y los 90s, y algunas de ellas son recogidas por Bell (1992) en los siguientes párrafos.

Lorig y sus colegas (Lorig y Schwartz, 1988; Lorig et al., 1988; Lorig, 1989; Lorig et al., 1990; Lorig et al., 1991) realizaron una serie de estudios sobre los efectos de los olores de baja concentración sobre las respuestas electroencefalográficas, el estado de ánimo y la actividad cognitiva en sujetos humanos normales (Lorig et al., 1990; 1991). Sus hallazgos sugerían que los olores químicos por debajo del umbral olfativo (es decir, que son conscientemente indetectables) producen, no obstante, distintas respuestas electroencefalográficas, empeoramiento del estado de ánimo y peor rendimiento en una tarea de búsqueda visual (Lorig et al., 1991).

Lorig et al. (1991) también examinaron los potenciales evocados durante una prueba común de atención auditiva y observaron un aumento de la amplitud de la onda P200 de la línea media incluso a una baja concentración no detectada de un componente de perfume común (galaxólido). Los hallazgos del P200 indicaron que incluso los productos químicos no detectados en el aire pueden tener una influencia disruptiva en los procesos de atención. Además, en otra investigación, informaron que la actividad de la frecuencia alfa del EEG en el hemisferio izquierdo era menor y la actividad beta del EEG mostró una mayor diversidad espacial entre las regiones posterior y anterior durante la respiración nasal que durante la respiración bucal del aire de la habitación interior sin filtrar (Lorig et al., 1988). Llegaron a la conclusión de que los olores no detectados en el aire interior inhalado a través de la nariz ejercen un efecto distinto sobre la función cerebral fuera de la conciencia o los cambios debidos a la percepción sensorial (Lorig et al., 1988). Por lo tanto, a pesar de la ubicación subcortical del sistema olfativo, sus amplias conexiones con el prosencéfalo proporcionan el sustrato neuroanatómico y neurofisiológico para los efectos generales de los niveles bajos de sustancias químicas ambientales en el EEG y los comportamientos regulados por el sistema límbico.

Bokina et al. (1976) además observaron cambios en los parámetros de la respuesta primaria y secundaria de los potenciales evocados visuales que eran indicativos de los procesos inhibitorios corticales. Los procesos inhibitorios son algo así como el control que se tiene para evitar los actos automáticos y tener un comportamiento derivado de la atención (concentración) y el razonamiento. Describieron que en experimentos humanos la inhalación reiterada de concentraciones subsensoriales (no detectables por nuestros sentidos) de disulfuro de carbono perturbó la ejecución de movimientos de fina coordinación (escritura, ejercicios aritméticos).

En definitiva, los efectos negativos de los contaminantes sobre el cerebro, el sistema nervioso, etc., es un aspecto estudiado clásicamente a lo largo de la historia y la bibliografía técnica que lo prueba, abunda. Tienen la capacidad de hacernos más tontos, más torpes, más débiles, más primitivos…¿Ayuda todo ello a que consumamos más y/o demos menos problemas? Apuesto a que sí.

Daos cuenta de que la revisión de Bell (1992) es un trabajo incluido en la lista del Doctor X y en él se desgrana un conjunto de experiencias y evidencias científicas, y de argumentaciones, publicadas en revistas indexadas, que dan consistencia a la hipótesis del origen orgánico de la SQM. Lejos de contemplar la duda razonable, el Doctor X y el Hospital Clínic se decantan firmemente por las hipótesis psicogénicas, y no tienen ningún complejo al plasmarlo en documentos oficiales, sea en recomendaciones o en un informe diagnóstico, y tampoco rectifican su actitud cuando se hace una crítica fundamentada en la literatura técnica.

Ante la duda objetiva del mal que se puede provocar al enfermo, tenemos que hacer un acto de fe ciega y creer en ellos a pie juntillas. 

Eso no es ciencia, es otra cosa.

Elberling et al. (2007) llevaron a cabo un experimento de exposición a perfume comparando un grupo de pacientes con asma y alergia al contacto con estas sustancias y otro grupo sin este problema. Los resultados indicaban un aumento de liberación de la histamina de los basófilos cómo respuesta a la exposición en el grupo de pacientes con asma y alergia.

