Leo artículos científicos desde principios de la
década de los 90s. Sorpresas desagradables había tenido y me equivocaba cuando
creía que estaba curado de espanto. No era así. Hasta finales del 2019 no había
topado con una temática tan vergonzosamente tratada cómo los conocidos en el mundo de la ciencia cómo Síndromes de la Sensibilización
Central (SSC): Fibromialgia (FM), Síndrome de
la Fatiga Crónica/Encefalomielitis miálgica (SFC/EM), Sensibilidad Química Múltiple
(SQM) y Electrohipersensibilidda (EHS).
Ciertamente, leyendo literatura científica sobre otras
ramas del conocimiento científico se intuyen y ven los tentáculos de lobbies
del poder económico y quién los abraza amorosamente. Todo y esto, la costumbre
es guardar ciertas formas y hay más o menos un equilibrio de fuerzas, entre los
que se juegan el físico defendiendo digamos el interés general y los que no.
A guardar las formas me refiero al
estilo en el redactado de un artículo, al diseño del método, a la muestra
utilizada, etc. Primeramente, en ciencia la moderación, la prudencia y el rigor
son esenciales. Esto es así porqué es mayor el tamaño de lo desconocido que lo
que se conoce, y a medida que se avanza en investigación lo que años atrás
parecía cercano a la certeza se acaba viendo que era erróneo, o sólo parcialmente
cierto. La historia de la ciencia está repleta de ejemplos que lo atestiguan.
Por esto mismo, una vez que uno o varios científicos publican un trabajo en el
que han llegado a unas conclusiones estadísticas, el lenguaje que se emplea se
caracteriza por ser conservador y prudente. Es poco elegante y desaconsejable
emitir conclusiones rotundas que en unos años podrían ser el hazmerreír y
acabar con el prestigio de los autores. Por ejemplo, en ciencia es habitual
construir frases de este tipo:
“La
asociación que hemos encontrado en nuestra investigación entre los enfermos y su
ocupación profesional sugiere que el síndrome de
la sensibilidad química múltiple (SQM) podría
estar relacionado con la exposición laboral reiterada a productos derivados del
petróleo”
“La
prevalencia de enfermos de SQM, según nuestro estudio, se asocia a regiones
donde los niveles de contaminación atmosférica son mayores y, en particular, a
las inmediaciones de las industrias petroquímicas. Todo ello sería consistente con un origen orgánico de la
enfermedad.”
Daos cuenta del empleo de verbos en modo
condicional, y los verbos utilizados, etc. Eso es ser un científico prudente y
RIGUROSO,
máxime especialmente en temáticas polémicas en las que existen muchos
interrogantes y se carece de un consenso basado en una colección de evidencias concluyentes en la misma dirección. Pues respecto a
trabajos de investigación de los SSC, lo que he observado frecuentemente
después de revisar más de 100 artículos es justamente lo contrario: sentencias
rotundas sin base científica sólida, especulaciones y hasta juicios de valor
vergonzosos. Justamente, se suelen prodigar en ello los que niegan una base
orgánica de los síndromes y apuntan a un trastorno mental en calidad de desencadenante y/o mediador.
La lista del Doctor
X
En el post del 28 de noviembre (Hospital Clínic
(VI)) colgué la lista de referencias que un doctor del Hospital Clínic
adjuntaba a la respuesta dirigida a la reclamación de FXMV en relación con el
informe diagnóstico de SQM redactado por el mismo doctor. De aquí en adelante me referiré
a la lista con el nombre de lista del Doctor X.
Llega el momento de hablar de esos trabajos
citados en la lista. En total eran 105 referencias, 95 artículos científicos de
45 revistas diferentes. Entre los artículos había algunos que no trataban la
SQM y 6 referencias más que tampoco lo hacían. El resto eran unos pocos libros.
