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sábado, 29 de mayo de 2021

Viñedos ecológicos y aves


Un papamoscas cerrojillo (Ficedula hypoleuca), un ave insectívora pequeña pero espartana, descansa en unas viñas de Gallecs antes de continuar con su maratoniana migración. Fotografía de Sergi Canet.

 

Recientemente, la revista Journal of Applied Ecology ha publicado un articulo que profundiza en el efecto de la gestión ecológica de los viñedos y de la riqueza del paisaje sobre las aves:


Barbaro L, Assandri G, Brambilla M, Castagneirol B, Froidevaux J, Giffard B, Pithon J, Puig-Montserrat X, Torre I, Calatayud F, Gaüzere P, Guenser J, Macià-Valverde F. X., Mary S, Raison L, Sirami C, Rusch A (2021) Organic management and landscape heterogeneity combine to sustain multifunctional bird communities in European vineyards. J Appl Ecol.

https://besjournals.onlinelibrary.wiley.com/doi/10.1111/1365-2664.13885

 

 

El estudio, coordinado por el INRAE francés (Instituto Nacional para la Investigación de la Agricultura, la Alimentación y el Medio Ambiente) ha contado con la participación de investigadores de Francia, Italia y Catalunya, tres de ellos adscritos al Museo de Ciencias Naturales de Granollers. Podéis acceder a la nota de prensa original del Museo siguiendo este enlace:

 

http://www.museugranollersciencies.org/ca/blog/un-estudi-dut-a-terme-a-334-vinyes-de-franca-italia-i-catalunya-demostra-que-lagricultura-ecologica-i-la-conservacio-del-paisatge-son-claus-per-afavorir-lavifauna-a-les-vinyes/

 

 

Las aves de los paisajes agroganaderos de Europa desaparecen

Las aves asociadas a los paisajes agroganaderos son las que más declive, y con diferencia, han sufrido en Europa a lo largo de las últimas décadas, debido a la intensificación de la producción (simplificación del paisaje agroganadero y utilización de los productos químicos artificiales).

 

Paradójicamente, las aves forman parte de lo que se denomina fauna auxiliar ya que contribuyen a reducir las poblaciones de invertebrados perjudiciales para los cultivos, entre otros muchos servicios ecosistémicos beneficiosos para la especie humana, como lo son también todos aquellos relacionados con el disfrute de la naturaleza (p. ej. sus cantos). Es más, el paisaje que observamos es modelado en buena parte por las aves, atendiendo a que son las principales dispersoras de semillas de plantas, arbustos y árboles, convirtiéndose así en jardineras indispensables del planeta. Piensa en ello cuando recojas una mora u otro fruto silvestre o, simplemente, cuando contemples cualquier tipo de paisaje.

 

Debido a todo ello, en Europa ha ido creciendo una imprescindible, aunque minoritaria, corriente de gestión ecológica de los cultivos (sin uso de plaguicidas o fertilizantes sintéticos) que también abarca a los viñedos y que incluso promueve la conservación de la riqueza del paisaje (lindes arbustivas, arbolados, etc.) y el respeto durante la nidificación de las aves (no eliminar vegetación, no cortar, etc.) con el fin de no provocar fracasos reproductores (mortalidad de pollos y destrucción de huevos).

 

Los resultados de la investigación

El artículo del Journal of Applied Ecology se basó en censar aves a lo largo de 334 viñas (el 30% ecológicas) repartidas por Francia, Italia y Catalunya. Se identificaron 11.500 contactos de aves de 131 especies durante los censos. Una parte importante correspondían a especies con tendencias recesivas, con problemas fuertes de conservación, estando algunas de ellas muy amenazadas (p. ej. El sisón Tetrax tetrax y la tórtola europea Streptopelia turtur).

 

Una vez analizados los resultados del estudio, los investigadores vieron que la gestión ecológica de las viñas favorecía a la diversidad de aves insectívoras y a la de la comunidad de aves al completo. Otros factores que sumaban en este sentido fueron el recubrimiento herbáceo dentro de las propias viñas y la complejidad del paisaje alrededor de ellas. Además, las aves insectívoras y las que emiten un canto especialmente atractivo para nosotros (p. ej. la oropéndola Oriolus oriolus y el ruiseñor común Luscinia megarhynchos, etc.) quedó claro que se beneficiaban de la presencia del hábitat forestal.