La histamina es uno de los parámetros alterados entre enfermos de Síndromes de Sensibilización Central (SSC). Desde un tiempo hasta ahora los valores de histamina por encima de lo normal han servido para que saliera ese artefacto pseudocientífico del Déficit de DAO (Diaminoxidasa) como pretendida explicación a toda la sintomatología y cuadro de patologías del enfermo. Pacientes diagnosticados de Déficit de DAO perdieron el tiempo, la salud y el dinero por ello (suplementos de laboratorio, etc.), y después de sufrir y empeorar durante años resultó ser que eran enfermos de SSC. La histamina era un parámetro alterado más de todo el cuadro global de su enfermedad sistémica.

El conjunto de evidencias que fortalecen la hipótesis del origen orgánico es extensible al ADN. En diversos estudios se encontró que los enfermos de SQM diferían más de un 1% en la secuencia genética del ADN (polimorfismo genético) respecto a las personas que no lo sufren (La Du et al. 2001; McKeown-Eyssen et al. 2004; Furlong et al. 2005; Schnakenberg et al. 2007; Muller & Schnakenberg 2008). A escala metabólica, De Luca et al. (2019) evidenciaron una diferencia entre los enfermos de SQM y el resto de la población (inhibición de la expresión/actividad de enzimas metabolizantes y antioxidantes).

Actualmente, está aceptado por la comunidad científica que la respuesta monotónica no es válida para todas las sustancias y que buena parte de ellas a niveles extremadamente bajos son capaces de producir un efecto negativo en el sistema inmune y endocrino. Con anterioridad, en los posts agrupados en Los disruptores hormonales, traté sobre la epigenética y toda esta cuestión. Es de sobras aceptado por la ciencia que ciertas enfermedades no se manifiestan si no interviene un elemento concreto que determina la expresión del gen involucrado. Es decir, sin ese digamos estimulante de la expresión del gen posiblemente la enfermedad no se desarrollaría, y la eliminación de ese desencadenante podría hacer disminuir el problema de salud (Genuis 2008). En cuanto a ello, la ciencia ha reflejado suficientemente el peso de las sustancias químicas artificiales cómo agentes desencadenantes.

A lo largo de las últimas décadas se ha intensificado exponencialmente la preocupación y la alarma por el impacto del plástico en los ecosistemas, en la biodiversidad y en la especie humana. Tenemos al plástico en el agua que bebemos, en el mar, en lo que comemos y ya forma parte de nuestro cuerpo. Nos caracterizamos por invadir el mundo de plástico, un derivado del petróleo, en una línea ascendente, y el mundo nos lo devuelve. Los científicos denominan a nuestra época cómo el Plásticoceno y seguimos igual, nos gusta.

El plástico se disgrega en micropartículas y nanopartículas, fragmentos tan diminutos que tienen la capacidad de traspasar las membranas celulares y alojarse dentro. Pese a las grandes dificultades técnicas que comporta el estudio de las nanopartículas de plástico, la ciencia experimental ha logrado avanzar tanto como para probar diversos efectos negativos en los organismos vivos (p. ej. Brandts et al. 2018):

  • Daños en el ADN
  • Estrés oxidativo
  • Pueden aumentar la toxicidad de otros contaminantes

Los microplásticos en los humanos pueden producir citotoxicidad, hipersensibilidad, respuestas inmunes no deseadas, respuestas agudas cómo la hemólisis (Hwan et al. 2019). Si os apetece profundizar, hay revisiones recientes sobre sus efectos en nuestra salud (Campanale et al. 2020, Teles et al. 2020). Teles et al. (2020) nos explican que las nanopartículas de plástico pueden producir alteraciones en la absorción de nutrientes, reacciones inflamatorias en el revestimiento intestinal, cambios en la composición y funcionalidad del microbioma intestinal, efectos en el metabolismo y la capacidad de producción de energía del cuerpo y alteraciones en las respuestas del sistema inmune. La exposición a largo plazo y la acumulación transgeneracional podría provocar cambios en el genoma, hecho testado en experimentos con animales (Teles et al. 2020). A través de este enlace es consultable una reseña más extensa:

https://www.uab.cat/web/sala-de-prensa/detalle-noticia/los-nanoplasticos-alteran-el-microbioma-intestinal-y-pueden-afectar-la-salud-de-los-organismos-acuaticos-y-la-salud-humana-1345667994339.html?noticiaid=1345831651780

El párrafo anterior alumbra a unos de los culpables de muchos de los graves problemas de salud emergentes. Un enfermo de SSC se verá reflejado en él. Mientras tanto, el negacionismo seguirá anclado en su posición anacrónica, rancia y casposa, buscando estrategias con las que desviar la atención de la fuente de los problemas.