De los 95 artículos científicos, en 76 (el 80%
del total) hay autores que son psicólogos o psiquiatras, y en algunos hasta
están presentes ambos. Es digno de estudio el cómo un profesional de un
Hospital público de referencia (Hospital Clínic) que está destinado a la Unidad de
toxicología, centra su atención casi exclusivamente en literatura de SQM cuyos
autores pertenecen a las especialidades de psicología y psiquiatría. Así no me
extrañan sus recomendaciones, informes de diagnóstico, etc. Imaginemos a un
oncólogo (cáncer) que focaliza su atención en leer artículos de investigación
sobre el cáncer que hacen los psicólogos y psiquiatras …nos causaría estupor,
desconfianza y escalofríos.
En cambio, en cuanto al manejo y abordaje
de la SQM hemos normalizado este comportamiento.
Este es el tipo de cosas que uno
espera que despierten indignación y crítica feroz en las redes sociales. Sin embargo, en nuestra frívola
sociedad andamos obsesionados por el continente y dejamos en el olvido al
contenido.
De los 95 artículos de la lista del Doctor X, solamente 84 (88%) tratan
puramente la SQM y 14 (17%) de ellos se publicaron en revistas de psicología/psiquiatría.
A continuación, os muestro una tabla donde encontraréis un listado de todas las
revistas, el número de artículos por revista y el factor de impacto científico
de cada revista para el 2019 (según Scijournal). El factor de impacto
científico es un indicador que mide la importancia de cada revista, cuanto
mayor es, mayor es su prestigio científico.
A partir de esta tabla he calculado la proporción
de artículos, según diferentes categorías del impacto científico de las
revistas donde fueron publicados (ver tabla siguiente). Se aprecia que 56 (el 67%) de los artículos fueron publicados en revistas con un factor de impacto más
bien bajo (inferior a 5), 26 (el 31%) en revistas de impacto inferior a
3. Un 33% se publicaron en revistas con un impacto entre 5 y 12. Ninguno de
ellos se publicó en revistas que superaran el factor 12.
Cuando la ciencia
hace trampas (una mirada en profundidad sobre esos trabajos)
Leyendo diferentes trabajos encuentras datos
abrumadores que apuntan hacía un origen orgánico de la SQM y otros graves
problemas de salud crónicos que se engloban en los Síndromes de la
Sensibilización Central. Thomas et al. (2006) hicieron un trabajo centrado
en los veteranos de la Guerra del Golfo y encontraron que eran aproximadamente
tres veces y media más propensos que lo veteranos que no fueron a esa guerra a
informar SQM o una enfermedad crónica de síntomas múltiples.
La Guerra del Golfo se caracterizó
por la megaexposición a derivados del petróleo y otras sustancias tóxicas.
Afortunadamente, dentro de la bibliografía que
aportaba el Doctor X algún trabajillo había, casi excepcionalmente, que
mostraba datos sugiriendo un origen orgánico o la necesidad de investigar en
esa línea. Megs et al. (1996) encuestaron a 1027 personas elegidas al azar en Carolina del
Norte, 336 individuos (el 33%) informaron
sensibilidad química. Los síntomas de sensibilidad química que ocurrieron
diariamente fueron reportados por 3,9% de la población total. Finalmente, Megs et
al. (1996) razonaban que si
la prevalencia de la sensibilidad a los irritantes químicos, tal y como
corroboraba el estudio, era equivalente a la de la alergia, esto apoyaba el
estudio científico de la sensibilidad química.
Un hecho que huele asquerosamente mal es el cómo
un problema de salud tan grave y emergente apenas ha recibido atención
científica de calidad, buenas fuentes de inversión con las que profundizar en
aspectos moleculares y parámetros físico-químicos. Ese es el camino adecuado,
los métodos objetivos, con el que identificar los mecanismos fisiológicos que
median esta enfermedad y los desencadenantes.