 

Es decir, la clave está en procurar que el paisaje sea rico y diverso (con abundante disponibilidad de arbustos, márgenes arbolados, vegetación herbácea, bosques con un buen nivel de sotobosque, etc.) y gestionar las viñas de forma ecológica. Pero ojo, que llevar a cabo una gestión ecológica de los cultivos (sin plaguicidas ni fertilizantes químicos) no comportaría un gran avance en el caso de que se eliminen todos aquellos elementos naturales que conforman la riqueza del paisaje, su heterogeneidad. Con frecuencia, en nuestro país, debido a una pobre cultura de la tierra, los agricultores que se pasan a la gestión ecológica siguen con la costumbre de erradicar márgenes arbustivos, márgenes herbáceos, árboles y todo aquello que no sea estrictamente su cultivo, y encima lo hacen en período reproductor de las aves. La práctica agraria en este caso se debiera llamar agricultura orgánica pero NUNCA ecológica, y esa fórmula de gestión es un CRASO ERROR.

 

La peor opción, por supuesto, y por desgracia la más utilizada sería esquilmar el paisaje a base de eliminar la mayoría de los elementos naturales alrededor de las viñas y encima aplicar fertilizantes y plaguicidas químicos. Esta suma de despropósitos produciría un empobrecimiento drástico de la comunidad de aves con todo lo que significa (pérdida del patrimonio natural, pérdida de servicios ecosistémicos, etc.). Deberíamos reflexionar profundamente teniendo en cuenta que las aves son bioindicadoras y si a ellas les afecta un tipo de gestión radicalmente equivocada, a nosotros también. No somos dioses.

 

La aplicación del conocimiento

Lo importante de este tipo de estudios es que buscan una aplicación práctica en el mundo de la gestión; pretenden cambiar las cosas, mejorarlas. Son un argumento de primera al que cabe acogerse con la finalidad de forzar un CAMBIO (con palabras mayúsculas) en las políticas agrarias que se fomentan desde la administración pública, directa o indirectamente. No nos olvidemos que el sector primario se nutre de forma importante con el dinero de nuestros impuestos mediante las subvenciones. Solamente en el sector agrícola se ha estimado que se destinará el 40% del presupuesto total de la Unión Europea para el período 2021-2027. La agricultura y la ganadería es una realidad que existen gracias al dinero público, ni más ni menos.

 

Consecuentemente, por interés público, por el interés común, se tendría que apoyar por encima de todo la gestión ecológica y sostenible de los cultivos. No obstante, todos sabemos que el apoyo mayoritario de la Unión Europea acaba de forma desmesurada en los bolsillos de los productores de la agricultura y la ganadería industrial, y en última instancia, como no, en los de las multinacionales dedicadas a producir y suministrarles plaguicidas y fertilizantes sintéticos, sin tener apenas en cuenta las conclusiones y resultados de infinidad de estudios publicados durante las últimas décadas. Ya no me refiero solamente a los que hacen referencia a la biodiversidad, sino también a los que tratan aspectos de la salud humana.

 

En este sentido, dentro de la Unión Europea, nuestro país, fiel a su línea de cuanto peor, mejor, es de los que más apuesta por la agroganaderia intensiva y el consumo de plaguicidas y fertilizantes químicos. 


domingo, 4 de abril de 2021

Adiós a Josep Ribas Falomir

 


Por Francesc Xavier “Xesco” Macià

El día 12 de marzo de 2021 las aves del Vallès se quedaron huérfanas. Falleció Josep Ribas Falomir, por COVID.

 

No era futbolista, torero, o cantante de Operación Triunfo, ni ningún subproducto con el que entretener a las masas. Era ornitólogo honrado de los que gastan las botas en el campo, lejos de los ambientes almidonados del esnobismo, a leguas de los despachos y los salones.

 

Consagró su vida a la corología de las aves de la comarca del Vallès Oriental y Occidental, cubriendo también una porción del Maresme y de Osona. La corología busca conocer la distribución de las especies y el por qué de la distribución.

 

Comenzó su labor cuando apenas se conocía nada en su zona de estudio y no existían medios, picó piedra casi desde cero. Abrió el camino buscando respuestas, estudiando las poblaciones de aves, las abundancias y sus cambios, y nos regaló su saber. Su existencia transcurría censando aves. Una hora antes de que amaneciese empezaba el censo de nocturnas y después seguía con el censo de aves diurnas que duraba alrededor de unas 5 horas más. Por la tarde digitalizaba los datos. Tal disciplina férrea marcó su día a día a lo largo de décadas, centrado en una misma zona de estudio enorme muestreada en detalle, minuciosamente, una auténtica rara avis entre los ornitólogos.