Siglos atrás sufrimos a la Santa Inquisición.

Actualmente, el oscurantismo no se escuda en la cruz sino en la ciencia afín a la industria.

¿Será eso de la colaboración público-privada?

Mucho de lo que se conoce del daño de los contaminantes en nuestra salud proviene de la experimentación con animales y in vitro en laboratorio, mediante la exposición controlada y medida, y aplicando avances tecnológicos que, por supuesto, para la asistencia sanitaria pública son sencillamente ciencia ficción. Es una obviedad, pero merece la pena comentar que el estudio profundo de los efectos de los contaminantes entendido cómo causa-efecto no se puede practicar en humanos, por limitaciones éticas (¿O vamos a exponer a personas en un laboratorio a cargas peligrosas de tóxicos para ver cómo reaccionan?). La industria y sus secuaces acostumbran a escudarse tras la falta de evidencias que demuestren el efecto negativo en humanos. Evidentemente, los mecanismos celulares de un pez (u otros vertebrados) y los humanos difieren muy poquito en muchos sentidos ¿No lo saben? Si que son ignorantes.

Luego es conveniente resaltar la tremenda limitación técnica que implica estudiar a una escala tan minúscula el efecto en células humanas o en animales de contaminantes de una forma profunda a corto, medio y largo plazo. Añadamos el efecto cruzado de diversas sustancias, la escalada de entrada en el mercado de nuevos tóxicos, y en formatos nuevos (nanotecnología, etc.). Todo ello representa un desafío tecnológico más allá de lo posible hoy en día.

El mal va más rápido que el bien y alcanza cualquier rincón.

Seguimos sufriendo personajes que niegan el origen orgánico de enfermedades que, por todas sus manifestaciones, su incidencia y las evidencias conocidas, son altamente sospechosas de haber sido provocadas por los contaminantes. Y lo hacen sin arremangarse, sin utilizar medios tecnológicos adecuados, sin tener ni pajolera idea de la sustancia que tocan, con una argumentación que es un insulto a la inteligencia.

Somos cada vez más los que sabemos que vamos muy mal y eso tendría que bastar. La realidad nos dice, sin embargo, que el año 2010 la demanda de plástico de la Unión Europea se estimó en 46,4 millones de toneladas, repartidos en dos tipos: los usados para la alimentación y los artículos de consumo, y los empleados en la construcción (PlasticsEurope 2013). La consecuencia de nuestro modelo de sociedad se traduce en que el mismo año entre 4,8 y 12,7 millones de toneladas de plástico fueron a parar al océano (Jambeck et al. 2015).

Grob et al. (2006) consideraron que la mayor fuente de exposición de las personas a los contaminantes asociados con los plásticos (aditivos, etc.) es el plástico del envasado de los alimentos (botellas, bandejas, etc.). Y sólo una pequeña parte de los miles de sustancias que pueden presentarse en estos productos han sido objeto de pruebas exhaustivas en cuanto al potencial de alterar la salud humana (Claudio 2012).

Piensa en todo ello cuando vayas a comprar, se un consumidor y ciudadano inteligente.

Ganan millones y millones de euros poniendo en riesgo tú salud, la de tus hijos y el medio ambiente.

 

Bibliografía

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Brandts, M. Teles, A.P. Gonçalves, A. Barreto, L. Franco-Martinez, A. Tvarijonaviciute, 2018. Effects of nanoplastics on Mytilus galloprovincialis after individual and combined exposure with carbamazepine. Science of the Total Environment, 643.

Campanale, C., Massarelli C., Savino I., Locaputo V., Uricchio VF. 2020. A Detailed Review Study on Potential Effects of Microplastics and Additives of Concern on Human Health. Int. J. Environ. Res. Public Health, 17.

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Teles, M.; Balasch, J.C.; Oliveira, M.; Sardans, J.; Peñuelas, J. 2020. Insights on nanoplastics effects on human Health. Science Bulletin.


domingo, 20 de diciembre de 2020

Hospital Clínic (La lista del Doctor X (I))

 


Leo artículos científicos desde principios de la década de los 90s. Sorpresas desagradables había tenido y me equivocaba cuando creía que estaba curado de espanto. No era así. Hasta finales del 2019 no había topado con una temática tan vergonzosamente tratada cómo los conocidos en el mundo de la ciencia cómo Síndromes de la Sensibilización Central (SSC): Fibromialgia (FM), Síndrome de la Fatiga Crónica/Encefalomielitis miálgica (SFC/EM), Sensibilidad Química Múltiple (SQM) y Electrohipersensibilidda (EHS).