¿La SQM es una patología nueva? No, fue el año 1956 cuando
el concepto de SQM fue introducido por primera vez en una revista científica (Randolph
1956). Posteriormente, Cullen Randolph ya lo definió como un problema
adquirido, con síntomas que afectaban a varios sistemas de órganos, promoviendo la idea del origen debido a la exposición a una sustancia tóxica y cuyos síntomas eran
provocados por dosis muy bajas de ciertas sustancias. Fijaos que la fecha del
1956 es algo posterior a la del inicio creciente y generalizado del uso de
derivados del petróleo en la vida cotidiana y su fabricación a gran escala, con
el aumento de la exposición a sustancias de esa tipología.
Negar y desacreditar
Entre los artículos que abogan por el negacionismo
del origen orgánico de la SQM, hay un artículo del listado del Doctor X que incluso
duda de la relación entre los síntomas de algunos enfermos y las amalgamas
bucales de mercurio (Bornschein et al. 2001). Antes del 2001 era de
común conocimiento que el mercurio poseía una capacidad tóxica bestial…pero esos autores dudaban de la relación.
Hay un matiz
que los negacionistas olvidan. Es bien conocido que muchas sustancias tienen potencial
para desencadenar ciertos síntomas psicológicos y neurocognitivos en caso de
intoxicación. Cómo muestra un botón:
¿Quién no ha experimentado lo que ocasiona el alcohol en el momento de la
ingesta abusiva y al día siguiente?
Los síntomas
psiquiátricos en los pacientes con SQM, que algunos autores se empeñan en resaltar
con tanto afecto, son considerados por otros investigadores como signos
directos de los efectos tóxicos de las sustancias químicas ambientales (Adamec 1994, Bell 1994, Bell et al. 1997; ninguno de estos trabajos aparece en el listado del Doctor X). De hecho, se conoce
comúnmente que las exposiciones a sustancias químicas neurotóxicas como
pesticidas, pegamentos, disolventes, etc. inducen sintomatología neurológica y
psiquiátrica, y se ha demostrado que la exposición a pesticidas y solventes
puede provocar Flujo Sanguíneo Cerebral disminuido (Heuser et al.
1994).
En la literatura técnica se encuentran artículos científicos focalizando la atención en los efectos neuronales y conductuales
derivados de la exposición a insecticidas y la relación entre ello y la SQM (Davidoff
& Keyl 1996) ¡Vaya! Este artículo tampoco estaba en la lista del Doctor X.
Un estudio de SQM (Andersson et al. 2016), realizado por suecos y
daneses, concluía que los enfermos de SQM diferían de las personas no enfermas
en cuanto a respuestas del sistema nervioso autónomo (respuestas no conscientes
ni voluntarias), síntomas y percepción quimiosensorial durante la exposición a
sustancias químicas. Ósea, aquello de la sugestión y los problemas psicológicos cómo desencadenantes, pues cómo que no.
Por otro lado,
incluso entre el colectivo de psicólogos/psiquiatras se han publicado artículos
científicos que plantean un factor orgánico para la SQM (Bell et al.
1995; ¡Este trabajo estaba en la lista del Doctor X!). Otras
investigaciones de psicólogos/psiquiatras arrojan unos resultados que
contradicen la hipótesis hiperfamosa de la experiencia traumática cómo
desencadenante de la SQM. Así, Bailer et al. (2007) compararon 54
personas con IEI (Intolerancia Ambiental Idiopática, una etiqueta eufemística
de los negacionistas para la SQM), 44 personas con SFD (Trastornos Somatomorfos,
ídem que el anterior) y 54 sin estos problemas. No encontraron evidencia clara de
mayores tasas de experiencia traumática en IEI y SF.
Adicionalmente,
cabe interiorizar que la frontera entre lo que es un síntoma psiquiátrico y lo que
no, acostumbra a ser muy ambigua y no existe ningún marcador fiable, ninguna
prueba objetiva indiscutible que sirva en el diagnóstico certero de una
depresión, por ejemplo. Un enfermo de SSC con un problema neurocognitivo
importante y con una crisis de dolores, de falta de energía, etc., puede ser
diagnosticado erróneamente cómo paciente con depresión debido a la similitud
superficial entre su estado y el de una depresión. Un buen y experimentado profesional tiene
que saber distinguir una cosa de la otra, igual que harían si tienen delante un
enfermo de cualquier otra enfermedad crónica que provoque dolor y le deje en un
estado similar.