 

El conocimiento que obtuvo sobre las abundancias de todas las especies presentes estaba grabado en su cerebro de tal forma que podía darte cifras de cualesquiera de los cuadrados UTM de 1 x 1 km en los que había dividido su ámbito de estudio. Alcanzó la sabiduría.

 

Su primer libro (Els Ocells del Vallès Oriental) lo publicó el año 2000. Los cuatro locos que mirábamos aves en aquellos entonces en su zona de estudio lo convertimos en una obra básica de consulta. Ante cualquier duda, cualquier inquietud, acudíamos a su libro y absorbíamos lo que él había plasmado. Hoy en día, sigo haciendo lo mismo y es, con diferencia, el libro más gastado de mí biblioteca. Es de esos libros entrañables que se nota están hechos con amor. Sus textos son sencillos, concisos, precisos, con rigor y un léxico a su vez que ralla lo poético, introduciendo palabras innovadoras en una obra sobre aves. Un equilibrio y un estilo que en un libro de ornitología que versa sobre la distribución, la abundancia y la evolución de las poblaciones aves era y es extraño de ver en el siglo XXI.

 

Sin Josep nos quedaremos sin conocer a fondo que tal le ha ido a esta o a la otra especie en el Vallés durante los próximos años, un agujero inquietante del conocimiento que nos recordará que una sola persona es capaz de marcar la diferencia. Este sería el sentido frío de la pérdida en el mundo ornitológico.

 

En el plano personal, a los que lo conocimos, nos queda acostumbrarnos a no poder disponer de su conversación, las largas charlas que giraban entorno a anécdotas, experiencias, observaciones, conocimientos y curiosidades sobre estos seres alados y nuestras correrías de chalados por el campo. Compartir la alegría de una nueva observación de un reproductor escaso o raro en la comarca, o la frustración, tristeza e impotencia por un nuevo atentado contra la naturaleza, son cosas que no se pueden hacer con cualquiera ¿Quién nos iba a comprender en profundidad más que él?

 

Personalmente, significó mucho en la última década. La gran mayoría de ornitólogos y naturalistas catalanes me habían girado la espalda, coincidiendo con mí etapa más intensa de activismo por la conservación de la naturaleza vallesana. La falsa moral de siempre; te expones en público, pones la cara por algo colectivo y te encuentras con el premio del ostracismo más completo. Fue entonces cuando él más me apoyó y creyó en mí. En el 2019-2020, cuando enfermé gravemente, estuvo ahí. Vino a verme y continuó el contacto conmigo. Me sobran dedos de una mano para contar los naturalistas u ornitólogos que hicieron eso. Su calidad humana sobresalía.

 

Estos últimos días recordaba cómo lo conocí; fue cuando estaba preparando su primer libro. Cómo hizo con otros naturalistas y ornitólogos, pidió datos de interés con los que poder complementar su vasta información. La vida es extraña; nuestra última conversación se produjo a raíz de su próximo libro sobre el Vallés en el que estaba trabajando. Me pidió colaboración, igual que a tantas otras personas. Desgraciadamente, este último capítulo de la historia se ha quedado incompleto. No podremos ver nunca más un libro verdaderamente suyo.

 

En un momento tan tierno, lamentablemente, suceden comportamientos fuera de lugar que forman parte ya de la normalidad en nuestra sociedad alienada. Esta vez se me giró el estómago, no lo esperaba. La actitud de sacar partido, autopromocionarse en el escenario mediático aprovechando cualquier oportunidad es grotescamente vomitiva. Pero incluso, en los peores momentos, la miseria de estar en el escaparate en el momento más inadecuado, el afán de protagonismo inmediato, en definitiva, la esencia del fastfood llevada a cualquier expresión y circunstancia de la vida, borran por completo el sentido de la decencia, el pudor y la sensibilidad. Unos cuantos conocemos a quién va dirigida mí crítica y otros lo acabarán descifrando a poco que piensen. Es de imaginar que esta crítica las generaciones más jóvenes no alcancen tal vez a comprenderla porqué tienen otra escala de valores, la de los hechos consumados y el plantar primero la bandera al precio que sea.

 

Desde el principio, Josep Ribas enriqueció sus publicaciones con la aportación complementaria de multitud de colaboradores, una generosidad y humildad que es la base de la ciencia bien hecha porqué lo que en realidad debe mover a una persona de ciencia es conocer. Quizá la noche y los focos confundan a unos pocos que no conciben la vida así.