Ciertamente, leyendo literatura científica sobre otras ramas del conocimiento científico se intuyen y ven los tentáculos de lobbies del poder económico y quién los abraza amorosamente. Todo y esto, la costumbre es guardar ciertas formas y hay más o menos un equilibrio de fuerzas, entre los que se juegan el físico defendiendo digamos el interés general y los que no.

A guardar las formas me refiero al estilo en el redactado de un artículo, al diseño del método, a la muestra utilizada, etc. Primeramente, en ciencia la moderación, la prudencia y el rigor son esenciales. Esto es así porqué es mayor el tamaño de lo desconocido que lo que se conoce, y a medida que se avanza en investigación lo que años atrás parecía cercano a la certeza se acaba viendo que era erróneo, o sólo parcialmente cierto. La historia de la ciencia está repleta de ejemplos que lo atestiguan. Por esto mismo, una vez que uno o varios científicos publican un trabajo en el que han llegado a unas conclusiones estadísticas, el lenguaje que se emplea se caracteriza por ser conservador y prudente. Es poco elegante y desaconsejable emitir conclusiones rotundas que en unos años podrían ser el hazmerreír y acabar con el prestigio de los autores. Por ejemplo, en ciencia es habitual construir frases de este tipo:

“La asociación que hemos encontrado en nuestra investigación entre los enfermos y su ocupación profesional sugiere que el síndrome de la sensibilidad química múltiple (SQM) podría estar relacionado con la exposición laboral reiterada a productos derivados del petróleo”

“La prevalencia de enfermos de SQM, según nuestro estudio, se asocia a regiones donde los niveles de contaminación atmosférica son mayores y, en particular, a las inmediaciones de las industrias petroquímicas. Todo ello sería consistente con un origen orgánico de la enfermedad.”

Daos cuenta del empleo de verbos en modo condicional, y los verbos utilizados, etc. Eso es ser un científico prudente y RIGUROSO, máxime especialmente en temáticas polémicas en las que existen muchos interrogantes y se carece de un consenso basado en una colección de evidencias concluyentes en la misma dirección. Pues respecto a trabajos de investigación de los SSC, lo que he observado frecuentemente después de revisar más de 100 artículos es justamente lo contrario: sentencias rotundas sin base científica sólida, especulaciones y hasta juicios de valor vergonzosos. Justamente, se suelen prodigar en ello los que niegan una base orgánica de los síndromes y apuntan a un trastorno mental en calidad de desencadenante y/o mediador.

 

La lista del Doctor X

En el post del 28 de noviembre (Hospital Clínic (VI)) colgué la lista de referencias que un doctor del Hospital Clínic adjuntaba a la respuesta dirigida a la reclamación de FXMV en relación con el informe diagnóstico de SQM redactado por el mismo doctor. De aquí en adelante me referiré a la lista con el nombre de lista del Doctor X.

Llega el momento de hablar de esos trabajos citados en la lista. En total eran 105 referencias, 95 artículos científicos de 45 revistas diferentes. Entre los artículos había algunos que no trataban la SQM y 6 referencias más que tampoco lo hacían. El resto eran unos pocos libros.

De los 95 artículos científicos, en 76 (el 80% del total) hay autores que son psicólogos o psiquiatras, y en algunos hasta están presentes ambos. Es digno de estudio el cómo un profesional de un Hospital público de referencia (Hospital Clínic) que está destinado a la Unidad de toxicología, centra su atención casi exclusivamente en literatura de SQM cuyos autores pertenecen a las especialidades de psicología y psiquiatría. Así no me extrañan sus recomendaciones, informes de diagnóstico, etc. Imaginemos a un oncólogo (cáncer) que focaliza su atención en leer artículos de investigación sobre el cáncer que hacen los psicólogos y psiquiatras …nos causaría estupor, desconfianza y escalofríos.

En cambio, en cuanto al manejo y abordaje de la SQM hemos normalizado este comportamiento.

Este es el tipo de cosas que uno espera que despierten indignación y crítica feroz en las redes sociales. Sin embargo, en nuestra frívola sociedad andamos obsesionados por el continente y dejamos en el olvido al contenido.

De los 95 artículos de la lista del Doctor X, solamente 84 (88%) tratan puramente la SQM y 14 (17%) de ellos se publicaron en revistas de psicología/psiquiatría. A continuación, os muestro una tabla donde encontraréis un listado de todas las revistas, el número de artículos por revista y el factor de impacto científico de cada revista para el 2019 (según Scijournal). El factor de impacto científico es un indicador que mide la importancia de cada revista, cuanto mayor es, mayor es su prestigio científico.

