lunes, 5 de enero de 2026

¡A POR ELLOS!

 

Arrozales del Delta del Ebro en primavera, mayo de 2005.

 

El último día del 2025 se lo dediqué a Aiguamolls de l’Empordà. Al final de la jornada coincidí con un referente de la ornitología de este espacio natural que criticaba abiertamente la actual falta de ética de aficionados a las aves silvestres y su fotografía.

 

Décadas atrás eran bien pocas las personas que observaban aves y/o las fotografiaban. Las que lo hacían, normalmente, sentían un tremendo respeto por la naturaleza y tenían un componente muy sentido de conservacionismo, eran críticos y hasta bastante implicados en la lucha por la conservación de la biodiversidad. Eso provocaba que una proporción elevada fuesen activistas y en mayor o menor medida, directa o indirectamente, se dedicaran a fomentar la observación y la fotografía de aves puesto que se pensaba que cuantos más fueran, más se podría conservar. La inspiración eran países como Gran Bretaña en los que los aficionados constituían un lobby de millones de personas que movían millones de euros en entidades ambientalistas que lograban cambiar políticas del gobierno y derrotar a los intereses macroeconómicos.

 

En Catalunya, estas aficiones han crecido exponencialmente, pero, paradójicamente, eso no es a la práctica algo beneficioso para las aves. Que uno sea aficionado o fotógrafo a las aves silvestres aquí no indica necesariamente sensibilidad ambiental ni tampoco conocimientos o ganas de adquirirlos. Hoy en día, en Catalunya, lo que abunda es figurar, aparecer en redes sociales y plataformas webs. Y, para eso, ya no es requisito saber. Los aficionados se agrupan en redes sociales y muchos de ellos cuando se publicita un ave que consideran un objetivo válido (tal vez cómo trampolín para su ego) se lanzan a por ella para tirar la foto, con el propósito de subirla a una plataforma y a las redes sociales cómo autor.

 

Con frecuencia, ese autor, guiado por la angustia existencial de lograr unas fotos de lujo se acercará demasiado al ave, penetrando en los límites vitales que el pájaro entiende cómo seguros. En consecuencia, la hará volar una y otra vez, hasta que obtenga las fotografías que él desee en vuelo y posada, lo cual dependiendo de su narcisismo podrá durar unos minutos o hasta horas repartidas en varias visitas a lo largo de diversos días. Alcanzando el número de personas de este tipo la cifra de centenares en Catalunya, podemos imaginar el grave impacto de tales comportamientos en las aves silvestres.

 

La actitud, además, es sumamente naif porqué el que acude hoy en día con prismáticos y telescopio que fácilmente llegan a costar 5000 euros, con frecuencia, no se para a observar las características del ave a una distancia prudencial sin molestar, con el objeto de aprender sobre muda o sobre la identificación de la especie (reclamos, detalles de plumaje, estructura, etc.) o sobre su comportamiento y el uso del hábitat para su conservación o, simplemente, a contemplar con calma su belleza. Simplemente, el objetivo es colocar la cruz en su lista de especies fotografiadas o vistas, y figurar. Para mí este tipo de aficionados no llegan a ser observadores de aves, sino que, a lo sumo, son lo que llamo “miradores” de aves porqué no es lo mismo mirar que observar. Lo segundo es una actividad intelectual que requiere un componente de atención, concentración y respecto por las aves.

 

¿QUÉ PROMOCIONAN LOS GURÚS?

Semanas atrás, hablando con un veterano amigo ornitólogo sobre esta desviación de la afición por las aves silvestres, me manifestaba sus opiniones. Él, bien crítico con este comportamiento, creía que se debía al cambio de la sociedad y yo le daba la razón en parte, pero intentaba hacerle ver que la sociedad no cambia por si sola, sino que se debe a un esfuerzo de adoctrinamiento y este puede ejercerse de diferentes formas.

 

¿Cómo se cambia a la sociedad? Pues es lo mismo que pasa con cualquier otra actividad humana. Lo que vienen promocionando los influencers de gran impacto desde hace décadas es todo aquello que no signifique una amenaza para los macrointereses económicos. Aquellos cuyo mensaje entra en conflicto con los macrointereses económicos se les borra y el poder tiene muchas formas de hacerlo, aunque muevan millones de seguidores.