 

¿Quién sabe si se podrán trabajar los datos inéditos de Josep en el futuro? A pesar de ello, sin el profundo conocimiento sobre el terreno de Josep, sin experiencia suficiente en la aplicación de su particular metodología, la interpretación estará cercana a la imprecisión y el error. Sería el peor legado a su memoria. De cualquier modo, se fue demasiado pronto, es una gran lástima que nos dejara tan temprano. Es lo que debiera importar ahora y nada más.

 

Otra espina punzante, la estocada final en una pérdida, es no poderse despedir. Es de los aspectos más malditos del COVID y descubres la dimensión de ello cuando una persona especial en tú vida desaparece, de repente. Sin embargo, el consuelo que nos abraza al recordar a Josep Ribas es saber que fue de esas pocas personas con la suerte de ejercer su tan sentida vocación a diario, alimentarse de la observación de aves durante casi toda su vida. Su vida estuvo repleta de intensidad y emociones, la de los colores de las plumas, los cantos y los paisajes de la geografía que tanto amó.


domingo, 12 de abril de 2020

Los disruptores hormonales (III)


La diabetes, la resistencia a la insulina y la obesidad

La diabetes (tipo 1 y 2) y la obesidad serán la mayor causa de muerte en el año 2030 (Mathers & Loncar 2006).
Es innegable la tendencia de los individuos en el mundo occidental a pesar más que hace dos o tres décadas atrás, aunque la actividad física y la ingesta calórica sean iguales (Brown et al. 2016). Efectivamente, el auge moderno de la obesidad no es explicable solamente teniendo en cuenta la ingesta de calorías (la dieta) y el sedentarismo (la falta de actividad física), y es bien conocida su relación con una serie de sustancias químicas que pueden provocarlo (Papalou et al. 2019).
No quisiera que sirviera de excusa para inflarnos de churros, bollería industrial, carnes y grasas, servir de estructura para que las arañas tejan sus telas en el sofá…y después echarle toda la culpa de las lorzas, el colesterol y el azúcar a las sustancias químicas.
¿Ok?
Hay que comer equilibrado y sano, pero eso también incluye minimizar la presencia de los disruptores en la comida y la bebida.
El incremento de la obesidad y la enfermedad metabólica está correlacionada y se solapa con la generación de disruptores hormonales y la extensión de su uso (Baillie-Hamilton 2002; Neel & Sargis 2011). Los disruptores hormonales se asocian con el aumento del riesgo de padecer diabetes y obesidad y aquí os pongo dos de los culpables para los que se han publicado más evidencias científicas en este sentido.
  •      Bisfenol A (Aeplakorn et al. 2015; Ahmadkhaniha et al. 2014; Alonso-Magdalena et al.      2006; Batista et al. 2012; Sabanyagam et al. 2013; Shankar & Teppala 2011; Stahlhut et al. 2009; Sun et al. 2014).
  •     Ftalatos (James-Todd et al. 2012 y 2016; Lind et al. 2012; Kim et al. 2013; Smerieri et al. 2015; Sun et al. 2014; Stahlhut et al. 2007).