Una persona con cáncer que reciba un duro tratamiento de quimioterapia
estará fatal y tendrá problemas neurocognitivos por su estado.
¿Será etiquetada de depresiva?
Este
comportamiento, en cambio, se aplica frecuentemente a los enfermos de SSC. Por
este motivo, cuando leo un artículo científico en el que me cuentan que una
alta proporción de pacientes con SQM tenían antecedentes de enfermedad mental,
directamente lo pongo en tela de juicio. Los enfermos de SSC que conozco no me
cuadran con ese patrón: tienen ganas de hacer cosas, pero su dolor, su falta
REAL de energía, su estado neurocognitivo y otros muchos síntomas y patologías
asociadas, les dejan KO. Sin embargo, siguen peleando.
Otro empeño de los negacionistas que me llama
mucho la atención es la fijación por intentar cambiarle el nombre a la SQM. Al
leer a esos autores uno percibe el fastidio que les provoca el nombre de
SENSIBILIDAD QUÍMICA MÚLTIPLE porqué ellos niegan un origen orgánico de los
síntomas basado en la exposición a sustancias artificiales. Es solamente
una hipótesis (no está demostrado) pero ellos defienden categóricamente que la SQM está desencadenada por desórdenes mentales, sugestión, etc.; es
la hipótesis psicógena. Una de las explicaciones que esgrimen es la
quimiofobia: la percepción del olor a químico desencadena una reacción de pánico, de ansiedad en los enfermos de
SQM, algo así como simple sugestión.
Voy a hacer de tripas corazón, a imaginar que tengan razón. Aun así,
estaríamos delante de un problema de salud ocasionado por unas sustancias
químicas artificiales, al margen de si el desencadenante es psicológico o no. Tenga un origen orgánico o psicogénico la
SQM, los enfermos sufren una sensibilidad a una gran diversidad de sustancias
químicas y de ahí que el término de SQM sería acertado. Pero no les gusta, le tienen manía.
Sea como sea, el listado del Doctor X es casi un compendio de trabajos que te los lees y acabas convencido de que es bueno rodearse de tóxicos. La industria se sentirá comodísima. Con tozudez inusitada, los doctores se empecinan en que los enfermos de SQM tienen que entrar en contacto con las sustancias químicas artificiales…cómo si esto fuera bueno para alguien. Lo llaman terapia cognitivo-conductual.
Ciertos trabajos, informes y recomendaciones se me asemejan a un alegato de defensa de la contaminación
masiva de químicos, invitan a que no seamos cautos ¡Y se dedican a la salud
humana! Según determinados profesionales de la salud, está mal comer alimentos
ecológicos, vivir en una vivienda sin pinturas tóxicas, sin productos
cotidianos que contengan derivados del petróleo (detergentes, suavizantes,
colonias, ambientadores con carcinógenos o provocadores de problemas
respiratorios, etc.).
Está mal intentar vivir sano, no
comprar esos productos.
La industria puede estar tranquila.
Tengo una inquietud ¿Está descrita
en psicología/psiquiatría la adoración, la filia, por los productos químicos
artificiales?
Décadas atrás, en los círculos académicos de
psicología estadounidenses, corría toda aquella onda de divulgación y experimentación
de los supuestos beneficios del ácido lisérgico (p. ej. Timothy Francis Leary).
¿Sigue alguno con esto de los estados alterados de conciencia?
Ahora lo que rompe son las drogas de
farmacia.