 

En el pasado, en aquel momento en el que la pasión por la naturaleza pasó a ser peligrosa puesto que el colectivo creció hasta convertirse en un grupúsculo preocupante que paraba o amenazaba los planes depredadores de espacios naturales y de la biodiversidad en general, entonces los cuatro que gobiernan Catalunya (inversores, etc.) tomaron cartas en el asunto. Para cambiar un grupo social hay que dominar el mensaje, con lo que es necesario identificar quiénes son los que lo emiten y desde que plataformas. Eso comprende las asociaciones en las que los integrantes de las juntas con el tiempo han acabado siendo hasta cargos políticos y simpatizantes de partidos políticos con protagonismo principal en el sector. Evidentemente, se trataba de poner en práctica el viejo truco del palo y la zanahoria (hay quién lo llama SEDUCCIÓN), lo que me hace revivir mentalmente la evolución del personaje principal de la Naranja Mecánica y las últimas imágenes de la película en las que el político de turno le da de comer con la cuchara ofreciéndole las llaves del reino a cambio de que no sacuda la alfombra.

 

De esta guisa, se logra tener personas afines en las diferentes posiciones de poder (lógicamente, también en las administraciones públicas) que emiten el mensaje adecuado y se cierra o abre el grifo y el micrófono al profesional que interesa. La sociedad se cambia a través de la televisión, la radio, los periódicos, las redes sociales, los centros de educación y la formación pública y privada, los órganos de gestión pública, etc. Luego existe una herramienta que son los cursos de iniciación y formación de nuevos aficionados. Es una herramienta estratégica puesto que al árbol conviene guiarlo desde pequeño, desde joven, para que crezca cómo a uno le convenga. Se capta y se guía.

 

Se evitan los contenidos conflictivos y se elige y promociona aquel contenido que centre la atención sobre el componente individualista y narcisista inflamado de los ciudadanos contemporáneos. Con el tiempo, se logra que apenas nadie piense en la conservación de la naturaleza, en la ética y en la crítica sobre la gran depredación de los intereses macroeconómicos. Y en esto está todo el mundo, sea una industria petroquímica, un aeropuerto que quiere crecer a costa de una zona húmeda de relevancia internacional, o hasta las marcas de prismáticos y telescopios que promocionan que la gente compita por ver quién observa más aves a lo largo del año o quién introduce más citas en la plataforma de una asociación ornitológica que se pone de espaldas al activismo ambiental combativo y no crea ningún premio para iniciativas de lucha ambiental. Se deben dirigir las energías de los autómatas hacia actividades no preocupantes.

 

La opresión y la represión no tienen por qué ser las de la imagen clásica de una dictadura de las de antes. El ostracismo y el aislamiento social son medios tremendamente efectivos. Por el contrario, elevar a una persona mediocre con el mensaje correcto al pódium, al protagonismo con un letrero de neón y ampliar su cuenta corriente, es la otra cara de la estrategia. Puede que alguno lo entienda cómo una forma refinada de seducción.

 

Los focos alumbran la anécdota, la búsqueda de aves que provienen de Siberia o Norteamérica y se premia a los que las encuentran, discriminando y eclipsando cualquier actividad de defensa activa de la naturaleza. El resultado es que tenemos una legión de personas que buscan y persiguen aves raras mientras las poblaciones de aves comunes se desploman cómo nunca sin que casi nadie luche de forma combativa por conservarlas. Ya incluso el que dice ser conservacionista dedica casi la totalidad de su tiempo a buscar aves raras y apenas nada a fines conservacionistas. Las grandes entidades que dicen ser ecologistas ya no publicitan o dan a conocer la labor de quién ha parado una corta de árboles para salvar la nidificación de una especie en peligro de extinción, u otras gestas comprometidas con la conservación de la naturaleza, pese a que ese nivel de compromiso significa unas represalias duras y duraderas del sistema sobre el activista. Se premia en especial lo naif, el ver o encontrar aves que accidentalmente han llegado a nuestras latitudes de forma individual y eso es la noticia. Hemos llegado a ese nivel de estupidez a través del adoctrinamiento de la sociedad.