Aparte del bisfenol A y los ftalatos, hay otros disruptores hormonales capaces de hacernos engordar mediante su efecto en el organismo. A todas estas sustancias químicas se les llama obesógenos; por poneros otros ejemplos: DDT, PFAS/PFOA (perfluoralquilos; sartenes), TBT (tributilo de estaño; se utiliza en barcos y barquitos), etc.
En total, se conocen unos 20 químicos ambientales capaces de actuar como obesógenos (Papalou et al. 2019). Pensad en las combinaciones, la amplia utilización (estamos rodeados) y en que la lista sigue creciendo…el progreso nunca para.
Los mecanismos, el como pueden lograr provocarnos problemas de salud, es motivo de profundo y complejo estudio. La bioquímica no es para nada fácil y menos cuando no se puede experimentar, lógicamente, de forma "oficial" y "alegremente" en humanos. 
Ahora es cuando toca hablar de la homeostasis energética. La homeostasis energética es un mecanismo de nuestro cuerpo que mantiene un equilibrio entre la ingesta de alimentos (materia prima para fabricar la energía) y el gasto de energía…durante las Navidades este equilibrio no funciona nada bien, sin que haya relación demostrada con los disruptores.
Para que funcione bien la homeostasis energética diferentes jugadores deben actuar coordinadamente: el hígado, el páncreas, el tejido adiposo, el cerebro, el intestino y la glándula tiroidea.
Si el defensa le pasa la pelota al portero mientras este bosteza, quizá le marque un gol en propia puerta.
Los deportes de equipo requieren una sintonía, una coordinación.
De forma que tenemos varios jugadores donde los disruptores podrían actuar y provocar una enfermedad metabólica relacionada con la homeostasis energética. Papalou et al. (2019) llevaron a cabo un trabajo de revisión y síntesis de los mecanismos a través de los que esto sería factible teniendo en cuenta los diferentes “jugadores”, y para quien quiera saber más, es de descarga gratuita. Descrito por la ciencia, está.
La exposición a ciertos obesógenos durante las fases sensibles del desarrollo (p. ej. del embrión) podría dar lugar a la obesidad en niños y adolescentes (pág. 306-307 en Olea 2019). No es que esos químicos alteren la estructura del ADN y produzcan una mutación que de lugar a una obesidad en el futuro, sino que pueden variar la expresión del ADN en cuanto al desarrollo de las células grasas en las siguientes generaciones.
Son lo que se denominan cambios epigenéticos, cambios en la expresión de los genes.
¿Cuántas veces oímos hablar de que si la abuela, el padre, el tio tuvieron el mismo problema de salud?
Algunas veces la culpa de una patología podría atribuirse a los genes pero otras puede que el mismo disruptor que actúo sobre la abuela haya pasado de su generación a las dos siguientes (hijo/a y nieta/o), altere la expresión de los genes y cause el problema de salud (epigenética).
La epigenética saldrá de lleno en próximos capítulos y entenderéis mejor todo este meollo.
Los mecanismos bioquímicos mediante los que los disruptores ejercen un efecto negativo sobre el sistema inmunitario y a su vez este provoca un problema metabólico, se han ilustrado en muchos trabajos. Para tener una idea global de ello, existe un trabajo de revisión extenso y recomendable, si tenéis paciencia y tiempo disponible que destinar a su lectura (Bansal et al. 2018, tenéis la referencia completa en el apartado de Bibliografía).
Y…¿Qué tiene que ver todo esto con la diabetes, la resistencia a la insulina o la obesidad?
La exposición a los disruptores y su relación con el estrés oxidativo y la inflamación son otro de los aspectos señalados por los investigadores. No son pocos los estudios que ponen de relieve que la exposición a los disruptores dañan la función mitocondrial en los tejidos metabólicos, como el hígado (Khan et al. 2016) y el páncreas (Jiang et al. 2014), hecho que se asocia con un incremento del estrés oxidativo (Cao & Kaufman 2014). A su vez, el estrés oxidativo puede degenerar en problemas metabólicos como la resistencia a la insulina, la diabetes y la obesidad debido a la activación de vías inflamatorias (Bansal et al. 2018).
El balance entre la anti-inflamación y la pro-inflamación es un proceso de nuestro cuerpo en el que intervienen las citoquinas (unas proteínas), y está relacionado todo ello con la homeostasis y el sistema inmunológico. Si este balance no funciona correctamente puede inducir un problema en nuestro metabolismo. La pro-inflamación es conocida que desencadena resistencia a la insulina e intolerancia a la glucosa (Bansal et al. 2018).
Existe una relación supercompleja a nivel bioquímico y celular continuamente en nuestro interior para que absolutamente todo funcione bien, y fruto de esto cualquier pequeño fallo crónico en el funcionamiento del sistema inmune, por ejemplo, comporta unas graves consecuencias. En la diabetes del tipo 1 las células T (del sistema inmunitario) protagonizan un ataque sobre las células β, las células de nuestro páncreas encargadas de segregar la insulina.
¿Recordáis aquello del juego en equipo?