 


A partir de esta tabla he calculado la proporción de artículos, según diferentes categorías del impacto científico de las revistas donde fueron publicados (ver tabla siguiente). Se aprecia que 56 (el 67%) de los artículos fueron publicados en revistas con un factor de impacto más bien bajo (inferior a 5), 26 (el 31%) en revistas de impacto inferior a 3. Un 33% se publicaron en revistas con un impacto entre 5 y 12. Ninguno de ellos se publicó en revistas que superaran el factor 12.


Cuando la ciencia hace trampas (una mirada en profundidad sobre esos trabajos)

Leyendo diferentes trabajos encuentras datos abrumadores que apuntan hacía un origen orgánico de la SQM y otros graves problemas de salud crónicos que se engloban en los Síndromes de la Sensibilización Central. Thomas et al. (2006) hicieron un trabajo centrado en los veteranos de la Guerra del Golfo y encontraron que eran aproximadamente tres veces y media más propensos que lo veteranos que no fueron a esa guerra a informar SQM o una enfermedad crónica de síntomas múltiples.

La Guerra del Golfo se caracterizó por la megaexposición a derivados del petróleo y otras sustancias tóxicas.

Afortunadamente, dentro de la bibliografía que aportaba el Doctor X algún trabajillo había, casi excepcionalmente, que mostraba datos sugiriendo un origen orgánico o la necesidad de investigar en esa línea. Megs et al. (1996) encuestaron a 1027 personas elegidas al azar en Carolina del Norte, 336 individuos (el 33%) informaron sensibilidad química. Los síntomas de sensibilidad química que ocurrieron diariamente fueron reportados por 3,9% de la población total. Finalmente, Megs et al. (1996) razonaban que si la prevalencia de la sensibilidad a los irritantes químicos, tal y como corroboraba el estudio, era equivalente a la de la alergia, esto apoyaba el estudio científico de la sensibilidad química.

Un hecho que huele asquerosamente mal es el cómo un problema de salud tan grave y emergente apenas ha recibido atención científica de calidad, buenas fuentes de inversión con las que profundizar en aspectos moleculares y parámetros físico-químicos. Ese es el camino adecuado, los métodos objetivos, con el que identificar los mecanismos fisiológicos que median esta enfermedad y los desencadenantes.

¿La SQM es una patología nueva? No, fue el año 1956 cuando el concepto de SQM fue introducido por primera vez en una revista científica (Randolph 1956). Posteriormente, Cullen Randolph ya lo definió como un problema adquirido, con síntomas que afectaban a varios sistemas de órganos, promoviendo la idea del origen debido a la exposición a una sustancia tóxica y cuyos síntomas eran provocados por dosis muy bajas de ciertas sustancias. Fijaos que la fecha del 1956 es algo posterior a la del inicio creciente y generalizado del uso de derivados del petróleo en la vida cotidiana y su fabricación a gran escala, con el aumento de la exposición a sustancias de esa tipología.

 

Negar y desacreditar

Entre los artículos que abogan por el negacionismo del origen orgánico de la SQM, hay un artículo del listado del Doctor X que incluso duda de la relación entre los síntomas de algunos enfermos y las amalgamas bucales de mercurio (Bornschein et al. 2001). Antes del 2001 era de común conocimiento que el mercurio poseía una capacidad tóxica bestial…pero esos autores dudaban de la relación.

Hay un matiz que los negacionistas olvidan. Es bien conocido que muchas sustancias tienen potencial para desencadenar ciertos síntomas psicológicos y neurocognitivos en caso de intoxicación. Cómo muestra un botón:

¿Quién no ha experimentado lo que ocasiona el alcohol en el momento de la ingesta abusiva y al día siguiente?

Los síntomas psiquiátricos en los pacientes con SQM, que algunos autores se empeñan en resaltar con tanto afecto, son considerados por otros investigadores como signos directos de los efectos tóxicos de las sustancias químicas ambientales (Adamec 1994, Bell 1994, Bell et al. 1997; ninguno de estos trabajos aparece en el listado del Doctor X). De hecho, se conoce comúnmente que las exposiciones a sustancias químicas neurotóxicas como pesticidas, pegamentos, disolventes, etc. inducen sintomatología neurológica y psiquiátrica, y se ha demostrado que la exposición a pesticidas y solventes puede provocar Flujo Sanguíneo Cerebral disminuido (Heuser et al. 1994).

