viernes, 28 de noviembre de 2025

LA CRUELDAD

 

Isla de Ouessant (Francia). Octubre de 2001. En otoño, cientos de miles de aves migratorias encuentran esta isla a lo largo de su camino y perdidas o desesperadas aterrizan en este pedacito de tierra. Cómo en sus mejores sueños, entre ellas, cada año los observadores de aves encuentran especies americanas y siberianas. Es por eso que en tales días cientos de observadores de toda Europa viajan hasta allí para buscarlas y se desplazan en bicicleta por toda la isla, prospectando cada rincón de campos, mar, piedras, ciénagas...es la euforia y la locura.

CRUEL, según el Diccionario de la Lengua Española de la RAE, es aquel que se deleita haciendo sufrir o se complace en los padecimientos ajenos. El antónimo de crueldad es humanidad, por lo que una persona cruel será a su vez inhumana. La crueldad y la psicopatía se parecen algo. Esta última se caracteriza por la falta de empatía y por la carencia de sensibilidad a la hora de tener en cuenta el sufrimiento que por unos actos y/o palabras se causa en terceros.

En nuestra sociedad descarnada y alienada, la crueldad y la psicopatía ganan terreno y se imponen sobre lo humano. Una de las formas de averiguar hasta qué punto es así surge cuando contraes una grave enfermedad incapacitante que te hace dependiente de otras personas. La gente muta. La mayoría desaparece. Te queda una minoría que con el paso del tiempo se va reduciendo hasta una expresión ridícula de dos o tres personas. El proceso que hay por en medio no es lento, sino tan rápido que el golpe es aún más duro. La enfermedad te lo quita todo.

 

En este proceso de metamorfosis los individuos de tú círculo, al revés que, en la naturaleza, pasan de ser un ejemplar adulto a una larva y dicha transformación acaba alcanzando de similar forma a las más íntimas, que empiezan a considerarte un problema, una cosa que oportuna, de escaso valor. Con frecuencia en nuestro país de mierda se da el caso de que tú enfermedad es despreciada por el sistema público (por el sistema sanitario público, la seguridad social, etc.) y entonces te ves arruinado económicamente, dependiente de los recursos de otros. Llegados a ese punto, la situación va cogiendo otro color más oscuro, porqué es cuando brota de la nada un Gollum desde el interior de quién tiene que acompañarte y te ofrece la negación, el reproche, el insulto a la dignidad, el echarte en cara que eres un mantenido y que no aportas nada. Ese es el fondo de la psique de las personas de hoy en día, de su escala de valores: el dinero.

 

El querido o querida se torna en un animal desconocido. No es de repente. Tal cual una canción de rock progresivo, van habiendo primero unas notas que se salen tímida y escuetamente de la estructura musical para luego ir sonando más hasta que, sin darte apenas cuenta, estás escuchando otra melodía y ritmo, pero al contrario que el rock progresivo, se vuelve insoportable. Llega el punto en que es recurrente y el enfermo tiene que lidiar con su penosa existencia y a su vez soportar una crueldad por parte de su pilar fundamental. Le hacen sentir culpable por estar enfermo. No hay lógica alguna, solo crueldad, porqué el otro puede. Y…¿Por qué puede? Porqué el enfermo no tiene recursos y el otro sí. Él tiene el poder.

 

La relación ya no es de tú a tú; es una imposición; es marcar jerarquía constantemente y se lleva a cabo de muchas maneras diferentes. El que debe ayudar más sale ayudado y reforzado porqué siendo pobre de fuerzas le beneficia intentar subyugar a quién sea para ganar autoestima y también cómo válvula de escape. Cómo válvula de escape para aguantar los ataques que protagonizan gentes de su círculo social y laboral en su día a día y antes los cuales se siente impotente, tal vez debido a una carencia de habilidad, inteligencia y/o valor suficiente con las que repelerlos.

 

Es tremendamente fácil dañar a una persona enferma de Sensibilidad Química Múltiple (SQM). Basta con despreciar su enfermedad y dejar de tomar las precauciones básicas, adoptar una desidia dañina y provocar al enfermo mediante ella. Basta con dejar de tener cuidado y aportar tóxicos al interior de la casa de la enferma o enfermo. Cómo el amor y el respeto mutaron al desprecio y el ninguneo, todo nace ya de forma natural. De ahí se pasa a la acción en diversos frentes y se sube el nivel de agresión hasta una línea final y definitiva.

 

Para un enfermo de SQM que su pareja empiece a fumar de escondidas es un punto final. Es un maltrato sibilino y maquiavélico que conlleva un golpe físico y otro psicológico, por qué no sabrá el por qué se está encontrando tan mal últimamente, le costará descubrirlo y una vez que lo haga conllevará que se abra la tierra a sus pies.

 

Casi un centenar de sustancias tóxicas que le dañan la salud se adhieren a la ropa o cualquier objeto (el móvil, p. ej.) y al pelo de su pareja y, de ahí, van al coche y a casa. Si lo de fumar ha sido algo puntual y excepcional debido a un colapso y no vuelve a pasar, tiene remedio. Sin embargo, si el enfermo vuelve a descubrirlo una y otra vez aún habiendo dado múltiples oportunidades y ayuda, y hasta habiendo intervenido el sistema sanitario público para solucionar el tabaquismo sin resultado, poco más se puede hacer. Además, algunas veces, dado el nivel de aceptación social del tabaquismo, quién maltrata a través del daño a la salud del otro, es animado por la propia familia paterna u otros allegados (amigos, compañeros de trabajo, etc., etc.). Ya si resulta que el padre de su pareja está muriéndose de EPOC, enfermedad que también tiene su descendiente, es preferible enviarlos a todos a tomar por culo y quedarse sólo.

 

Las mujeres enfermas de SQM normalmente se quedan solas, son agredidas socialmente por todos los medios imaginables y no existen. Muchas, al negarles cualquier prestación por enfermedad nuestra ilustrísima (in-) seguridad social, mantienen una dependencia total y absoluta del marido. Al marido dejan de servirle, son un objeto que siempre está estropeado que acaban por abandonar, pasando previamente por todas las fases que he resumido durante el post. Pero, cuidado, que el casi inexistente relato público que hay está demasiado escorado en la discriminación positiva. No son únicamente las mujeres, también malviven hombres enfermos de SQM en la misma situación. El colectivo entero de enfermos se encuentra afectado por los mismos problemas y las mismas agresiones sociales, al margen del género. Se trata de un colectivo que la sociedad invisibiliza, aparta y ataca, negándoles cualquier dignidad y condición humana. Se les niegan los recursos y los derechos, se les aísla socialmente lo cual es matar su humanidad, su alma. El enfermo acaba siendo presa fácil para todos. Es acoso y derribo hasta convertir su vida en un infierno y además se hace con cinismo.

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