Gots (1996) aboga para que a los afectados de SQM se les considere enfermos de trastornos
psicogénicos (artículo de la lista del Doctor X). Quizá interese saber que Gots
es el director del International Center for
Toxicology and Medicine (ICTM). El ICTM ya quedó claro
que desarrolló un papel importante en el apoyo a la industria del tabaco en lo
relativo a los litigios de los demandantes por daños en la salud a principios
de los 90s. Otros clientes del ICTM son industrias petroquímicas por ejemplo.
El enlace:
https://www.sourcewatch.org/index.php/International_Center_for_Toxicology_%26_Medicine
La desconfianza con según qué resultados es ampliable a otros artículos al
averiguar quién está detrás. Por ejemplo, Dalton (1999) encontró, atención, que
muchos de los efectos sobre la salud de la exposición a los olores no eran
motivados por estos mismos, sino por una subjetivación mental. Es decir, algo
así como que no es físico, es imaginado. Evidentemente, el estudio se basó en
cuestionarios y es importante saber que Dalton es una psicóloga que llevó a
cabo el estudio para Monell Chemical Senses Center. Monell Chemical Senses Center es un centro privado
que recibe un gran apoyo económico por parte de la industria (hasta un 22%) y
otras ayudas privadas (39%). Aquí lo podéis ver:
https://monell.org/corporate-partners/
https://monell.org/financials/
No me he dedicado a escarbar detrás de cada cita bibliográfica, no pretendo
desperdiciar mi tiempo en algo que me resulta de Perogrullo. El que sea tan
malpensado cómo yo recordará aquello de la ciencia zombie impulsada por la industrias
tabacalera, con el ánimo de salir indemne de las denuncias de la sociedad
civil americana. Este tema salió a relucir en la queja de 16 páginas presentada
a la Generalitat por FXMV y publicada en Perro Verde el día 17 de junio de 2020
(Hospital Clínic (IV)):
https://perroverdeweb.blogspot.com/2020/06/hospital-clinic-iv.html
La industria tabacalera
americana perdió la guerra, en parte, pese a todo su esfuerzo y poder. Pero si la industria
tabacalera era un gigante, imaginemos la fuerza que puede desarrollar la
industria de la guerra (armamento, equipamiento, etc.) cuando le salen unos
forúnculos en el culo cómo lo puedan ser los soldados que regresaron enfermos
de la Guerra del Golfo. Ahora
añadamos a las petroquímicas, entre las que se incluyen empresas que también se
dedican al sector farmacéutico (buscad cómo acabó el caso de las
indemnizaciones por glifosato de Bayer; pagaron y no hubo sentencia, ni admitieron el problema). Y después interioricemos que todas las ramas industriales existentes utilizan de forma regular una
enorme lista de sustancias derivadas del petróleo. Hablamos de miles y miles de
sustancias que nos golpean, cifras de dinero inimaginables y un poder sin
control.
En el mundo
de la ciencia hubo autores que alertaron de que la ausencia de pruebas y
hallazgos consistentes establecidos por la ciencia con el objeto de probar la
enfermedad de SQM, podía implicar la suposición de la etiología psicógena y que
este camino fuese favorecido por la industria, las aseguradoras y las administraciones
públicas (Ziem 1992; Spencer & Schur 2008).
¿Por qué nos extraña que no haya apenas investigación de calidad respecto
la SQM en cerca de 70 años?
¿Por qué tenemos que creernos esa larga lista de trabajos científicos
publicados por psicólogos y psiquiatras que argumentan un origen psicogénico de
la SQM sin tener una base sólida ni demostrar el mecanismo fisiológico
desencadenante?
¿A quién le parece extraño que los enfermos de SQM sean tratados vilmente
por la medicina y las administraciones públicas?
Algunos trabajos me
parecen tan sumamente indecentes que no entiendo cómo una revista científica
indexada accedió a publicarlos. Staudenmayer et al. (1993), agarraos
bien fuerte a la silla, concluyeron que la prevalencia de abuso infantil físico y sexual fue significativamente
mayor (p <0,05) entre la cohorte de mujeres que atribuyeron sus síntomas a
enfermedades ambientales o relacionadas con productos químicos. Pues este es otro de los trabajos que el Doctor X añadió en su lista de
referencias bibliográficas sobre SQM.