En la literatura técnica se encuentran artículos científicos focalizando la atención en los efectos neuronales y conductuales derivados de la exposición a insecticidas y la relación entre ello y la SQM (Davidoff & Keyl 1996) ¡Vaya! Este artículo tampoco estaba en la lista del Doctor X. Un estudio de SQM (Andersson et al. 2016), realizado por suecos y daneses, concluía que los enfermos de SQM diferían de las personas no enfermas en cuanto a respuestas del sistema nervioso autónomo (respuestas no conscientes ni voluntarias), síntomas y percepción quimiosensorial durante la exposición a sustancias químicas. Ósea, aquello de la sugestión y los problemas psicológicos cómo desencadenantes, pues cómo que no.

Por otro lado, incluso entre el colectivo de psicólogos/psiquiatras se han publicado artículos científicos que plantean un factor orgánico para la SQM (Bell et al. 1995; ¡Este trabajo estaba en la lista del Doctor X!). Otras investigaciones de psicólogos/psiquiatras arrojan unos resultados que contradicen la hipótesis hiperfamosa de la experiencia traumática cómo desencadenante de la SQM. Así, Bailer et al. (2007) compararon 54 personas con IEI (Intolerancia Ambiental Idiopática, una etiqueta eufemística de los negacionistas para la SQM), 44 personas con SFD (Trastornos Somatomorfos, ídem que el anterior) y 54 sin estos problemas. No encontraron evidencia clara de mayores tasas de experiencia traumática en IEI y SF.

Adicionalmente, cabe interiorizar que la frontera entre lo que es un síntoma psiquiátrico y lo que no, acostumbra a ser muy ambigua y no existe ningún marcador fiable, ninguna prueba objetiva indiscutible que sirva en el diagnóstico certero de una depresión, por ejemplo. Un enfermo de SSC con un problema neurocognitivo importante y con una crisis de dolores, de falta de energía, etc., puede ser diagnosticado erróneamente cómo paciente con depresión debido a la similitud superficial entre su estado y el de una depresión. Un buen y experimentado profesional tiene que saber distinguir una cosa de la otra, igual que harían si tienen delante un enfermo de cualquier otra enfermedad crónica que provoque dolor y le deje en un estado similar.

Una persona con cáncer que reciba un duro tratamiento de quimioterapia estará fatal y tendrá problemas neurocognitivos por su estado. 

¿Será etiquetada de depresiva?

Este comportamiento, en cambio, se aplica frecuentemente a los enfermos de SSC. Por este motivo, cuando leo un artículo científico en el que me cuentan que una alta proporción de pacientes con SQM tenían antecedentes de enfermedad mental, directamente lo pongo en tela de juicio. Los enfermos de SSC que conozco no me cuadran con ese patrón: tienen ganas de hacer cosas, pero su dolor, su falta REAL de energía, su estado neurocognitivo y otros muchos síntomas y patologías asociadas, les dejan KO. Sin embargo, siguen peleando.

Otro empeño de los negacionistas que me llama mucho la atención es la fijación por intentar cambiarle el nombre a la SQM. Al leer a esos autores uno percibe el fastidio que les provoca el nombre de SENSIBILIDAD QUÍMICA MÚLTIPLE porqué ellos niegan un origen orgánico de los síntomas basado en la exposición a sustancias artificiales. Es solamente una hipótesis (no está demostrado) pero ellos defienden categóricamente que la SQM está desencadenada por desórdenes mentales, sugestión, etc.; es la hipótesis psicógena. Una de las explicaciones que esgrimen es la quimiofobia: la percepción del olor a químico desencadena una reacción de pánico, de ansiedad en los enfermos de SQM, algo así como simple sugestión.

Voy a hacer de tripas corazón, a imaginar que tengan razón. Aun así, estaríamos delante de un problema de salud ocasionado por unas sustancias químicas artificiales, al margen de si el desencadenante es psicológico o no. Tenga un origen orgánico o psicogénico la SQM, los enfermos sufren una sensibilidad a una gran diversidad de sustancias químicas y de ahí que el término de SQM sería acertado. Pero no les gusta, le tienen manía.

Sea como sea, el listado del Doctor X es casi un compendio de trabajos que te los lees y acabas convencido de que es bueno rodearse de tóxicos. La industria se sentirá comodísima. Con tozudez inusitada, los doctores se empecinan en que los enfermos de SQM tienen que entrar en contacto con las sustancias químicas artificiales…cómo si esto fuera bueno para alguien. Lo llaman terapia cognitivo-conductual.