 

UNOS EJEMPLOS

A través de un amigo me he enterado de una historia que se repite a lo largo de los últimos días. Me explicaba la peregrinación de personajes en un dormidero de búho chico y búho campestre que se forma en el Delta del Ebro. El dormidero en cuestión lo conozco desde hace años y se localiza en una de las pocas formaciones arbóreas costeras. Las dos especies atraen la atención de aficionados a las aves y su fotografía ya que para encontrarlas y verlas se requiere un buen nivel, experiencia y horas de dedicación. Pero, claro, si alguien comunica la ubicación concreta de un dormidero en el que las aves nocturnas están quietecitas durante el día, entonces todo es fácil. Lo que está aconteciendo era esperable. Hordas de fotógrafos y miradores de aves y también observadores, han acudido y acuden a molestar a las rapaces nocturnas que tienen bien pocos lugares adecuados arbolados en el Delta del Ebro para poder refugiarse durante el día, lo cual pone en peligro su vida, haciéndolas más que vulnerables a los ataques de gaviotas patiamarillas o incluso alguna que otra escopeta.

 

El tema no es nuevo. A lo largo de este siglo, los aficionados de este linaje ético han acabado con varios dormideros de búho chico en Catalunya. Dos de ellos en la Plana de Lleida. En uno de ellos, ubicado en los alrededores del Estany d’Ivars, se produjo tal nivel de acoso que el dormidero desapareció. Otro se situaba en un árbol dentro de un jardín privado. El propietario, harto de ver el séquito de personas que apuntaban con telescopios, prismáticos y cámaras al interior de su jardín, cortó el árbol.

 

Tales hechos se producen cuando un personaje cuelga una fotografía o una cita en un portal web y/o una red social de aficionados y da la ubicación. Casi al momento se inicia el ataque que aumenta exponencialmente al colgar los que acuden a perseguir al ave sus citas y fotografías y producir más efecto llamada.

 

Y, la ley ¿Qué dice? Es una pregunta necesaria. En Catalunya tenemos leyes proteccionistas de la naturaleza. Sin embargo, todos sabemos que se hicieron para quedar bien o a veces uno sospecha que hasta para utilizarlas incluso como instrumento de represión contra un personaje determinado o un grupo en especial. No obstante, vamos a ver, el DECRET 148/1992, de 9 de juny, pel qual es regulen les activitats fotogràfiques, científiques i esportives que poden afectar les espècies de la fauna salvatge considera al búho chico Especie sensible y establece unas sanciones para aquel que ejerza actividades con la especie sin permiso de la Generalitat. El DECRET 172/2022, de 20 de setembre, del Catàleg de fauna salvatge autòctona amenaçada i de mesures de protecció i de conservació de la fauna salvatge autòctona protegida considera a las dos especies de búho protegidas bajo la categoría C.

 

Para avistar o fotografiar estas aves durmiendo en un árbol, hay que acercarse a distancias muy cortas porqué se esconden en la espesura del ramaje. Es decir, llevar a cabo esa actividad a corta distancia conlleva una molestia sobre una especie protegida en un lugar de descanso e invernada, otro hecho penado por la legislación catalana, estatal y europea. Al llevarse a cabo esta “ilegalidad” dentro de un espacio natural protegido a escala internacional, la infracción es aún más grave. En materia de fotografía, lo que el Decreto 148/1992 nos viene a decir es que, para tomar fotografías de ciertas especies, entre ellas el búho chico, se tiene que solicitar un permiso a la Generalitat de Catalunya en el que tendrás que exponer donde, como y cuando quieres obtener esas imágenes. La Generalitat de Catalunya evaluará si proporciona ese permiso y de qué forma, donde y cuando, evidentemente, teniendo en cuenta la conservación de la especie y que no se produzcan un efecto contraproducente en ese sentido.