Parte de los síntomas de la neurastenia guardan semejanza con los SSC y lo
más intrigante es que los que la diagnosticaban (psiquiatras y psicólogos) se
basaban en criterios subjetivos. La neurastenia se catalogaba cómo enfermedad
con entidad propia pero ante la falta de evidencias fundamentadas, desapareció
del manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM-II)…pero
se ha mantenido en el CIE-10 de la OMS.
Más que una enfermedad, la neurastenia es un conjunto de síntomas típicos
de algunas enfermedades, cómo los SSC. Si buscáis “neurastenia” en Google,
todavía encontraréis páginas de psiquiatría y psicología en las que dan la brasa
con que el que tiene estos síntomas puede verse mejorado ingiriendo esos
fármacos legales de la farmacia utilizados por psiquiatras y psicólogos. En algunos
de los artículos negacionistas de la lista del doctor X se asigna la
neurastenia cómo posible diagnóstico a los enfermos de SQM.
Los negacionistas coinciden en darle una
identidad psicológica/psiquiátrica a la SQM, ya que para ellos los pacientes cumplen
con criterios de diferentes trastornos mentales. Ellos que cargan contra el
origen orgánico de la enfermedad atendiendo a que no hay una prueba diagnóstica
objetiva validada científicamente, se basan precisamente en un criterio
subjetivo no fundamentado en ninguna prueba de parámetros físico-químicos, sino
alcanzado mediante cuestionarios o especulaciones, con un alto grado de subjetividad
pura y dura. No disponen de prueba objetiva alguna que demuestre un origen
psicogénico de la SQM y apuestan sin rubor por esta explicación, y las revistas publican
sus elucubraciones en esa dirección.
Al meditar profundamente me asusta una pregunta:
¿Cuántos enfermos con patologías de
origen orgánico han sido diagnosticados errónea e injustamente como enfermos
psiquiátricos o con trastornos psicológicos por profesionales incompetentes y
de bajo perfil ético?
El negacionismo proviene mayormente de psiquiatras,
psicólogos y...toxicólogos.
Recordad lo que expliqué en los
posts de los disruptores endocrinos sobre la deficiente evaluación toxicológica
de las sustancias antes de ser aprobadas para su uso.
Dan por sentado en sus publicaciones que lo conocen todo, porqué las
pruebas convencionales a las que someten a los enfermos no arrojan un resultado
irrefutable. Realizan la asunción barata y sin base de que conocen todos los mecanismos del
sistema inmune y endocrino, todos los mecanismos bioquímicos existentes.
Cualquier persona que lea ciencia sabe que se están descubriendo cosas
increíbles, inimaginables y novedosas cada año, porqué los medios tecnológicos
existentes hoy en día hacen posible un avance sin precedentes…es cuestión de invertir de buenas dosis
de dinero y esfuerzo.
Tenemos individuos del mundo de la ciencia que negaron, niegan y negaran la relación no monotónica entre dosis y efecto de los
disruptores hormonales (derivados del petróleo) sobre nuestro organismo, el daño que causan en nuestro
sistema hormonal, su asociación a enfermedades emergentes del mundo occidental
(Alzheimer, diabetes, enfermedad inflamatoria intestinal, cáncer, etc.). A
pesar de tantos y tantos estudios publicados en revistas de alto impacto
científico, de tantos y tantos investigadores repartidos por el mundo que están
llegando a conclusiones en la misma dirección…lo negaran y renegaran.
¿Avanzará la ciencia cuando los negacionistas sufran
en su propio cuerpo los SSC con su máxima crudeza?
Os esperan diversos posts que se ocuparan de discutir el contenido de la lista del Doctor X paso a paso y contrastarlo con otras publicaciones. Hay para rato...
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