Ciertos trabajos, informes y recomendaciones se me asemejan a un alegato de defensa de la contaminación masiva de químicos, invitan a que no seamos cautos ¡Y se dedican a la salud humana! Según determinados profesionales de la salud, está mal comer alimentos ecológicos, vivir en una vivienda sin pinturas tóxicas, sin productos cotidianos que contengan derivados del petróleo (detergentes, suavizantes, colonias, ambientadores con carcinógenos o provocadores de problemas respiratorios, etc.).

Está mal intentar vivir sano, no comprar esos productos.

La industria puede estar tranquila.

 

Tengo una inquietud ¿Está descrita en psicología/psiquiatría la adoración, la filia, por los productos químicos artificiales?

Décadas atrás, en los círculos académicos de psicología estadounidenses, corría toda aquella onda de divulgación y experimentación de los supuestos beneficios del ácido lisérgico (p. ej. Timothy Francis Leary).

¿Sigue alguno con esto de los estados alterados de conciencia?

Ahora lo que rompe son las drogas de farmacia.

Gots (1996) aboga para que a los afectados de SQM se les considere enfermos de trastornos psicogénicos (artículo de la lista del Doctor X). Quizá interese saber que Gots es el director del International Center for Toxicology and Medicine (ICTM). El ICTM ya quedó claro que desarrolló un papel importante en el apoyo a la industria del tabaco en lo relativo a los litigios de los demandantes por daños en la salud a principios de los 90s. Otros clientes del ICTM son industrias petroquímicas por ejemplo. El enlace:

https://www.sourcewatch.org/index.php/International_Center_for_Toxicology_%26_Medicine

La desconfianza con según qué resultados es ampliable a otros artículos al averiguar quién está detrás. Por ejemplo, Dalton (1999) encontró, atención, que muchos de los efectos sobre la salud de la exposición a los olores no eran motivados por estos mismos, sino por una subjetivación mental. Es decir, algo así como que no es físico, es imaginado. Evidentemente, el estudio se basó en cuestionarios y es importante saber que Dalton es una psicóloga que llevó a cabo el estudio para Monell Chemical Senses Center. Monell Chemical Senses Center es un centro privado que recibe un gran apoyo económico por parte de la industria (hasta un 22%) y otras ayudas privadas (39%). Aquí lo podéis ver:

https://monell.org/corporate-partners/

https://monell.org/financials/

No me he dedicado a escarbar detrás de cada cita bibliográfica, no pretendo desperdiciar mi tiempo en algo que me resulta de Perogrullo. El que sea tan malpensado cómo yo recordará aquello de la ciencia zombie impulsada por la industrias tabacalera, con el ánimo de salir indemne de las denuncias de la sociedad civil americana. Este tema salió a relucir en la queja de 16 páginas presentada a la Generalitat por FXMV y publicada en Perro Verde el día 17 de junio de 2020 (Hospital Clínic (IV)):

https://perroverdeweb.blogspot.com/2020/06/hospital-clinic-iv.html

La industria tabacalera americana perdió la guerra, en parte, pese a todo su esfuerzo y poder. Pero si la industria tabacalera era un gigante, imaginemos la fuerza que puede desarrollar la industria de la guerra (armamento, equipamiento, etc.) cuando le salen unos forúnculos en el culo cómo lo puedan ser los soldados que regresaron enfermos de la Guerra del Golfo. Ahora añadamos a las petroquímicas, entre las que se incluyen empresas que también se dedican al sector farmacéutico (buscad cómo acabó el caso de las indemnizaciones por glifosato de Bayer; pagaron y no hubo sentencia, ni admitieron el problema). Y después interioricemos que todas las ramas industriales existentes utilizan de forma regular una enorme lista de sustancias derivadas del petróleo. Hablamos de miles y miles de sustancias que nos golpean, cifras de dinero inimaginables y un poder sin control.

En el mundo de la ciencia hubo autores que alertaron de que la ausencia de pruebas y hallazgos consistentes establecidos por la ciencia con el objeto de probar la enfermedad de SQM, podía implicar la suposición de la etiología psicógena y que este camino fuese favorecido por la industria, las aseguradoras y las administraciones públicas (Ziem 1992; Spencer & Schur 2008).

¿Por qué nos extraña que no haya apenas investigación de calidad respecto la SQM en cerca de 70 años?