 

Se cuelgan en internet fotografías de estas especies estos días (aplaudidas por hasta centenares de personajes) tomadas en Catalunya en el Delta del Ebro y muchos nos preguntamos si los autores tienen permiso explícito para ello. Cómo ejemplo os pego este enlace de Birding Catalunya, cuyo influencer es uno de los relevantes a escala catalana:

 

https://x.com/birdcatalunya/status/2000470560115962045

 

¿Todos los que acuden a fotografiar y observar el dormidero tienen permiso? ¿La Generalitat de Catalunya ha dado permiso a decenas de personas para acudir en masa y de forma claramente perturbadora al dormidero? NO Y DUDO QUE LA GENERALITAT HAYA DADO ALGÚN PERMISO PARA FOTOGRAFIAR UN DORMIDERO DE BÚHO CHICO ALGUNA VEZ. Sin embargo, ciertos personajes que trabajan para la Generalitat de Catalunya en puestos que tienen que ver directamente con la gestión y conservación de especies protegidas y sus hábitats, saben lo que acontece puesto que están en las redes sociales u otras personas se lo comunican. Por lo tanto, cabría esperar una acción por parte de los agentes rurales. Es más, también el Servicio de Protección de la Naturaleza (SEPRONA) de la Guardia Civil campa por el Delta del Ebro, un cuerpo que igualmente tiene potestad para intervenir y sancionar.

 

Cómo decía antes, controlar el mensaje es fundamental cuando se trata de cambiar a la sociedad. En el Delta del Ebro se celebra anualmente el principal acontecimiento sobre ornitología en Catalunya y es uno de los más importantes a escala estatal. Es el DELTA BIRDING FESTIVAL (DBO), un evento ornitológico organizado con colaboración público-privada por parte de, entre otros, SEO/BirdLife, el Institut Català d’Ornitologia y las marcas de óptica: Swarovski, Zeiss, Leica, Sigma, Sony, Nikon y Optichron, etc. La noticia que apareció este año en El País sobre el DBO daba protagonismo a la intervención del Secretario de Transición Ecológica de la Generalitat de Catalunya, Jordi Sargatal, ornitólogo veterano y cargo político a su vez que apoya la ampliación del aeropuerto del Prat del Llobregat, proyecto que choca de frente con el movimiento de defensa del Delta del Llobregat. La casualidad quiso que esta vez en el encabezamiento de la noticia se mencionara al búho chico en primer lugar. Al leer el texto, resulta que el periodista se hizo eco de la búsqueda de 4 jóvenes aficionados del búho chico con linternas, situando geográficamente la ubicación en la que estos días se están produciendo las molestias al dormidero. Es decir, el periódico acaba promocionando una actividad que entra en conflicto con la conservación del búho chico en el Delta Ebro en el marco de una noticia que pretende promocionar un evento ornitológico. Por si queréis leer la noticia íntegra, os dejo con el enlace:

 

Jacinto Antón. 21/09/25. El búho chico, la melena de Sargatal y el trino de la cantante pajarera de Tennessee. El País.

https://elpais.com/espana/catalunya/2025-09-21/el-buho-chico-la-melena-de-sargatal-y-el-trino-de-la-cantante-pajarera-de-tennessee.html

 

Lo que antes suscitaba escándalo y crítica entre los naturalistas y ornitólogos, hoy en día es aplaudido. Otros naturalistas, cuando hemos intervenido en una noticia de este tipo hemos corregido el texto de los periodistas porqué por desconocimiento acaban habiendo errores o contenidos que éticamente no deben salir por no causar un mal a las aves, o intentando colar alguna parte de ética respecto a cómo se debe comportar la gente en espacios naturales. La falta de responsabilidad por parte de los pesos importantes del mundillo naturalista es un problema. Evidentemente, todos podemos tener un descuido, pero es que hay demasiados para pensar bien.

 

Desgraciadamente para las aves y, por suerte, para estas corrientes ideológicas emergentes que nacieron en los 90s al amparo de las entidades ambientalistas y que alcanzaron su esplendor a lo largo del siglo XXI, nadie se va a rasgar las vestiduras, no habrá reacción y el problema irá a más ¿Qué futuro les aguarda a las aves si aquellos que debieran defenderlas se dedican a acosarlas?