En su importante publicación de revisión y síntesis, Bansal et al. (2018) remarcan que los experimentos en animales señalan que la exposición a disruptores hormonales, a lo largo de etapas cruciales del desarrollo del embarazo y la lactancia, podría repercutir negativamente en el desarrollo del sistema inmune de las crías y acabar desembocando en efectos sobre la salud a largo plazo. Adicionalmente, parte importante de los artículos que reseñan Bansal et al. (2018) en esta línea describen un desequilibrio entre las respuestas inmunes proinflamatorias y anti-inflamatorias, derivando en efectos negativos varios.
Y si esto ocurre en estudios con roedores
¿A los humanos no nos pasa nada?
Para los escépticos, cabe señalar que en estudios realizados en laboratorio en los que se exponían células humanas a Bifenilos policlorados (PCBs) y a Bisfenol A (BPA) también quedaba clara una repercusión en cuanto a la proinflamación y una relación sobre la sensibilidad a la insulina (Ariemma et al. 2016; Kadowaki et al. 2006; Valentino et al. 2013; Wang et al. 2010). Bansal et al. (2018) acaban concluyendo que la suma de evidencias científicas de estudios con células humanas in vitro indica que la exposición a disruptores se asocia al deterioro del metabolismo, la sensibilidad a la insulina y la secreción de insulina….habiendo una potencial relación con el balance de las citoquinas anti y proinflamatorias.
Yo, como gorrión común macho ¿Soy inmune a los PCBs y todas esas sustancias que lleváis utilizando durante décadas?
Pues parece que los machos de gorrión sufren una alteración a nivel estético...uno de los efectos relacionado con el sistema hormonal. A las hembras les puede afectar la homeostasis relacionada con las hormonas esteroideas (Nosse et al. 2016).
Aunque si queréis profundizar sobre efectos en aves y vertebrados en general, esta vez de los plaguicidas pertenecientes al selecto grupo de los neonicotinoides, conocidos por sus virtudes de disrupción hormonal en la fauna (abejas, entre otros)...es interesante echar un ojo a un muy potente trabajo (Gibbons et al. 2015). 
Luego escuchas en medios de información por parte de ciertas asociaciones y científicos que no se conocen las causas concretas de la desaparición de los gorriones y otras aves asociadas a ambientes agroganaderos...que hay que investigar más (insert coin) y blablabla.
Después de esta breve desconexión, sigo con el tema principal. En ratones se han llevado bastantes estudios en cuanto a las repercusiones del BPA focalizando la atención en efectos relacionados con la insulina, la glucosa, etc. Para los abogados del diablo que salgan con aquello de “pero son ratones, en humanos quizá no sea así”…en americanos adultos se encontró correlación entre la cantidad de BPA en orina y el exceso de glucosa en sangre (hiperinsulinemia) y la resistencia a la insulina, especialmente en hombres (Beydoun et al. 2014).
El arsénico, contaminante típico del agua de boca “en nuestros tiempos”, puede deteriorar la secreción de insulina (Papalou et al. 2019) y estudios epidemiológicos, que son los que buscan factores asociados a los problemas de salud (lo prioritario, que no se hace cuanto se debe), encontraron un vínculo entre el arsénico y la diabetes, pero subrayando la secreción de la insulina como el problema de trasfondo más que la resistencia a la insulina (Rhee et al. 2013).
Una vez una nutricionista me dijo que el arsénico era un contaminante que se encontraba en la tierra y los alimentos de forma natural, que era mejor lavar bien los alimentos, y muy particularmente el arroz una vez cocido. Su consejo me gustó, lo que me fastidió es que no aceptara mi réplica fundamentada en relación a que los niveles altos de contaminación por arsénico no son naturales por norma general, sino propiciados por la especie humana.
¿Os suenan los plaguicidas arsenicales por ejemplo?
El uranio lo podemos encontrar de forma natural en la Tierra y eso no quiere decir que el accidente nuclear de Chernóbil fuese natural.
Ateroesclerosis cardiovascular
La ateroesclerosis cardiovascular y los problemas derivados (de corazón, trombos, enfermedad renal, ictus, etc.) son hoy en día la principal causa de mortalidad y enfermedad en el mundo entero (Roth et al. 2015).
Respecto la intervención de los disruptores hormonales en estos problemas de salud, la ciencia ha descrito que los niveles de PCBs (Policlorobifenilos) están asociados con las placas ateroescleróticas en la vejez (Lind et al. 2012).
También el Bisfenol A (BPA) se ha demostrado que está asociado a la aterosclerosis (Lind & Lind 2011; Melzer et al. 2012; Shankar et al. 2012) al igual que los ftalatos. Estas asociaciones son independientes de los factores de riesgo que sí que nos mencionan la tele y los médicos (el peso, la presión sanguínea, la actividad física, etc.)…claro, son los factores “amables” que los poderosos si aceptan que se divulguen porqué, al fin y al cabo…
la culpa de todo ¿Quién la tiene?
El ciudadano (comemos mucho, no hacemos ejercicio, fumamos, bebemos, no dormimos suficiente, etc.)
El resto, toda la mierda que permiten que se cuele en nuestro organismo, no importa.
No os perdáis la próxima entrada, dedicada a los disruptores hormonales y las enfermedades inflamatorias del intestino.
Bibliografía
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