¿Por qué tenemos que creernos esa larga lista de trabajos científicos publicados por psicólogos y psiquiatras que argumentan un origen psicogénico de la SQM sin tener una base sólida ni demostrar el mecanismo fisiológico desencadenante?

¿A quién le parece extraño que los enfermos de SQM sean tratados vilmente por la medicina y las administraciones públicas?

Algunos trabajos me parecen tan sumamente indecentes que no entiendo cómo una revista científica indexada accedió a publicarlos. Staudenmayer et al. (1993), agarraos bien fuerte a la silla, concluyeron que la prevalencia de abuso infantil físico y sexual fue significativamente mayor (p <0,05) entre la cohorte de mujeres que atribuyeron sus síntomas a enfermedades ambientales o relacionadas con productos químicos. Pues este es otro de los trabajos que el Doctor X añadió en su lista de referencias bibliográficas sobre SQM.

Parte de los síntomas de la neurastenia guardan semejanza con los SSC y lo más intrigante es que los que la diagnosticaban (psiquiatras y psicólogos) se basaban en criterios subjetivos. La neurastenia se catalogaba cómo enfermedad con entidad propia pero ante la falta de evidencias fundamentadas, desapareció del manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM-II)…pero se ha mantenido en el CIE-10 de la OMS.

Más que una enfermedad, la neurastenia es un conjunto de síntomas típicos de algunas enfermedades, cómo los SSC. Si buscáis “neurastenia” en Google, todavía encontraréis páginas de psiquiatría y psicología en las que dan la brasa con que el que tiene estos síntomas puede verse mejorado ingiriendo esos fármacos legales de la farmacia utilizados por psiquiatras y psicólogos. En algunos de los artículos negacionistas de la lista del doctor X se asigna la neurastenia cómo posible diagnóstico a los enfermos de SQM.

Los negacionistas coinciden en darle una identidad psicológica/psiquiátrica a la SQM, ya que para ellos los pacientes cumplen con criterios de diferentes trastornos mentales. Ellos que cargan contra el origen orgánico de la enfermedad atendiendo a que no hay una prueba diagnóstica objetiva validada científicamente, se basan precisamente en un criterio subjetivo no fundamentado en ninguna prueba de parámetros físico-químicos, sino alcanzado mediante cuestionarios o especulaciones, con un alto grado de subjetividad pura y dura. No disponen de prueba objetiva alguna que demuestre un origen psicogénico de la SQM y apuestan sin rubor por esta explicación, y las revistas publican sus elucubraciones en esa dirección.

Al meditar profundamente me asusta una pregunta:

¿Cuántos enfermos con patologías de origen orgánico han sido diagnosticados errónea e injustamente como enfermos psiquiátricos o con trastornos psicológicos por profesionales incompetentes y de bajo perfil ético?

El negacionismo proviene mayormente de psiquiatras, psicólogos y...toxicólogos.

Recordad lo que expliqué en los posts de los disruptores endocrinos sobre la deficiente evaluación toxicológica de las sustancias antes de ser aprobadas para su uso.

Dan por sentado en sus publicaciones que lo conocen todo, porqué las pruebas convencionales a las que someten a los enfermos no arrojan un resultado irrefutable. Realizan la asunción barata y sin base de que conocen todos los mecanismos del sistema inmune y endocrino, todos los mecanismos bioquímicos existentes. Cualquier persona que lea ciencia sabe que se están descubriendo cosas increíbles, inimaginables y novedosas cada año, porqué los medios tecnológicos existentes hoy en día hacen posible un avance sin precedentes…es cuestión de invertir de buenas dosis de dinero y esfuerzo. 

Tenemos individuos del mundo de la ciencia que negaron, niegan y negaran la relación no monotónica entre dosis y efecto de los disruptores hormonales (derivados del petróleo) sobre nuestro organismo, el daño que causan en nuestro sistema hormonal, su asociación a enfermedades emergentes del mundo occidental (Alzheimer, diabetes, enfermedad inflamatoria intestinal, cáncer, etc.). A pesar de tantos y tantos estudios publicados en revistas de alto impacto científico, de tantos y tantos investigadores repartidos por el mundo que están llegando a conclusiones en la misma dirección…lo negaran y renegaran.

¿Avanzará la ciencia cuando los negacionistas sufran en su propio cuerpo los SSC con su máxima crudeza?

Os esperan diversos posts que se ocuparan de discutir el contenido de la lista del Doctor X paso a paso y contrastarlo con otras publicaciones. Hay para rato...

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